Opinión

El ‘25 de Mayo’, fecha patria argentina, en Los Pinos

Isaac Otero | 08 de junio de 2015

“Era la víspera del 25 de mayo. Los frentes de las casas embanderados, exteriorizaban anticipadamente el júbilo de sus moradores ante la festividad patria”, leía Susana Berta Beguiristain Salinas hace ya muchos años en la escuelita pública ‘Nacional nº 60’ del paradisíaco pueblito de Los Pinos, perteneciente a Balcarce, en plena Pampa húmeda, al sur de la provincia de Buenos Aires. “¡Cuánto amo esa bandera!, exclamaba Susana, mirando la enseña bicolor que blandamente ondeaba en la cúspide de un mástil. Y no sólo la amo por aquello que simboliza sino también por cuanto tiene de hermosa y heroica”.

“Nuestra bandera tiene los más lindos colores. Es un reflejo del cielo”, pensaba Susana Berta. “Porque, como cantó el poeta ‘la más hermosa que al viento, libre se desplegó”. El inconmensurable general Manuel Belgrano no pudo elegir combinación más henchida de armonía y de luz. ¿De dónde le habría llegado su inspiración? Tal vez porque los históricos Patricios habían popularizado esos colores en las invasiones inglesas. O acaso porque Belgrano –“la gloria más pura de nuestra Historia”, como lo denominó el escritor  y presidente Bartolomé Mitre– los tomó de la Virgen Inmaculada, a quien profesaba fervorosa devoción.

“Es como si los Andes fueran su asta y todo el cielo su paño”, escribió Belisario Roldán, el poeta y prosista argentino, quien por tener páginas de inflamado patriotismo, fue calificado como “el Castelar argentino”. “Es blanca como la túnica inmaculada de nuestro Aconcagua –continuaba leyendo Susanita en su libro escolar titulado Abriendo Horizontes–, que, irguiéndose majestuoso hacia el cielo, hizo que éste se bajara para formar con sus dos franjas azulinas una inmensa bandera. Nada extraño que al reflejarse el sol sobre aquel inmenso campo de extraordinaria blancura, dejara estampada en él su radiante faz”.

En toda la Argentina se conmemora aquel “25 de Mayo” de 1810: el denominado “Primer Grito de Libertad” ante las autoridades españolas en el Cabildo de Buenos Aires y el virrey Cisneros. Susana Beguiristain está enfrascada en su ‘Libro de Lectura’ para 4º Grado, editorial H.M.E., Buenos Aires, “impreso durante la primera quincena de febrero de 1952, año 85 de la casa Peuser, en sus talleres de Patricios, 599”. Y contempla el sello de ‘Casa Rey’, librería e imprenta. Mar del Plata”. 

“Oíd, mortales, el grito sagrado:/ ¡Libertad, libertad, libertad!/ Oíd el ruido de rotas cadenas;/ ved en trono a la noble igualdad”. Y tras la primera estrofa, la niña del pueblito de Los Pinos prosigue cantando la segunda: “Se levanta a la faz de la Tierra/ una nueva y gloriosa Nación,/ coronada su sien de laureles/ y a sus plantas rendido un León”. Y entonces entona el Coro: “Sean eternos los laureles/ que supimos conseguir;/ coronados de gloria vivamos/ o juremos con gloria morir”.

El ‘Himno Nacional Argentino’ se debe al doctor Vicente López y Planes –escritor y poeta argentino de la época de la Independencia–, quien inspiradamente escribiera las patrióticas estrofas, presentadas a la Asamblea del año XIII, la cual las aprobó por aclamación. “En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán, a nueve días del mes de julio de 1816”. He aquí las primeras palabras del acta en la que el Congreso de Tucumán declaró solemnemente la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata.  

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