Discurso presidente Faceef.doc
Discurso del señor Antonio Aliaga, presidente de la FACEEF
Señor Ministro,
Señor embajador,
Señor Cónsul,
Señora Consejera,
Señoras y Señores presidentes de las asociaciones,
Estimadas amigas y amigos:
En nombre de las 95 asociaciones y centros de emigrantes españoles adheridos a nuestra federación, quiero agradecer esta medalla de Honor de la Emigración que se entrega hoy a la FACEEF.
Junto a la FAEEF recibe también la medalla la CAPFERF. Pero echamos de menos a otra de las federaciones, Generación España. Las tres somos verdaderas federaciones desde el punto de vista jurídico, legal y ético, puesto que respetamos los preceptos de independencia política, sindical o confesional que impone la Ley de asociaciones y así como los del artículo 105 de nuestra Constitución.
Vemos en este acto simbólico un paso pequeño, e importante a la vez, en el necesario camino que hay que recorrer para que las asociaciones de emigrantes españoles sean reconocidas como lo que son realmente : elementos fundamentales que contribuyen, como tantas otras fuerzas asociativas de nuestro país, a cimentar y estructurar la sociedad civil española, y por lo tanto a construir y consolidar la democracia, a la par que a facilitar la participación de los ciudadanos y las ciudadanas en los asuntos públicos.
Y que se nos comprenda cuando decimos un paso pequeño, que no se vea en absoluto en estas palabras el menor signo de ingratitud o aspereza.
“la emigración de los años sesenta, así como la de las décadas anteriores, tuvo efectos beneficiosos… para el crecimiento económico de España, ya que la entrada de divisas enviadas por los emigrantes permitió sufragar parte del déficit comercial y equilibrar la balanza de pagos, facilitando las importaciones de bienes de equipo destinados a la modernización de las empresas. Esta situación contribuyó en, gran medida a la expansión industrial de España en los años sesenta y setenta”
Esto, no lo dice solamente la FACEEF, esto es lo que dicen las Cortes Generales de nuestro país en la exposición de motivos de la Ley del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior aprobada en diciembre de 2006.
Nuestros parlamentarios añaden, además, que :
“la realidad de la emigración y del exilio exige también poner de relieve las consecuencias negativas para los trabajadores emigrantes, los exiliados y sus familias derivadas del desarraigo social y cultural de España, consecuencia política del régimen franquista surgido de la Guerra Civil, de las dificultades de inserción social y laboral en el país de acogida y de los problemas que habían que abordar en su proyecto de retornar a España y, en algunos casos, de la represión política sufrida en el país de acogida”.
Sus Señorías prosiguen, reconociendo expresamente que :
“Junto a las actuaciones desarrolladas desde el ámbito público, ha de destacarse el importante papel desempeñado por los centros y asociaciones de emigrantes, en ocasiones corrector de la carencia pública. El movimiento asociativo creado por los españoles en los países de acogida, con el objetivo fundamental de la asistencia y socorro mutuo, constituye hoy en día un instrumento vertebrado de las comunidades de españoles en el exterior, imprescindible para canalizar y materializar las actuaciones de apoyo y atención desarrolladas por las distintas administraciones públicas a favor de los españoles en el exterior y de los retornados”
Nuestros diputados y senadores, aprobaron pues una Ley de 31 artículos y una serie de disposiciones adicionales y finales, cuya primera disposición reza:
“La presente Ley establece el marco jurídico y los instrumentos básicos para garantizar a la ciudadanía española en el exterior el ejercicio de los derechos y deberes constitucionales, en términos de igualdad con los españoles residentes en el territorio nacional, así como reforzar los vínculos sociales, culturales, económicos y lingüísticos con España y con sus respectivas nacionalidades y comunidades de origen”.
Así pues, 28 años después de proclamada la Constitución española, el Parlamento de nuestro país reconoce lo que las asociaciones veníamos denunciando desde siempre, un trato diferenciado y discriminatorio hacia los emigrantes que ningún gobierno de la democracia había sido capaz de corregir.
