Opinión

Faro de cabo Ortegal, faro de Estaca de Bares

Isaac Otero | 04 de abril de 2016

Si deseamos aproximarnos al faro de Punta Roncadoira, tendremos la oportunidad de contemplar mínimas aldeas muy pintorescas entre verdísimos prados. A medida que vamos ascendiendo, nos abrazan enormes eucaliptos retorcidos por el ímpetu del viento, en tanto que las voluminosas rocas nos regalan su sombra, pues el viento nordeste sopla con inusitada fuerza. Ahora estamos al borde del acantilado y ruge el mar al batir contra las rocas. ¡Si las mismas gaviotas parecieran perder el equilibrio! Las ‘ondas do mar’ celebran su inacabable sinfonía y el poder de su estruendo. El faro de Punta Roncadoira es muy estilizado y de impoluto blanco. Columbramos desde aquí la costa cantábrica con sus pequeñas islas habitadas tan sólo por las míticas gaviotas, además de otras aves marinas.
Tras esta indescriptible energía de paz y ensueño, descendemos hacia Viveiro para divisar la playa de Esteiro, todavía en el ‘concello’ de Xove. La buena mesa vivariense nos ofrece una merluza fresca “del pincho” de la lonja de Celeiro. Proseguimos en dirección a Cariño, subiendo por la sierra de la Capelada hasta la Garita de Herbeira, desde cuyo mirador veremos cómo los acantilados caen casi verticalmente entre un mar acá y allá salpicado de rocas. ¿Tal vez los más altos de Europa? Continuamos luego hacia cabo Ortegal, donde reina uno de los faros más fotografiados del mundo. De torre cilíndrica y pintado de blanco y rojo. He ahí los ‘Aguillóns’: unas grandes rocas que bravíamente emergen cerca del cabo y contra las que las olas golpean con furia, sobre todo en días de temporal, cuya contemplación nos enmudece. ¡Ría de Ortigueira, pródiga en acantilados! La capilla de San Xiao de Trebo nos saluda y nos convida a conocer la villa marinera de Cariño, con su “guiso de raya” y un “revuelto de erizos y algas”.
Desde este momento continuamos hacia Ortigueira, donde el río Mera traza una sin par desembocadura que ya se divisa de retorno de cabo Ortegal. Vamos a la playa de Morouzos a cuyas espaldas brilla un pinar y un abanico de juncos y marismas. A su derecha, la breve ensenada de Ladrido. ¡Festival de Ortigueira a mediados del mes de julio! Desde 1978 esta cita con el “folk” y la música popular “céltica”, con millares y millares de visitantes, es ineludible.
Estamos en Espasante: al final de su muelle hallamos el ‘castro’ costero de ‘Punta dos Prados’. Muy cerquita, la playa de Céltigos. Playas de San Antonio y Eirón, donde nos recibe una de las “furnas” que el agua del mar esculpe en las rocas más grandes de la comarca. Playa de Bimbieiro, la única playa de cantos rodados de este tramo de costa de Loiba. Después, viajamos hasta O Barqueiro. Antes de entrar en este pueblo, nos desviamos hacia Bares para subir al cabo y al faro. La Punta Estaca de Bares es el cabo más septentrional de la Península Ibérica y, a la vez, división entre el océano Atlántico y el mar Cantábrico. Acomodamos nuestros prismáticos y nos extasiamos ante el paso de aves migratorias del Atlántico, del Mediterráneo y del Ártico.
No muy lejos del faro, en los acantilados se encuentra una sucesión de molinos en línea. Bajamos al puerto de Bares. “Pescado fresco! ¡Arroz con bogavante!”, anuncian los paisanos. Y el océano se va convirtiendo en mar…

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