EL EXPRESIDENTE DE LA CERVECERA REPARTIÓ 200 MILLONES ENTRE FAMILIARES, SEGÚN LA PRENSA LOCAL

Cerezales brinda con Coronita

| 27 de octubre de 2016, 14:48
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Antonino Fernández fue condecorado con la Gran Cruz de Isabel la Católica por el rey Juan Carlos I.

Muchos han sido los españoles que han hecho fortuna en la emigración; muchos los que han contribuido con su dinero a ayudar a sus familiares en el territorio, a levantar colegios o reparar infraestructuras en sus municipios de origen. Antonino Fernández, quien ocupó durante décadas la presidencia del Grupo Molde –fabricante de la cerveza Coronita– fue uno de tantos. Natural de Cerezales del Condado (León), fallecido el pasado agosto en México, y aunque el destino de su herencia es hoy una incógnita, hay quien atestigua que revertirá en sus familiares en la provincia. Lo que sí es seguro es que su nombre y sus buenas obras quedarán para siempre grabadas en la mente de los vecinos del municipio leonés que le vio nacer hace casi un siglo.

 

Pasó la mayor parte de su vida en México, pero nunca olvidó sus raíces leonesas, hasta tal punto que su pueblo natal, Cerezales del Condado, que registra menos de una treintena de vecinos en invierno, cuenta desde 2008 con un centro cultural y de arte contemporáneo y con una Fundación para desarrollar actividades lúdicas y educativas, por iniciativa de Antonino Fernández. Es por eso que este nombre suena con fuerza en toda la provincia de León. De origen humilde, emigró a México pasada la treintena, y llegó a convertirse en presidente del grupo cervecero Modelo fabricante de la famosa Corona –en España conocida durante un tiempo como Coronita por un problema de derechos con el nombre– con el que atesoró una más que considerable fortuna.

Cerezales, municipio situado a poco más de 30 minutos en coche de la capital leonesa, se benefició de ello y en la actualidad puede presumir de tener una red de tuberías nuevas, un cementerio arreglado, así como su carretera y una plaza urbanizada, con la iglesia y la ermita restauradas, y todo gracias al espíritu altruista de Antonino Fernández.

Su fallecimiento, el pasado mes de agosto, a la edad de 98 años, deparó una nueva sorpresa a los vecinos del lugar, ya que, según desvela ‘El Diario de León’, el empresario, casado pero sin hijos, habría dejado en herencia a sus familiares en la provincia una suma de dinero que se eleva a 200 millones de euros.

El silencio se impone entre sus allegados, sobrados en número, ya que, si bien Antonino no tenía hijos, formaba parte de una familia numerosa compuesta por 13 hermanos, cuyos descendientes bien podrían beneficiarse ahora de la labor empresarial desempeñada por este hombre durante más de tres décadas.

Fue en 1949, a la edad de 32 años, cuando este policía municipal de León se trasladó a México con su esposa, Cinia González Díez, para probar fortuna en la empresa Modelo, que cofundara Pablo Díez, tío de ésta, allá por 1922. A los 10 meses de llegar, y ante su asombro, Díez le propuso ocupar el cargo de administrador general.

“Yo no tenía estudios; a los 14 años salí de la escuela”, llegó a comentar en una entrevista concedida al portal del Sol Medina.

En 1971, don Pablo –como llamaba a su tío político– le conminó a hacerse con la dirección general y la presidencia del consejo de administración de la cervecera y, pese a su escaso bagaje empresarial, fue capaz de convertir la empresa en una de las líderes mundiales del sector, con presencia en 170 países.

Su desarrollo como empresario le permitió acometer otros proyectos, como la fundación de la firma Cebadas y Maltas, involucrada en el proceso productivo de la compañía; la Nueva Fábrica Nacional de Vidrio y la Compañía Cervecera del Trópico, donde se produjeron las marcas León y Montejo.

Su aportación fue fundamental para comenzar la proyección internacional del grupo con la exportación, en 1985, de bebidas a Japón, Nueva Zelanda, Australia y a diversos países europeos.

El grupo Modelo fue vendido en 2013 a la multinacional belga-brasileña InBev Anheuser-Busch por 15.430 millones de euros. Propietario de Budweiser y Stella Artois, el grupo busca con este movimiento reforzar su presencia en Latinoamérica, donde se generan los mayores ingresos de la compañía. No en vano, México es el cuarto mayor mercado consumidor de cerveza.

Sin embargo, la filosofía de la empresa ya nunca será la misma a juzgar por los criterios empresariales del gigante cervecero que ha comprado el Grupo Modelo.

El espíritu solidario de Antonino Fernández tal vez no sea imitado, pero sus buenas obras quedarán grabadas en la mente de sus vecinos de León y también de México, donde el empresario puso en marcha proyectos altruistas como el que está pendiente de concluir en Cerezales del Condado: la ampliación de la Fundación Cerezales Antonino y Cinia, que bautizó así en honor a su esposa, fallecida en 2009 y con la que compartió setenta años de su vida. En el proyecto trabajan los arquitectos Alejandro Zaera Polo y Maider Llaguno y se prevé que esté finalizado en primavera.

Exposiciones con obras de Serra y Chillida y actividades diversas de carácter cultural tienen cabida en este foro, que preside su sobrina María Rosa Juárez y que atrajo a este sencillo pueblo a más de 10.000 personas. Conciertos de jazz en la plaza en verano y de música clásica en las iglesias de la comarca, completan el repertorio de actividades desarrolladas al amparo de esta Fundación, a las que hay que añadir talleres para niños y conferencias.

 

Caballero de la Gran Cruz de La Orden de Isabel la Católica

La gestión empresarial y la labor humanitaria de Antonino Fernández fue reconocida por las instituciones en diversas ocasiones a lo largo de su vida. Tanto es así, que el rey Juan Carlos I lo nombró Caballero de la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica y el Ayuntamiento de León le concedió en 2005 la Medalla de Oro de la ciudad.

Numerosas fueron sus actuaciones en favor de los menos favorecido, tal vez porque a los 14 años vio truncado su deseo de seguir estudiando. Nacido en el seno de una familia humilde y en un contexto poco esperanzador allá por 1917, las necesidades familiares le obligaron a trabajar en el campo y, contra su voluntad, a dejar los estudios.

Esta circunstancia le animó, una vez en situación ventajosa, a reabrir las antiguas escuelas del pueblo, que cerraron en los años cincuenta, para que se pudieran impartir las enseñanzas que él apenas pudo disfrutar.

Pero su solidaridad con los más débiles no paró ahí. Su empatía con los discapacitados le llevó también a establecer una empresa en León que da trabajo a jóvenes con estas limitaciones.

Antonino Fernández se instaló en México, pero su corazón y su alma se quedaron en Cerezales, a donde volvía con humildad. De hecho, y pese a su alto nivel económico, nunca levantó una mansión en su pueblo. Su casa familiar es la misma que ocupó durante sus años de infancia y adolescencia, aunque ahora sí, la antigua calle Real lleva su nombre en reconocimiento a la contribución de una persona que los vecinos reconocen como excelente y que no se daba importancia.

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