Opinión

La verdad y la justicia: la causa del ‘feminismo’

| 14 de mayo de 2012
“Solía dar rienda suelta a los pensamientos mágicos, cuando los problemas parecían insuperables –escribía Gloria Steinem–. A menudo se centraban en los hombres. Ahora, en vez de ello, siento mi propia fuerza, obtengo placer en la compañía de los mortales y ya no creo en los dioses. Excepto en los que hay en cada una de nosotras”. “Hace más de treinta años descubrí lo que sentí ser la verdad y la justicia, la causa del feminismo. No sólo para vivir mi vida, sino también para mi pensar la vida”, señala la escritora Elena Lasheras Pérez en el libro La Agenda de las Mujeres. Viejas y libres. 2012, en ‘horas y Horas’, San Cristóbal, 17, Madrid, 2011.
“Ahora, treinta años más tarde, al ver y sentir que aquello que descubrí entonces sigue siendo mío en el ahora, me da una cierta firmeza, me produce un sosiego dispuesto a todas las indulgencias. Hasta la más difícil, que es reírme de mí misma”, prosigue la española Lasheras Pérez. A su parecer, indulgencia y sonrisa vienen a constituir la compensación de la “inseguridad y temor de los días pasados”. Aquel miedo al no ser, al vacío, a la desolación. Nos revela que, transcurridas las décadas, debiendo encarar por cuenta propia los arrecifes de la vida y de la muerte, aquel temor se había ido desvaneciendo. “Cuando nada hay sino el riesgo, ya nada puede temer –agrega–, y entonces aquello que amé ha vuelto a presentarse: la causa de la verdad y la justicia, la causa del feminismo”.
Evocando a la ensayista y filósofa María Zambrano, diríamos: “Sólo lo que no se ha podido dejar de querer, ni aun queriendo, nos pertenece”. Pues, en efecto, el pavor a la burla y a la áspera desolación, es capaz de invadirnos hasta la angustia. Incluso puede conducirnos a la rendición. Suele decirse que, con el tiempo, “todo se pasa”. Naturalmente sería un enorme consuelo, si no “pasara” también nuestra propia vida. Lo sustancial, por tanto, es que en el corazón “el tiempo no pasa en balde”. De modo que aquella angustia de transitar por la vida alcance a transformarse en “alegría y dicha del caminante”.
“Estoy segura de que el signo de la vida de las mujeres mayores es y será la risa”, continúa la escritora Elena Lasheras. “La risa juntas en un entremujeres cómplices y libres para bailar, viajar, reir y… también para indignarnos. Y no callar ni debajo del agua”. “Cada una de las acuarelas de mujeres que ilustran esta ‘Agenda’ es el reflejo de una vivencia, una emoción. Son parte de una colección de acuarelas y grabados, titulada ‘mujer 360’, en homenaje a la mujer libre y fuerte”, escribe la ilustradora Toñi López. Y agrega: “Mujer 360 es la última exposición de ‘aquafonía’, un proyecto muy personal que me permite canalizar mis distintas incursiones en la acuarela, el grabado, la ilustración y el cuento infantil. Un diálogo de creaciones que trato de acercar a mi público, esencialmente la mujer”.
La Editorial ‘horas y Horas’ de Madrid nos recuerda sus “20 años” de vida. Con sus colecciones ‘La cosecha de nuestras madres’ y ‘Cuadernos inacabados’, ‘Las femineras’ y ‘Todas eran valientes’. De ‘1991 a 2012’, las traducciones al castellano de obras de Vandana Shiva y Nawal el Saadawi, Audre Lorde y Ellen Kuzwayo, Sophie Bessis y Luisa Muraro. Y autoras publicadas como Clara Campoamor, María Laffite y tres títulos de la mexicana Marcela Lagarde.
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