Opinión

Winston Churchill, según la pluma de Alan Moorehead

| 31 de diciembre de 2012

“Cree, llevado de su ingenuidad, que pertenece al círculo de los elegidos, de esos que opinan que un poder superior les ha entregado la vida de los mortales corrientes para que la utilicen como materia prima en la consecución de sus hazañas –escribió Herber George Wells–. Es un hombre fantasioso y poseído por sueños de grandeza. A este respecto sus fantasías oníricas son muy similares a las de d’Annunzio. Si éste hubiera sido inglés, se habría convertido en un Churchill; y si éste hubiera sido italiano, se habría convertido en un d’Annunzio… Churchill ansía por encima de todo un teatro del mundo repleto de rufianes y con un solo héroe: él”.
Acerca de la vida y personalidad de Winston Leonard Spencer Churchill es insoslayable tener presente la obra Churchill, and his World –publicada en Londres por ‘Thames and Hudson’– y traducida del inglés al español por Pilar Bosque Sendra en Editorial ‘Salvat’, Barcelona, 1984. ¿Sus autores? Allan Moorehead y H.B.D. Kettlewll con su prólogo de José María de Areilza y un epílogo de Douglas Sutherland. Sir Winston Churchill nació en el Palacio de Brideshead, Woodstock, en 1874. En 1900 fue elegido diputado por el partido conservador, pasando poco después al partido liberal. Nombrado ministro en diversas oportunidades entre 1905 y 1914, su anticomunismo lo condujo a enfrentamientos con el gobierno liberal, por lo cual en 1924 se incorporó nuevamente al partido conservador. Durante la II Guerra Mundial sucedió a Chamberlain como primer ministro entre 1940 y 1945, y dirigió las fuerzas aliadas contra las potencias del Eje. Luego del triunfo conservador de 1951, fue otra vez primer ministro hasta 1955, manteniendo durante esta época una intensa colaboración con Estados Unidos. Ese mismo año se retiró de la vida política. Sobresaliendo como escritor, Churchill es autor de varias obras históricas y de su autobiografía. En 1953 le fue concedido el premio Nobel de Literatura por la Academia Sueca. Este célebre estadista murió en Londres en 1965, a los noventa y un años.
Los autores de esta espléndida biografía desarrollan el contenido del libro en 9 capítulos: ‘Churchill, un hombre de crisis’ y ‘Un período estéril e infeliz’. ‘Oficial, corresponsal de guerra, diputado y ministro’ y ‘Primer ‘lord’ del Almirantazgo’. ‘Ministro con Lloyd George y nuevo cambio de partido’ y ‘La voz que clama en el desierto’. ‘Sólo puedo ofrecer sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor’ y ‘Victoria y derrota’ y, en fin, ‘Retirada a la leyenda’. “Las crisis de la carrera de Winston Churchill no fueron necesariamente las de su vida personal”. Así inicia su “sintética y pictórica biografía” la pluma de Alain Moorehead. Y el ya fallecido exministro español José María de Areilza en su prolegómeno nos lo recuerda. No convendría olvidar que el señero estadista británico en su ámbito privado vivió días de apasionada emoción sentimental. Porque, en efecto, era un clásico reflejo del “establishment” victoriano –como hijo del duque de Marlborough–, directo descendiente del afamado ‘Mambrú’ de la Guerra de Sucesión española que facilitó la llegada de los Borbones al trono de Madrid. Su madre era norteamericana, hija de Mr. Jerome, hombre de negocios y muy reconocido deportista. La esposa de Jerome –abuela de Churchill– descendía, a su vez, ¡sorprendente genealogía!, de los indios pieles rojas de la tribu ‘Iroqui’. “Con todo, he de reconocer que mi misión hubiera sido infinitamente más difícil, sin su generosidad y entrega”, escribió de él Dwight D. Eisenhower, el expresidente de los Estados Unidos.

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