Opinión

Argentina y sus poblaciones autóctonas

Argentina y sus poblaciones autóctonas

“Desde el Río de la Plata hasta la cordillera de los Andes, la pampa inmensa y variada estaba habitada por los pueblos que le dieron su nombre: los ‘pampas’. Estaban divididos en diversas naciones, desde los ‘araucanos’, que traspasaban los valles andinos y se extendían hacia la otra ladera de la cordillera, hasta los ‘querandíes’ que habitaban las orillas del Río de la Plata”, leemos en las inolvidables páginas del libro Breve historia de la Argentina, Fondo de Cultura Económica, colección ‘Tierra Firme’, 9ª reimpresión, Buenos Aires, 2009. ¿Su autor? El histórico argentino José Luis Romero, acompañado de un ‘Prefacio’ a cargo de su hijo Luis Alberto Romero, firmado en febrero de 1997.

Por aquel entonces, eran cazadores o pescadores, con arreglo a las costumbres nómadas de sus regiones. Hábiles en el empleo del arco y de las ‘boleadoras’, con las cuales atrapaban a los avestruces que solían cruzar la inmensa y silente llanura. A la hora del descanso, así como para guarecerse, construían ‘toldos’ rudimentarios que formaban un grupo en torno a menudas aldeas. Ahora bien, al estar más beneficiados por la naturaleza, los ‘guaraníes’ –habitantes de la región de Corrientes y Misiones– aprendieron a cultivar la tierra con instrumentos de madera; cosechaban ‘zapallo’, ‘mandioca’ y, prioritariamente, el sagrado maíz, divinizado en su mitología. Completaban su alimentación merced a la caza y a la pesca. Además, cuando se asentaban en un lugar durante algún tiempo, construían viviendas más resistentes de paja y barro.

Muy diestros, sabían realizar cacharros de alfarería: un tanto elementales, pero capaces de servir a las necesidades de la vida diaria; también, con las fibras que disponían a su alcance, llevaban a término tejidos para diversos usos, entre los que no era cotidiano el vestirse, pues acostumbraban a andar desnudos. No lejos de ellos –en los bosques de la región de El Chaco–, los ‘matacos’ y los ‘guaycurúes’ asimismo alternaban la caza y la pesca con una sencilla agricultura, en la cual preferentemente laboraban las mujeres.

Por las vecinas regiones se expandían otros pueblos menos evolucionados: los ‘tobas’ o los ‘chanés’, quienes, no obstante, conocían, al igual que sus vecinos, el arduo arte de transformar el tronco de un árbol en una liviana y agilísima embarcación, con la que diez o doce hombres solían surcar los largos ríos en pos de la pesca. ¿Menos evolucionados todavía? Las poblaciones de la vasta meseta de la Patagonia, donde habitaban los ‘tehuelches’, cazadores seminómadas, quienes utilizaban las pieles de los animales que conseguían atrapar para cubrirse y para techar las chozas que habitaban, después de haber comido cruda su carne. Poblaban las islas meridionales los ‘onas’ y ‘yaganes’, como “nómadas del mar”, en el cual demostraban su excelente destreza para pescar con arpón, a bordo de levísimas, aladas canoas de madera y corteza de haya.

“Escasas en número, con muy poco contacto entre sí –y a veces ninguno–, las poblaciones de las vastas llanuras, de las duras mesetas, de las selvas o de los bosques –señala el historiador José Luis Romero–, perpetuaban sus costumbres y sus creencias tradicionales”.

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