Opinión

El tango ‘Volver’ de Carlos Gardel y la filmografía

Isaac Otero | 24 de julio de 2017

“Elijo este tango para rendir homenaje a Carlos Gardel, nacido en Toulouse de Francia en 1890 y fallecido el 24 de junio de 1935 en un trágico accidente de aviación en Medellín de Colombia, porque está estrechamente ligado a los últimos seis meses de vida del incomparable cantor, y porque desde el modo verbal ‘infinitivo’ de su título impresiona mi espíritu (como impresionará a tantos otros espíritus), ya que expresa la acción del retorno y lo cantaba quien fatalmente no habría de llegar a su destino…”, asevera el admirado compositor y tangófilo Francisco García Jiménez en su “ópera magna” titulada Así nacieron los tangos, Ediciones Corregidor, Buenos Aires, 1980.

Sin ánimo de ahondar en el misterio de las premoniciones, García Jiménez nos convida a recordar diversos episodios acontecidos entre 1934 y 1935. En la postrera actuación artística de Gardel en Nueva York –que abarca su filmación de cuatro películas– observamos, con argumentos de un mismo libretista, cómo se incide en mostrarnos al cantor de Buenos Aires encarnando personajes angustiados. Al mismo tiempo, la letra de algunas canciones versa sobre el tema de la pesadumbre colmada de nostalgia, e incluso con trazos de tétrica entonación. ¿Ejemplos de ello? Sus ‘roles’ en los ‘films’ titulados Cuesta abajo, Tango Bar y El día que me quieras. ¿Y cómo no evocar aquellas estrofas de Mi Buenos Aires querido, Volver, Sus ojos se cerraron, Volvió una noche o Lejana tierra mía?

“Los antecedentes del pintoresquismo ameno de Gardel –prosigue García Jiménez–, historiador canoro, preciso y amable de la vida popular, exigían otros colores vivaces y auténticos en la paleta de sus guiones cinematográficos”. Él era un cantor, no un actor. Aquel fulgurante éxito comercial de las primeras películas suyas bajo el sello ‘Paramount’ condujo a esa imparable sucesión de rodajes, que derivó hacia un adocenado molde de obra y héroe inconsistente y melodramático, hasta el extremo de “baratear” lo sentimental en sentimentaloide. Porque ‘Carlitos’ Gardel –el gran “Zorzal criollo”– exhibía por doquier su innata simpatía merced a aquella voz que emocionaba inefablemente. Ahora bien, la industria poderosísima “for exportation” nos privó en esas películas del genuino repertorio gardeliano en beneficio de una prolífica fabricación de otras “de oficio” para las filmaciones. Y de yapa, sin saber bien por qué razón, con una obsesiva tesitura de carácter lúgubre.

Francisco García Jiménez estima –dentro de esa característica de sombrías premoniciones– y, asimismo, teniendo presente esa producción de “oficio” o de “encargo”, el tango Volver como una de las “menos sofisticadas páginas melódicas que incluyó Gardel en sus películas”. Este tango pertenece al último de sus ‘films’. El día que me quieras. Fue realizado en los ‘sets’ de la ‘Paramount’, en Astoria, Long Island, Nueva York, a comienzos de 1935, bajo la dirección de cámaras de John Reinhardt y la musical del argentino Terig Tucci, fiel y valioso colaborador en esas labores del gran ‘Carlitos’ Gardel. Acompañó al ‘Morocho del Abasto’ en esa película  –haciendo un doble papel de madre e hija, en dos épocas– la inolvidable actriz Rosita Moreno, además del enorme bailarín tanguero Tito Lusiardo en un personaje del reparto.

La composición del tango Volver, así como la situación escénica en que fue ubicado en dicha película, reiteró la misma de otras películas suyas.

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