Y cabe preguntarnos ahora, dos años después, ¿se han corregido ya las situaciones a las que alude la Ley de la Ciudadanía Española en el Exterior?
La respuesta señor es NO.
Y en ciertos aspectos nos parece incluso que ciertas decisiones, y ciertas disposiciones, siguen creando situaciones de agravio comparativo.
El acto de hoy, es un acto de homenaje a la trayectoria de lucha y participación ciudadana de las asociaciones y de sus estructuras federativas y confederales.
Así lo entendemos y lo valoramos, pero como no es frecuente que se nos dé la posibilidad de dirigirnos al Ministro de Trabajo y de Inmigración, del que dependemos en tanto que trabajadores emigrantes en el exterior que somos, se nos permitirá que recordemos todo esto y también que le hagamos parte de aquellas necesidades concretas a las que es preciso y urgente dar respuesta.
Somos conscientes que algunas de las cuestiones que le vamos a plantear no son competencia directa de su propio ministerio, pero consideramos que Usted, Señor Ministro, puede ser un perfecto portavoz ante el propio gobierno si lo considera conveniente y oportuno.
Señor Ministro, desde que se ha aprobado la Ley de la Ciudadanía española en el Exterior, sigue pendiente:
• La aplicación a los emigrantes de la legislación y reglamentación española y europea en materia de pensiones de jubilación.
• El desarrollo de una verdadera política de atención a los problemas derivados del envejecimiento
• La regulación de la nacionalidad para los descendientes de todos españoles en el exterior, y no solo los que salieron del país entre 1936 y 1955.
• El desarrollo de una política educativa coherente y voluntarista para los descendientes de los emigrantes, que rompa con la practicada hasta hoy.
• Una regulación de los órganos de participación ciudadana, tales como los Consejos de Residentes y el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, análoga a la que se aplica en España para los órganos consultivos de misma índole.
Y, por supuesto, una política de incentivación y promoción del asociacionismo que responda a las exigencias de la Ley, y no la que estamos sufriendo estos dos últimos ejercicios, en los que el numero de asociaciones subvencionadas en Francia ha disminuido de más del 30%, como consecuencia de una normativa inadaptada, mil veces evidenciada.
Estamos seguros de que usted, Señor Ministro, comprenderá que si hoy, en un acto como este, nos vemos necesitados de recurrir a su autoridad, es porque hay urgencia en que se den soluciones a todas estas problemáticas, como a tantas otras que sería demasiado largo referir.
Pero no quisiera terminar esta intervención, sin decir lo orgulloso que me siento de recibir este homenaje.
Homenaje que va dirigido a una organización, la FACEEF, pero que va dirigido sobre todo a los miles de mujeres y hombres que a lo largo de estos últimos 50 años en toda la amplitud del territorio francés, han sido capaces de forjar un instrumento de ciudadanía, de convivencia, de solidaridad y de lucha tan hermoso, y eficaz a la vez, como son las asociaciones y centros de emigrantes españoles.
España debe mucho a los emigrantes, pero España debe tal vez aún más a esos miles de hombres y mujeres que sacrificando su tiempo libre, y a menudo sus carreras profesionales, sus ahorros y hasta sus propias familias, han sido capaces de crear, animar y dar vida al vasto y rico entramado asociativo del que nuestro país puede enorgullecerse.
Hoy deben sentirse reconocidos y homenajeados todas ellas y todos ellos. Los que están aquí en este acto, como los que no han podido acompañarnos, por razones de distancia de disponibilidad o, simplemente, porque ya han fallecido. Gracias a todas ellas y a todos ellos.
Gracias a Usted también, señor Ministro, por este gesto simbólico que nos anima a continuar nuestro proyecto: contribuir a mejorar la situación de los españoles emigrantes en Francia y la de sus familias.
