Opinión

“Doblan el Cabo Hornos…” en Tierra del Fuego

Isaac Otero | 15 de noviembre de 2021

“Si marcamos el punto de cruce del paralelo de los 54º 50º de latitud Sur y del meridiano 65º de longitud Oeste, quedaríamos situados en el medio de las aguas de un estrecho totalmente nuevo para las fechas de esta gesta y en cuyo derredor se agruparon los topónimos originados en la expedición holandesa de 1616: ‘Isla de los Estados’ (para Le Maire ‘Tierra de los Estados’). Para Cowley, ‘isla de Albemarle’. ‘Jaius o Jaiwesen’ para los ‘aus’. El ‘chuanisin’ de los ‘yamanas’. Y el ‘Koin harri’ de los ‘sélknames’. El ‘estrecho de Le Maire’ (que los Nodales quisieron llamar ‘de San Vicente’). La ‘caleta de San Mauricio’ (de ex ‘Tierra’ y ‘cabo de Mauricio de Nassau’). Las ‘islas de Barneveldt’ y ‘cabo de Hornos’, que para los Nodales fue ‘de San Ildefonso”, escribe el historiador Juan E. Belza en su magnífica obra Romancero del topónimo fueguino. Discusión histórica de su origen y fortuna, Instituto de Investigaciones Históricas, Argentina, Tierra del Fuego, 1978.

Titula el profesor Belza “Doblan el cabo Hornos Jacobo Le Maire, Cornelio Shouten y la flota de Nassau” a este nuevo capítulo de su libro. Porque, en efecto, en el sencillo puerto de Hoorn el comerciante Isaac Le Maire y los marinos Guillermo Cornelio Schouten, así como su hermano Juan, suscribieron la constitución de la “Compañía Austral”. Para ello eligieron dos barcos: ‘La Concordia’ (‘Endracht’) y el ‘Hoorn’, de unas 360 toneladas cada uno y zarparon de Texel el 14 de junio de 1615 rumbo al ‘Estrecho de Dower’.

Acerca del conocimiento de uno de los accidentes geográficos más famosos del mapamundi –el ‘Cabo de Hornos’–, Félix Riesenberg asevera: “El mogote constantemente mordido por el viento huracanado de la zona austral, rabiosamente batido por olas cuyas furias acrecen las aguas confluentes de los dos océanos más grandes del orbe, tiene, en la dispersa literatura marítima, un lugar de indiscutida preferencia”. Recordemos que, durante siglos de navegación a vela, la “doblada del cabo duro” fue estimada como el óptimo laurel de cualquier marino comercial, guerrero o deportivo. Incluso surgieron “clubes” de “cabohorneros”, a fin de agrupar a los vencedores de la aventura en una suerte de “orden caballeresca”.

¿Y de qué se trataba? Del consenso universal, del arriesgado “encuentro” de los dos mares más grandes del orbe. Tal afirmación cristalizó de modo legal, cuando en 1952 y ante el “Buró Hidrográfico Internacional” la representación chilena así declaraba: “El límite siempre reconocido (de ambos mares) antes de 1952 fue el meridiano del ‘Cabo de Hornos”.

De ahí que durante los años de 1862 y 1863, don Luis Piedra Buena recorrió la zona en una roca del ‘Cabo de Hornos’ (que él mismo denominaba “cabo Tormentas”) y grabó en un letrero en que se leía: “Aquí termina el dominio de la República Argentina”. Gratísimo obsequio es el que nos brinda el profesor Juan E. Belza merced a la reproducción de una tela de Rembrandt de 1,5 x 1,65 del año 1633. ¿El título? “Constructor de navíos (holandeses)”. Pertenece a la colección del ‘Buckingham Palace’ de Londres.

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