Opinión

‘O bordón’ y ‘A cabaza’ del peregrino a Compostela

Isaac Otero | 22 de noviembre de 2021

Tras haber considerado anteriormente la génesis y características de la ‘cuncha’ o ‘vieira’ ‘xacobea’, nos encontramos ahora con ‘o bordón’, esto es, el bastón de Santiago. Es preciso poner de relieve el primer bastón peregrino hallado en el interior del sepulcro apostólico. Por orden del rey Don Afonso, fue sacado de su tumba por el obispo Teodomiro. Llegado a Galicia desde tierras de Palestina junto con el cuerpo del Apóstol, del siglo XVI hasta no hace mucho tiempo, en uno de los “alicerces do cruceiro da Catedral”, abrazado a una delicada columna torsa, que continúa el paradigma de las del venerado y admirado ‘Pórtico da Gloria’.

Ineludible es la pregunta: ¿cómo llegó el bastón del Apóstol a formar parte de la Catedral? Hemos de recordar que, desde que se halló su tumba hasta fines del siglo XVIII, fieles devotos y peregrinos no tenían un contacto físico con sus restos, porque estaban ocultos en el “trasaltar” de la Catedral, al tiempo que señalados con una estrella en el “cenotafio” del altar mayor. Situación que, como es natural, provocaba gran desasosiego en el ánimo de los peregrinos. Asimismo mantenía despierta la polémica acerca de qué restos se custodiaban en la Catedral compostelana.

Durante siglos y siglos, por ende, el clero catedralicio les ofrecía un conjunto de reliquias y relicarios íntimamente relacionados con la figura del Apóstol del Zebedeo, “hijo del Trueno”. He ahí la cadena con la cual lo apresaron en Jerusalén. El cuchillo con el que fue martirizado. O bien el cuerno de uno de sus bravos bueyes que transportaron su cuerpo desde Iria Flavia a Compostela. El que más resaltaba, no obstante, era el “relicario del bordón”, al cual –hasta finales del siglo XIX– los fieles se apropincuaban con el propósito de cumplir con el ritual de “tocar cos dedos” el “regatón do báculo de ferro”, incorporado a la célebre “columna de bronce”.

No olvidemos que esta pieza a la cual se refieren numerosos textos históricos, formó parte de la afamada Muestra ‘Camiño. A Orixe’, que recibió la ‘Cidade da Cultura’ de Gaiás en el año 2015. Se encuentra en la actualidad en el ‘Museo da Catedral de Santiago’. Si ahora deseamos centrarnos en ‘a cabaza’, es necesario decir que este recipiente –por conservar su corteza de madera para dejarlo curar– permitía mantener los líquidos frescos y tenía el tamaño ideal para llevarlo colgado del ‘bordón’ o bastón del peregrino. Digamos que, antes del generalizado “uso del plástico”, éste era el método elegido de manera primordial por los pacientes peregrinos, al modo de cantimplora. Si bien el ‘Codex Calixtinus’ no menciona ‘A Cabaza do Camiño de Santiago’, entre los atributos propios de la indumentaria del “peregrino medieval”, se cree que ésta debía estar colocada de suerte que fuese fácil brindar su refrescante agua a otros peregrinos. He aquí cómo ‘A Cabaza do Peregrino’ se transformó en un símbolo de solidaridad, intrínseca condición del ‘Camino de Santiago’.

¿Y la ‘credencial’ del Peregrino? Su origen reside en el ‘salvoconducto’ que se entregaba a los peregrinos en la Edad Media. Hoy se trata de un ‘documento oficial’ en el que los peregrinos recogen los ‘sellos’ que testimonian el ‘avance’ de su peregrinación. Está impresa en cartulina con dieciséis páginas que se abren en forma de acordeón. Las primeras páginas van ilustradas en la foto que acompaña al texto.

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