Opinión

‘Lucus Augusti’, ciudad bimilenaria y bella

Isaac Otero | 20 de octubre de 2014

Lugo, la ciudad bimilenaria, cuya fundación sienta su origen en un campamento romano durante el año 14 antes de Cristo. La raíz urbana más antigua de Galicia, dado que actuaba en la época del imperio como cabeza de un convento jurídico romano: uno de los tres que conformaban la provincia de la ‘Gallaecia’, además de la de Braga y Astorga. Centro religioso muy relevante con dominación sueva, habiéndose celebrado en él en 569 un Concilio que la convirtió en iglesia metropolitana. Ocupada por los musulmanes entre 713 y 740, año en que fue reconquistada por el rey Alfonso I. A lo largo del siglo X sufrió diversos ataques normandos así como las temibles ‘razzias’ de las tropas árabes de Almarzor. Ahora bien, su desarrollo urbano más privilegiado tuvo lugar hacia mediados del siglo XII merced a su ubicación de ‘paso’ del ‘Camino de Santiago’ a la vez que por su condición de ‘sede episcopal’. A través de la Edad Media el acontecer de Lugo ofreció el testimonio de las luchas y enfrentamientos de la clase social ‘burguesa’ –apoyada por los ‘nobles’– en contra de la autoridad del obispo.
Carlos I la nombró en 1528 “capital del Reino de Galicia”. Paradójicamente, en cambio, comenzó una etapa de enorme desmoronamiento que se dilató a lo largo de los siglos XVI y XVII, al mismo tiempo que Santiago de Compostela iba acrecentando su centro y protagonismo. Se recuperó económica y culturalmente durante el siglo XVIII debido a las intervenciones de los ministros de Carlos III con la construcción del ‘Camino Real’ de Madrid a A Coruña en 1773. A principios del siglo XIX –época de la ‘guerra de la independencia’– sufrió repetidas escaramuzas en la ciudad, la cual se vio afectada por los enfrentamientos de las tropas del general británico John Moore y las tropas francesas comandadas por el mariscal Soult en enero de 1809.
Tras su proclamación como ‘capital provincial’ en 1883, Lugo, en el transcurso del siglo XIX, se fue dotando de instituciones y servicios que le otorgaron modernidad hasta elevarla en pujanza urbana. Capital de provincia, en el momento presente, exhibe su influencia ya administrativa, ya comercial y de servicios, por gran parte de su geografía política. No en vano nos ofrece una singular industria agroalimentaria y un ‘campus’ universitario orientado, sobre todo, hacia los estudios agrarios, forestales, además de los de medicina veterinaria.
¡Oh antigua ‘Lucus Augusti’! Evoquemos las termas romanas a orillas del río Miño. Puente romano, originario del siglo I, y parte de la célebre ‘vía XIX’, que enlazaba la ciudad con ‘Bracara Augusta’ y ‘Asturica Augusta’. El hito romano más destacado, no obstante, fue la muralla del siglo III. Desde el lecho del río, como hemos de salvar un serio desnivel para alcanzar su emplazamiento urbano, ascendemos por las ‘costas do Parque’ hasta el ‘Parque Rosalía de Castro’. Continuamos por las calles Xeneral Tella y Viveiro hasta llegar a la ‘Porta de Santiago’, que nos convida a subir a la muralla por unas escaleras situadas frente a la fachada de la Catedral. Es preciso recorrer el ‘adarve’, muy espacioso y de excelente base. ¡Un paseo de algo más de 2 quilómetros que nos llevará una media hora! Una espléndida atalaya sobre la ciudad. El insólito recorrido lo haremos en sentido inverso al de las agujas del reló.

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