Gracias.
Señor Ministro,
Señor embajador,
Señor Cónsul,
Señora Consejera,
Señoras y Señores presidentes de las asociaciones,
Estimadas amigas y amigos:
En nombre de las 95 asociaciones y centros de emigrantes españoles adheridos a nuestra federación, quiero agradecer esta medalla de Honor de la Emigración que se entrega hoy a la FACEEF.
Junto a la FAEEF recibe también la medalla la CAPFERF. Pero echamos de menos a otra de las federaciones, Generación España. Las tres somos verdaderas federaciones desde el punto de vista jurídico, legal y ético, puesto que respetamos los preceptos de independencia política, sindical o confesional que impone la Ley de asociaciones y así como los del artículo 105 de nuestra Constitución.
Vemos en este acto simbólico un paso pequeño, e importante a la vez, en el necesario camino que hay que recorrer para que las asociaciones de emigrantes españoles sean reconocidas como lo que son realmente : elementos fundamentales que contribuyen, como tantas otras fuerzas asociativas de nuestro país, a cimentar y estructurar la sociedad civil española, y por lo tanto a construir y consolidar la democracia, a la par que a facilitar la participación de los ciudadanos y las ciudadanas en los asuntos públicos.
Y que se nos comprenda cuando decimos un paso pequeño, que no se vea en absoluto en estas palabras el menor signo de ingratitud o aspereza.
“la emigración de los años sesenta, así como la de las décadas anteriores, tuvo efectos beneficiosos… para el crecimiento económico de España, ya que la entrada de divisas enviadas por los emigrantes permitió sufragar parte del déficit comercial y equilibrar la balanza de pagos, facilitando las importaciones de bienes de equipo destinados a la modernización de las empresas. Esta situación contribuyó en, gran medida a la expansión industrial de España en los años sesenta y setenta”
Esto, no lo dice solamente la FACEEF, esto es lo que dicen las Cortes Generales de nuestro país en la exposición de motivos de la Ley del Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior aprobada en diciembre de 2006.
Nuestros parlamentarios añaden, además, que :
“la realidad de la emigración y del exilio exige también poner de relieve las consecuencias negativas para los trabajadores emigrantes, los exiliados y sus familias derivadas del desarraigo social y cultural de España, consecuencia política del régimen franquista surgido de la Guerra Civil, de las dificultades de inserción social y laboral en el país de acogida y de los problemas que habían que abordar en su proyecto de retornar a España y, en algunos casos, de la represión política sufrida en el país de acogida”.
Sus Señorías prosiguen, reconociendo expresamente que :
“Junto a las actuaciones desarrolladas desde el ámbito público, ha de destacarse el importante papel desempeñado por los centros y asociaciones de emigrantes, en ocasiones corrector de la carencia pública. El movimiento asociativo creado por los españoles en los países de acogida, con el objetivo fundamental de la asistencia y socorro mutuo, constituye hoy en día un instrumento vertebrado de las comunidades de españoles en el exterior, imprescindible para canalizar y materializar las actuaciones de apoyo y atención desarrolladas por las distintas administraciones públicas a favor de los españoles en el exterior y de los retornados”
Nuestros diputados y senadores, aprobaron pues una Ley de 31 artículos y una serie de disposiciones adicionales y finales, cuya primera disposición reza:
“La presente Ley establece el marco jurídico y los instrumentos básicos para garantizar a la ciudadanía española en el exterior el ejercicio de los derechos y deberes constitucionales, en términos de igualdad con los españoles residentes en el territorio nacional, así como reforzar los vínculos sociales, culturales, económicos y lingüísticos con España y con sus respectivas nacionalidades y comunidades de origen”.
Así pues, 28 años después de proclamada la Constitución española, el Parlamento de nuestro país reconoce lo que las asociaciones veníamos denunciando desde siempre, un trato diferenciado y discriminatorio hacia los emigrantes que ningún gobierno de la democracia había sido capaz de corregir.
