Opinión

Camus: no conformarse, no rendirse

Camus: no conformarse, no rendirse

Cómo se retratan –como las personas– los pueblos por sus hechos y no por sus frases. Francia ha digerido y ha asimilado a inmigrantes ilustres que se hicieron eternos como nacionales. De fenómenos de la ‘chanson’ como Jacques Brel o Moustaki no hace falta hablar. Hablamos de eternos de verdad, y a la vez universales, como en literatura y pensamiento lo es Albert Camus, de cuyo nacimiento en Argelia se cumplen estos días cien años. A los carcas –que critican todo lo joven y aseguran que la sabiduría no llega hasta que se tienen nietos– hay que recordarles que al autor de ‘La peste’ le dieron el Nobel a los 44 años. El tiempo que la soberbia Francia –con todos los excesos coloniales y errores históricos que se quieran– dedicó a aprender y premiar a músicos, escritores, científicos o filósofos, en España lo hemos dedicado a lo efímero de tapar huecos deportivos de las selecciones nacionales importando extranjeros al peso, llegando al esperpento en balonmano donde se opera en el mercado mundial como un club privado. Para los que hemos seguido, con toda la modestia del mundo, la obra del antifranquista Camus, hoy lo encontramos en plena vigencia e incluso necesidad: no conformarse, no rendirse. El mismo autor que convirtió a los nazis en ratas fue el que supo, como muy pocos, construir un puente entre la izquierda más solidaria (la igualdad de oportunidades) y el individualismo humanista.

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Camus: no conformarse, no rendirse