Opinión

Objeto, hasta para abortar

Objeto, hasta para abortar

No se tome la molestia de seguir leyendo, amigo, si piensa que voy a entrar en el debate sobre la reforma de la ley del aborto en España empleando argumentos sobre “salvar una criatura humana que ya existe” por dos motivos: porque la ciencia ya ha zanjado el asunto y porque, aunque existiera esa ‘vida’, no es creíble la compasión cuando la esgrimen aquellos que son implacables con el sufrimiento y la desigualdad de millones de seres humanos reales, con huesos y conciencia de su dolor, su hambre y su muerte. La decisión del gobierno de Rajoy de encabezar esta reforma no es ni siquiera una cruzada fanática de origen religioso: no hay tanto ultracatólico involucionista como para rentabilizar electoralmente la acción. Estos neoliberales que hablan de adelgazar el Estado y maximizar las libertades individuales y empresariales son los mismos que intervienen desde el Gobierno para nacionalizar la moral íntima de las personas. Pero no es esta la razón que les mueve. Es terrorífico ver cómo, una vez más, se asienta la dominación de lo masculino sobre lo femenino, y la mujer es considerada objeto hasta para abortar, sometida al sujeto masculino que decide y legisla por ella. Y tampoco es el machismo el motivo principal –aunque es el caldo de cultivo necesario– de la iniciativa del Gobierno español. Es una cuestión mucho más primaria, es una cuestión de chulería elemental. Sucede cuando el poder, en fase de delirio, observa y comprende que no tiene oposición, que puede hacer lo que quiera sin freno alguno y con el apoyo de millones de votantes, aunque se destroce la vida de miles de mujeres y sus entornos afectivos.

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Objeto, hasta para abortar