Y cabe preguntarnos ahora, dos años después, ¿se han corregido ya las situaciones a las que alude la Ley de la Ciudadanía Española en el Exterior?
La respuesta señor es NO.
Y en ciertos aspectos nos parece incluso que ciertas decisiones, y ciertas disposiciones, siguen creando situaciones de agravio comparativo.
El acto de hoy, es un acto de homenaje a la trayectoria de lucha y participación ciudadana de las asociaciones y de sus estructuras federativas y confederales.
Así lo entendemos y lo valoramos, pero como no es frecuente que se nos dé la posibilidad de dirigirnos al Ministro de Trabajo y de Inmigración, del que dependemos en tanto que trabajadores emigrantes en el exterior que somos, se nos permitirá que recordemos todo esto y también que le hagamos parte de aquellas necesidades concretas a las que es preciso y urgente dar respuesta.
Somos conscientes que algunas de las cuestiones que le vamos a plantear no son competencia directa de su propio ministerio, pero consideramos que Usted, Señor Ministro, puede ser un perfecto portavoz ante el propio gobierno si lo considera conveniente y oportuno.
Señor Ministro, desde que se ha aprobado la Ley de la Ciudadanía española en el Exterior, sigue pendiente:
• La aplicación a los emigrantes de la legislación y reglamentación española y europea en materia de pensiones de jubilación.
• El desarrollo de una verdadera política de atención a los problemas derivados del envejecimiento
• La regulación de la nacionalidad para los descendientes de todos españoles en el exterior, y no solo los que salieron del país entre 1936 y 1955.
• El desarrollo de una política educativa coherente y voluntarista para los descendientes de los emigrantes, que rompa con la practicada hasta hoy.
• Una regulación de los órganos de participación ciudadana, tales como los Consejos de Residentes y el Consejo General de la Ciudadanía Española en el Exterior, análoga a la que se aplica en España para los órganos consultivos de misma índole.
Y, por supuesto, una política de incentivación y promoción del asociacionismo que responda a las exigencias de la Ley, y no la que estamos sufriendo estos dos últimos ejercicios, en los que el numero de asociaciones subvencionadas en Francia ha disminuido de más del 30%, como consecuencia de una normativa inadaptada, mil veces evidenciada.
Estamos seguros de que usted, Señor Ministro, comprenderá que si hoy, en un acto como este, nos vemos necesitados de recurrir a su autoridad, es porque hay urgencia en que se den soluciones a todas estas problemáticas, como a tantas otras que sería demasiado largo referir.
Pero no quisiera terminar esta intervención, sin decir lo orgulloso que me siento de recibir este homenaje.
Homenaje que va dirigido a una organización, la FACEEF, pero que va dirigido sobre todo a los miles de mujeres y hombres que a lo largo de estos últimos 50 años en toda la amplitud del territorio francés, han sido capaces de forjar un instrumento de ciudadanía, de convivencia, de solidaridad y de lucha tan hermoso, y eficaz a la vez, como son las asociaciones y centros de emigrantes españoles.
España debe mucho a los emigrantes, pero España debe tal vez aún más a esos miles de hombres y mujeres que sacrificando su tiempo libre, y a menudo sus carreras profesionales, sus ahorros y hasta sus propias familias, han sido capaces de crear, animar y dar vida al vasto y rico entramado asociativo del que nuestro país puede enorgullecerse.
Hoy deben sentirse reconocidos y homenajeados todas ellas y todos ellos. Los que están aquí en este acto, como los que no han podido acompañarnos, por razones de distancia de disponibilidad o, simplemente, porque ya han fallecido. Gracias a todas ellas y a todos ellos.
Gracias a Usted también, señor Ministro, por este gesto simbólico que nos anima a continuar nuestro proyecto: contribuir a mejorar la situación de los españoles emigrantes en Francia y la de sus familias.
Gracias.