Opinión

Las Islas Cíes, el paraíso de los dioses

Isaac Otero | 05 de septiembre de 2016

El diario británico ‘The Guardian’ en 1997 publicó un ‘top-ten’, esto es, una lista de las 10 playas “mejores del mundo”. Entre ellas, la de ‘Rodas’, situada en las Islas Cíes. Ya anteriormente, empero, la fama de este ‘paraíso’ a la entrada de la ría de Vigo era conocida por los vecinos y por visitantes. Desde entonces, no obstante, se convirtió en un lugar de referencia y preferencia para turistas de todo el mundo. Amorosamente abrazado por un bosque autóctono, este arenal de 1,3 quilómetros con forma de extensa ‘concha marina’, finísima arena blanca y aguas azul-turquesa es el idílico ámbito para sentir la gozosa libertad, el mar incorruptible y la límpida naturaleza.

Vigo, Cangas o Baiona son los tres puertos desde los que, en temporada alta, los ‘catamaranes’ de línea regular zarpan hacia este sin par archipiélago. ¡Y un trayecto marítimo de tan sólo menos de una hora! Dulcificados por la acariciadora brisa y mecidos por el balanceo del barco, desde este ‘belvedere’ de la travesía en el océano Atlántico, descubrimos las villas más significativas de este tramo de la costa de la provincia de Pontevedra así como el admirable perfil de la gran urbe de Vigo y su bahía, protegida por las tres islas de Cíes, centinelas o sirenas varadas de Occidente, que sólo distan de ella 14 quilómetros.

¡Tres islas! La del Norte o ‘Monteagudo’. La del Medio o ‘Faro’. Y la del Sur o ‘San Martiño’, frente a tres costas baronesas y a su ‘Virgen de la Roca’. El embarcadero de Cíes es el centro neurálgico desde el cual iniciar la exploración de este tesoro paradisíaco.

¿Quién no recuerda cómo el sabio Ptolomeo calificó el archipiélago con el epíteto de las ‘islas de los dioses’? Pese a su aparente soledad en la boca de la ría de Vigo, las Cíes ocupan un privilegiado lugar tanto en la verdadera historia como en la maravillosa leyenda. Porque, en efecto, las islas fueron territorio del ser humano en el Paleolítico y en el Neolítico. De la Edad de Bronce data el ‘castro’ denominado ‘As Hortas’, ubicado en la ladera del monte ‘Faro’, que asimismo fue ocupado durante la época de la historia romana. No faltan autores que sostienen incluso que Iuluis Caesar dejó acá sus propias huellas selladas por sus sandalias sobre la inmensidad de las dunas y arenas…

A juicio de los historiadores, no han quedado restos de las invasiones ‘suevas’; pero en el siglo VI se instalaron aquí dos conventos: ‘San Martiño’ en la isla Sur y ‘Santo Estevo’ en la isla del Medio, sobre cuyas ruinas se construyó el actual ‘Centro de Interpretación’, junto al cual aún podemos ver un sepulcro ‘antropomorfo’. ¿Y los ataques piratas de los turcos, tunecinos e ingleses en la espaciosa ría de Vigo? También alcanzaron las tierras, montañas, acantilados y ensenadas de las islas Cíes. No se libraron tampoco de los asaltos del célebre corsario inglés Francis Drake. Tales ataques provocaron planes de fortificación posteriores, la construcción de un almacén de artillería en 1810 en al antiguo monasterio de Santo Estevo, un cuartel de carabineros y la cárcel próximos a la playa de ‘Nosa Señora’.

Durante el transcurso de los años de pujanza de la actividad ‘conservera’ en la costa asimismo motivó que, hacia 1840, se levantaran aquí mismo dos fábricas de salazón, entre otras construcciones. Debido a la progresiva competitividad, llegaron a desaparecer, al igual que su población, la mayoría de Cangas.

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