Opinión

La magia catedralicia de Tui, entre Galicia y Portugal

La ciudad de Tui tuvo una gran significación en los aconteceres de la Galicia Medieval y Moderna como “plaza fuerte” durante la guerra de “Restauración Portuguesa”. Al inicio de 1809 padeció enormes y numerosas pérdidas a causa de la invasión francesa por parte de las tropas del mariscal Soult, porque la habían designado “cuartel general”. He aquí una encrucijada de severos caminos entre el sur de Galicia y el norte de Portugal. Porque, en efecto, por estos lugares pasaba la “via XIX” del “itinerario” del romano Antonino, la cual –partiendo de Bracara Augusta– se dirigía a Lucus Augusti y a Brigantium, constituyendo siempre un insólito “centro de comunicaciones” y con sus singulares puertos fluviales durante la Edad Media.

La magia catedralicia de Tui, entre Galicia y Portugal

Si volvemos la mirada hacia la Catedral de Tui –800 aniversario de la Dedicación de la Santa Iglesia Catedral de Santa María de Tui–, en el exterior y en su fachada norte nos hallamos ante el perfil de “fortaleza”, donde resalta la almenada “torre de San Andrés”, mandada construir por el obispo Don Juan Fernández de Soutomaior II en el año 1419. Vemos su escudo de armas en los contrafuertes y, entre los dos ventanales góticos, bajo un doselete, la imagen de San Andrés de representación escasamente frecuente. Ahora bien, entre ésta y la portada de estilo “Románico”, se yergue la “torre de las Campanas”. Son 11 campanas entre las que sobresale la grande –asimismo llamada “de las doce”–, fundida en 1744. La más antigua, dedicada a Santa Ana, habiendo sido fundida en 1549. La portada románica está enmarcada por tres inéditos arcos de “descarga” y, en su parte superior, nos muestra la figura del primer obispo tudense San Epitacio, quien, según la tradición, rigió la “sede” en el siglo primero de nuestra era. Arriba, el gran “rosetón”, de adornos florales en sus molduras, remata la parte superior de la fachada. El pórtico, compuesto de dos pares de columnas de florales capiteles, al igual que las puertas de madera, con varios bustos de santos de devoción de índole local.

Retornando a la historia de Tui, hemos de resaltar su especial comercio de vinos y maderas, cueros y sal, que se descargaba en sus “alfolíes”, procedente, en su mayoría, de las “salinas” de Aveiro, en Portugal. Tales “mercancías” fueron recogidas en el “arancel del Puerto”, mandado recopilar por el obispo Dan Diego de Muros en el siglo XV. Evoquemos cómo su “puerto de barcas de pasaje” para Portugal permaneció activo hasta la construcción del “puente internacional” a fines del siglo XIX; y del “comercial”, situado en Santo Domingo, hasta el año 1940.

Asimismo, la ciudad tudense albergó una “colonia” de judíos durante la Edad Media: prueba irrefutable es la existencia documental de dos sinagogas y de un cementerio que se encontraba en el arrabal de “La Saravia” o de “Río Molinos”. Si regresamos a la gloriosa arquitectura catedralicia, digamos que la fachada correspondiente al “lado occidental” está constituida por un cuerpo central, con un “templete” en la parte inferior, y enmarcada por dos torres laterales al modo defensivo. ¡Almenas de estilo gótico! Son ocho pares de columnas con fustes lisos las que sostienen y enmarcan “apóstoles y profetas”. A la derecha, la tradición nos recuerda las figuras del rey Don Fernando II y su esposa Doña Urraca. Se trataría –a juicio del profesor Moralejo– del rey Salomón y la reina de Saba.