Opinión

‘La Romanche’ y el paso de Venus, en Tierra del Fuego

“La moderna expedición francesa de ‘La Romanche’, efectuada en 1882 y 1883, salpicó de nuevos nombres al canal de Beagle: islas Becasse, Bridges, Becassine, Martillo, Yunque, Gemelos del Norte y del Sud, Chata, Cigüeña, Petrel, Les Ecláireurs y Mosqueteros y la rada de los Cazadores, cabo Lajarte y bahía D’Arquistade, los montes Martial, Cornú y tal vez el Hyades”, leemos en las páginas del admirable libro Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, cuyo autor es el célebre historiador de raigambre vasca Juan E. Belza, publicado por el Instituto de Investigaciones Históricas, Tierra del Fuego, Argentina, 1978.

‘La Romanche’ y el paso de Venus, en Tierra del Fuego

No conviene olvidar que tanto el magnetismo como la meteorología acababan de emprender su condición de ciencias, con enorme preocupación para no escasos sectores de la Humanidad. El subteniente de la marina austríaca Karl Weyprecht planteó la totalidad del asunto en un congrego de naturalistas alemanes en su reunión llevada a cabo en Graz en 1875. Weyprecht venía de descubrir –junto con Julius Paver– la tierra de “Francisco José”, más allá de los 80º de latitud norte. Este explorador mantuvo en aquel congreso que las expediciones sueltas, fuera del placer de la aventura, “estimulaban la curiosidad del público, pero poco aprovechaban a la ciencia”.

Así, pues, Weyprecht propuso la creación de un “cinturón científico” alrededor de la zona ártica. De tal modo que se aprobó la creación de un “ciclo anual” de expediciones polares y el establecimiento de 14 estaciones de observación: 12 en el ártico y 2 en el antártico. Alemania se ocuparía de la zona de ‘Georgias’ y, de la zona del ‘cabo Hornos’, Francia. Todo ese panorama científico se completó con el “tránsito de Venus”, a fin de conjugar el sol y la tierra, previsto para diciembre de 1882. La marina francesa –comisionada por la Academia Nacional de Ciencias– organizó una expedición científica bajo el mando del capitán de fragata Luis Fernando Martial, oficial de marina y de la legión de honor, de 45 años y casado con Luisa Juana Clara Spenne, quien le había dado una hija. Varios museólogos y taxidermistas lo acompañaron, caso de Sauvinet, Le Brun y Hariot.

‘La Romanche’ era un transporte-aviso, tipo ‘Cher’, de tres mástiles, que portaba 1.700 toneladas y cuatro cañones de 14 milímetros. Había sido transformado en nave hidrográfica por el ingeniero Finot, aprovechando experiencias cumplidas en operaciones análogas por el ‘Travailleur’ y el ‘Talismán’. Martial zarpó de Cherburgo el 17 de julio de 1882, tomando el rumbo de Tenerife. El 21 de agosto fondeaba en Montevideo.

En el renglón toponímico Martial dejó rastros en toda la zona –señala el historiador Belza–, desde la ‘bahía D’Arquistade’ en la isla de ‘Herschell’ hasta las puntas ‘Hariot’ y ‘Le Connelier’ en la península de ‘Hardy’ o la ‘bahía Courcelle Seneuil’ en la península ‘Pasteur’. Asimismo, en el ‘Beagle’ argentino tradujo muchos nombres de Fitz Roy que perduran en la cartografía. A la cadena montañosa que protege la espalda noroeste de Yendegaia la denominó “de las Pirámides” y a la que rodea a Ushuaia la nombró ‘Martial’.

‘La Romanche’ y el paso de Venus, en Tierra del Fuego
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