Opinión

Otto von Bismarck y un ensayo de Wilhelm Mommsen

Isaac Otero | 02 de septiembre de 2013

“Si hay un término que pueda caracterizar de una manera omnicomprensiva la personalidad y el quehacer de Otto van Bismarck es el de estadista. Nacido en 1815, en el seno de una familia de ‘junkers’ prusianos, y protagonista de excepción en una etapa histórica caracterizada por la impronta de los nacionalismos, Bismarck no les concedió una importancia primordial –y cuando pareció atribuírsela su propósito real fue utilizarlos como cobertura ideológica-. Por el contrario, fue la construcción de un Estado moderno y eficaz en Alemania el ‘leitmotiv’ de su actividad política, lo que tampoco debe sorprendernos si consideramos la diversidad de los pueblos germánicos y la casi imposibilidad de aglutinar bajo un sentimiento nacional, en el amplio sentido del término, escribe Francisco Gutiérrez en el ‘Prólogo’ titulado ‘Otto von Bismarck, un estadista entre el pragmatismo y el autoritarismo’ para el enjundioso ensayo Bismarck cuyo autor es Wilhelm Mommsen, publicado por ‘Salvat Editores’, Barcelona, 1985. La obra, editada en alemán, en Hamburgo, 1966, fue traducida por Rosa Pilar Blanco Santos.

El estadista alemán Otto-Leopold, príncipe de Bismarck, está considerado como el fundador del moderno Estado alemán. Nación en Schönhausen y cursó estudios de leyes; a partir de 1835 trabajó en los tribunales de Berlín y Aquisgrán, tarea que abandonó tres años después para dedicarse al cuidado de sus posesiones territoriales. En 1847 entró a formar parte del ‘Landtag’ prusiano, donde en seguida se transformó en líder del ala conservadora.

Con dureza se enfrentó a la revolución de 1848 y, por aquel entonces, empezó a perfilar lo que sería su principal objetivo político: la unificación de Alemania y la creación del ‘Reich’ desde presupuestos autoritarios y antiparlamentarios. Cuando es designado en 1862 primer ministro de Prusia, emprende una significativa reforma militar que le permitió disponer de un potente ejército a fin de llevar a término sus planes de unificación.

De este modo en 1864 logró arrebatar a Dinamarca los ducados de Laurenburg, Schleswig y Holstein. Y dos años más tarde, en combate contra Austria, consiguió la anexión de Hesse, Frankfurt, Hannover y Nassau. Ello dio lugar a la creación de la Confederación de Alemania del Norte, con Bismarck como canciller. Finalmente, la guerra contra Francia supuso la adhesión de Baviera y otros Estados. En 1871 fue proclamado el ‘II Reich’. Bismarck se convirtió, por consiguiente, en primer ministro de Prusia y canciller. A lo largo de los diecinueve años que se mantuvo en el poder realizó una política conservadora, plantando cara, al principio, a los católicos y combatiendo a la socialdemocracia. Desde 1878 rectificó, empero, su línea política y favoreció una serie de leyes proteccionistas, por lo cual le valieron el apoyo de los terratenientes. De idéntica guisa que un acervo de medidas sociales le procuraron el del católicos y obreros.

Recordemos que Bismarck fue asimismo el organizador de la ‘Triple Alizanza’, con Italia y Austria-Hungría –creada en 1882- con el propósito de aislar así a Francia. Cuando le faltó el apoyo del emperador Guillermo II –que había subido al trono en 1888-, Bismarck dimitió en 1890, retirándose al campo. Falleció en Friedrischsruh a los ochenta y tres años.

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