Opinión

Faro de Donón, la ‘Costa da Vela’, el ‘cruceiro’ de O Hío

Isaac Otero | 22 de agosto de 2016

Caminamos por los alrededores del faro de Cabo Home. Paradisíaca naturaleza que nos convida a sentarnos en los acantilados, a fin de contemplar cómo un mar ‘blanco’, rebosante de espumas, combate con las nobles rocas de la costa con un batir musicalmente rítmico. ¡Ah! Y alguna que otra vez nos extraviamos por los senderos que abrazan los distintos faros y los grandes arenales de la comarca, en tanto que el suave céfiro y la brisa marina de la ría nos acarician. La fauna y la flora acunan el silencio de nuestras almas.

Vamos ahora por la carretera de la abrupta ‘Costa da Vela’ y, de pronto, dejamos la línea del mar para ascender al ‘Facho’ de Donón, situado en la parroquia de idéntico nombre. Tras una caminata a través del sendero de piedra, que se va empinando a medida que nos aproximamos a la cumbre. Ahora bien, ¿qué es un ‘facho’? La palabra en lengua gallega alude, en este caso, a la pequeña torre del siglo XVII, construida con fragmentos de ‘aras’ romanas, la cual tal vez fue empleada como torre de vigilancia para avisar y precaverse de los ataques de los piratas turcos o berberiscos. Su privilegiada ubicación en lo más alto de la zona geográfica nos ofrece la gentileza de las mejores vistas de las islas Cíes, de la isla de Ons, así como de las puertas de entrada a las rías de Vigo y Pontevedra.

¡Y allá lejos, en medio de la límpida claridad, columbramos la costa de Baiona! Aquí mismo, en Donón –según la leyenda nos relata–, desde este alto se acostumbra encender una hoguera que servía como ‘faro’ para los marineros de la comarca, a la vez que transmitía ‘alertas’ a los poblados vecinos de ‘tierra adentro’ acerca de cualquier peligro que acechase por la costa. El ‘facho’ de Donón, empero, no es tan sólo un teatro de felices panorámicas, sino también porque, justo en el punto más elevado, nos encontramos ante los hallazgos arqueológicos de indescriptibles fundamentos para la investigación histórica. He ahí los restos de un poblado ‘castreño’ y un ‘santuario’ galaico-romano del siglo III d.C., al aire libre, en honor del dios ‘Berobreus’.

No distante de Donón, haremos la cercana y postrer parada. Estamos ya en la parroquia de Aldán: nos espera el célebre crucero de O Hío, una de las inefables maravillas del patrimonio etnográfico de Galicia. Este crucero corresponde al siglo XIX y fue tallado en su totalidad en un solo bloque de granito, siendo obra del sin par ‘maestro de canteiros’ llamado Cerviño. Contemplamos a Adán y Eva ante el pecado original. La Virgen del Carmen auxiliando a las ánimas del Purgatorio. Y a la Virgen María pisando la cabeza del demonio-dragón. Se trata solo de algunos pasajes bíblicos que podemos observar y ‘leer’ con la máxima atención.

El 16 de agosto, día del santo, tiene lugar delante de este mismo crucero la admirada ‘danza de San Roque do Hío’, asimismo denominada ‘danza de los peregrinos’: en ella participan veinte bailarines –todos hombres– que también se encargan de los papeles femeninos, vistosamente ataviados con un traje muy semejante al de los peregrinos. Dejamos ya esta bendita tierra mágica de la costa de las ‘Rías Baixas’. Para reponernos, vamos a Cangas de Morrazo, donde encontraremos otros ‘tesoros’: los culinarios, con fresquísimos marisco y pescados, bien regados con vino blanco.

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