Opinión

El tango ‘Mi noche triste’ de Pascual Contursi

Isaac Otero | 14 de septiembre de 2015

¡He ahí los versos de un tango-canción auténtico! Con su pisada familiar, entre el hervidero de la porteña calle Corrientes, pleno de amistades en la atmósfera teatral y en el propio de la cálida madrugada festiva, se hallaba el bardo Pascual Contursi. Nacido en 1888, Contursi, quien habría de fallecer en 1932, se abría paso como un coplero que descendía al ras del clima tanguero, a fin de captar la pobreza y el lujo mediante estrofas y compases de aquel discepoliano “pensamiento triste que se baila”: el tango de rompe y rasga. “Es el hombre que hizo subir el tango de los pies a la boca”, dijo gráficamente de Pascual Contursi el memorable Enrique Santos Discépolo.

“Contursi escuchó un día la música de un tango que acababa de aparecer. Se titulaba Lita. Su autor era el pianista Samuel Castriota, quien viera la luz en 1885 para expirar en 1932, a quien no conocía personalmente. El tango, de melodía seductora, estaba compuesto a la manera de entonces: primera y segunda partes y ‘trío’. El ritmo de la tres divisiones musicales se prestaba singularmente para el canto”, escribe el inolvidable poeta y ensayista Francisco García Jiménez en su imprescindible obra Así nacieron los tangos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

“Percanta que me amurastes/ en lo mejor de mi vida,/ dejándome el alma herida/ y espina en el corazón”, le fueron brotando a Contursi en su “jerga” característica del “lunfardo”, el “habla” tan querida de Buenos Aires. Evocamos cómo sobre las corcheas de Lita un hombre lloraba y reprochaba el desvío y la ausencia de la mujer amada, descubriendo el misterioso palpitar de las cosas inanimadas: “Ya no hay en el bulín/ aquellos lindos frasquitos/ adornados con moñitos/ todos de un mismo color;/ y el espejo está empañado,/ que parece que ha llorado/ por la ausencia de tu amor…”.

El “dúo” más famoso del “varieté”, constituido por Carlos Gardel y José Rozzano, no ocultaba su amistad con el gran Contursi. Tanto Gardel como Razzano cantaban alguna que otra letrilla de Pascual Contursi, pero en “ruedas” privadas. Aún no se atrevían a incluir tangos en su riquísimo repertorio de las denominadas “canciones camperas”. ‘Carlitos’ Gardel a veces cantó la letra de Lita. El público le solicitaba: “¡Lleválo a la gente, al escenario!” El “dúo” Gardel-Razzano mudó su título por el de más sugerente nombre: Mi noche triste. Cuando finalizaba el año 1917, en el teatro ‘Esmeralda’ –luego ‘Maipo’– en el cual actuaba el aplaudido “dúo” con los bordoneos del guitarrista negro José Ricardo, estrenó Carlos Gardel el tango que, a juicio del insigne ensayista desaparecido y presidente de la Academia Porteña del Lunfardo José Gobello, nos señala con letras de oro el nacimiento del llamado “tango-canción” en el universo porteño de la “lunfardía” y la “tangología”.

“…Y la lámpara del cuarto/ también tu ausencia ha sentido/ porque su luz no ha querido/ mi noche triste alumbrar!”, escuchamos en el tono “patinado” y la melosa nostalgia del cantor: el impalpable milagro de la poesía desde el pliegue del ceño a la boca sonora gardeliana. Después, el espaldarazo del teatro merced a Elías Alippi y Muiño. La orquesta de Roberto Firpo en escena. Y Manolita Poli, cantando Mi noche triste. La obra se titulaba Los dientes del perro. El disco fonográfico grabado por Gardel fue un éxito sin precedentes.          

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