Opinión

El industrial Cerqueira Matos y ‘L’ Union Ibérique’

El industrial Cerqueira Matos y ‘L’ Union Ibérique’

Don João Baptista Cerqueira Matos –el industrial de la carretera de Vigo a Baiona– registró su primera marca bajo el nombre de ‘L’ Unión Ibérique’, una denominación que ponía de relieve la unidad de su patria de origen portugués y del país en el cual se había asentado. La inscribió en 1902. Tiempo después llegarían las marcas ‘Pay Pay’, ‘Le Grisette’, ‘Rosario’ o ‘Ramona’. Al sobrevenir la Primera Guerra Mundial, el señor Cerqueira se hallaba instalado dentro del grupo de fabricantes –digamos de tamaño mediano– que pagaban a la ‘Unión de Fabricantes’ la cuota intermedia de las tres por las que se cotizaba a esta asociación. Superó dificultades como la “crisis sardinera” de 1909 a 1912, que había motivado una grave mortandad en el sector. Se consolidó, por tanto, como una de las conserveras clásicas de la urbe de Vigo. Con los beneficios de la Gran Guerra, en seguida construyó una nueva fábrica en Canido, que iniciaría sus trabajos escaso tiempo antes de fallecer en 1922.
“Juan Bautista Cerqueira había tenido de su esposa Rosa Domínguez una descendencia equilibrada en cuanto al sexo, tres varones y tres mujeres, que en conjunto constituirían un auténtico ‘clan conservero’, pues si los tres primeros se convirtieron en fabricantes por herencia, dos de las tres mujeres lo harían por matrimonio”, escribe el profesor de la Universidad de Santiago de Compostela Xoán Carmona Badía en su estudio monográfico Los Cerqueira. Cuatro generaciones de fabricantes sobre la playa de Coia. Antonio, el mayor de los varones, había empezado pronto a trabajar en la fábrica de Coia: su destino parecía ser el de su lógico sucesor. Empero, las espinosas relaciones que mantuvo con los trabajadores de la fábrica así como con sus representantes –sobre todo, a partir de un conflicto acontecido durante 1913–, fueron quizás la causa por la cual el fundador, en 1921, lo puso al frente de la nueva fábrica de Canido. Y con ella quedaría en herencia tras su muerte al cabo de un año.
De esta manera, serían los otros hermanos varones –Juan y Ventura– los que, ya unos meses antes del fallecimiento de su padre, formarían con él la sociedad ‘Hijos de J.B. Cerqueira, S. en C.’, continuadora de los negocios del fundador. Tras su muerte se transformaría en “regular colectiva” con el mismo y con Juan y Ventura Cerqueira Domínguez como socios. “Por su parte, María Cerqueira se encontraba ya casada en el momento del fallecimiento de su padre con un primo suyo –continúa señalando el profesor Carmona Badía–, el también fabricante de conservas Vicente Coma Domínguez, que tenía su establecimiento fabril también en el Areal de Coia, al lado del antiguo campo de fútbol en el cual el Real Club Celta de Vigo disputaba sus partidos desde su constitución en 1923”. Rosa se casaría con un abogado establecido, Ángel Campos Varela, quien ocupó la alcaldía de Vigo durante la segunda República. Y en los años siguientes asimismo se convertiría en conservero después de la Guerra Civil, manteniéndose dentro del sector hasta su muerte en 1955. Sus sucesores traspasarían la fábrica al cabo de tres años a Ignacio Álvarez Costas, que proseguiría con el negocio durante algunos años. De modo que tanto María como Rosa, al igual que su hermana Carmen –la última de la segunda generación de los Cerqueira vigueses–, recibieron propiedades y dinero en metálico a la muerte de su padre, como era habitual en la época, quedando al margen de la empresa familiar, que pasarían a regentar los hermanos Ventura y Juan. 

El industrial Cerqueira Matos y ‘L’ Union Ibérique’