Opinión

‘Guía oficial’ de Compostela, de Román López y López, de 1933

Isaac Otero | 04 de octubre de 2021

“Con la publicación de la presente Guía del Peregrino y del Turista intentamos ayudar al viajero en su visita a Compostela con una información, tan exacta como sea posible, de los edificios y lugares más importantes, dignos de visitarse, que se encierran en la ciudad conocida por los cronistas árabes con el nombre de ‘Santyac’, la ciudad mística de gratas emociones artísticas”, escribe Román López y López en su libro Santiago de Compostela. Guía oficial, 5ª edición, Santiago: tipografía de ‘El Eco Franciscano’, 1933.

Román López y López –autor de Through Galicia to Santiago de Compostela y Reminiscences of an Entente Cordiale– es el recobrado autor de esta Guía oficial, aprobada por el Excmo. Ayuntamiento de Santiago y patrocinada por el Excmo. Cabildo de la S.A.M.I. Catedral. “Si el viajero quiere seguirnos en nuestros ‘Paseos’ a través de Santiago –matiza el autor–, penetrar con nosotros en sus viejos edificios, cruzar sus arcaicas ‘rúas’ y silenciosas plazas y con nosotros escudriñar la historia y tradición compostelanas, prometemos actuar con el doble carácter de guía y de amigo, aquí donde el alegre rasguear de las guitarras que los universitarios hacen vibrar, contrasta con las graves y pausadas notas de las cien broncíneas campanas en las altas torres y con el aspecto ancestral de las monumentales creaciones”.

El autor divide su trabajo descriptivo en “ocho paseos”, plan que permitirá al visitante aprovechar el tiempo de la mejor manera. Calcula en unas cuatro horas el tiempo necesario para cada uno de los “paseos”, si bien, eso sí, para una inspección minuciosa de los edificios, se deberá repetir la visita; así como para las descripciones históricas, arqueológicas y arquitectónicas más completas, habrán de consultarse otras obras.

Siguiendo el “Plan de esta Guía”, Román López y López inicia su estudio como es de esperar, con “Santiago de Compostela. Historia”: “Así que Santiago hubo predicado el Evangelio en Judea, vino a España y, después de atravesar gran parte de la Península, llegó a Galicia para instruir en la nueva fe a los paganos”. Asimismo nos recuerda que se ha discutido acerca del origen de la voz “Compostela”, que eruditos de todas las épocas quieren encontrar en las latinas Campus Stellae, esto es, “Campo de la Estrella”. “El señor Murguía –agrega Román López y López– estima que está en la corrupción del vocablo francés l’apostèle, que pronunciaban los peregrinos de aquel país, que fueron tantos en el siglo XI, época en que prevalece. Otros discrepan de esa opinión, manifestando que debe buscarse la etimología en la palabra Compostum, que significa “lugar reservado para enterramientos”.

Es preciso señalar que Compostela se denominó Libredón. Después se llamó Arca Marmórica hasta el siglo XI, en que ya era usado de manera general el nombre de Compostela. Fue D. Fernando I quien lo empleó oficialmente –en 1063– por vez primera en sus “Diplomas”, por más que el Sr. López Ferreiro en su Historia cite escrituras de los años 914 y 988, cuando ya se ve empleado.

“La peregrinación jacobea”, “Geografía”, “Jubileo” son, entre otros, los estudios que su autor nos ofrece.

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