Opinión

‘El sendero de la niebla’, novela del gallego Bernard Durán

| 08 de enero de 2008
El sendero de la niebla representa la segunda novela –en la cual muda de género para penetrar en el thriller– del escritor vigués Bernard Durán, nacido en 1963, seudónimo de Bernardo López y López Ríos, diplomático de profesión y en la actualidad Segunda Jefatura de la Embajada de España en Riga, capital de Letonia. Anteriormente había publicado en 1990 el ensayo Pontevedra: de la leyenda a la historia y su primera novela El hombre que vio nacer a Dios, salida de imprenta en 1998, una narración tanto personal como de valoración espiritualista. “Hay novelas que son como grandes trenes de mercancías que llevan una gran carga, ya sea filosófica, histórica o de reflexión. Yo, en cambio, decidí afrontar la mía como una montaña rusa, en la que el lector se divierta”, explica su autor la intención que tuvo al iniciar el texto y la composición de esta reciente obra, publicada en ‘Grand Guignol Ediciones’, Grado Cero Narrativa, Madrid, 2007. “Nuevamente a mis padres Bernardo y Mercedes. Quienes se merecerían no dos dedicatorias sino dos mil. Y a la memoria de Lucas”, figuran como dedicatarios al frente de la publicación.
Si nos atenemos al contenido argumental, conviene recordar que, durante el verano de 1970, la mujer y el hijo del ambicioso empresario Cosme Díaz-Williams se suicidan trágicamente. Transcurridos treinta y cuatro años, Don Cosme, ya jubilado, encarga a un joven escritor llamado David Morán el texto de su biografía. En cuanto David entra en el palacete del empresario, el escritor presiente la sensación de haberse hallado antes allí, a la vez que comenzará a tener extrañas visiones relacionadas con la pasada tragedia. Pronto intuirá que aquellos hechos transmiten un dramatismo de mayor complejidad. Se interrogará por qué la persistencia en su pensamiento del déjà vú? ¿Evocaciones de su infancia? ¿Estuvo de niño en aquella casa cuando sucedieron las muertes? ¿Habrá sido testigo de las mismas? ¿O acaso todo ello es propio de su imaginación? ¿O tal vez habría que indagar en lo extraordinario que se contrapone férreamente a su inteligencia tan racionalista? En la línea de la novela policiaca, progresivamente las páginas van avanzando en tensión y suspense casi cinematográfico. “Mis fuentes de inspiración –nos confiesa Bernard Durán– se encuentran en la literatura anglosajona, sobre todo en autores como Edgar Allan Poe o bien Stocker. También en el cine, películas como ‘Rebeca’ de mi admirado Alfred, el director de la intriga por excelencia”. Asimismo afirma: “Mi novela está pensada para Galicia y sería difícil enmarcarla en otro lugar. Se desarrolla en la costa lucense, en la ‘Mariña’ del Cantábrico”.
En el ‘Epílogo del autor’, Bernard Durán nos revela que “cuando comencé esta novela la idea de una venganza de ultratumba me pareció seductora. ¿Puede alguien recordar su propio asesinato? ¿Puede vengar incluso su propia muerte? ¿Puede la víctima llegar a convertirse en verdugo? La respuesta, en todos los casos planteados, es un rotundo no. Pero curiosamente una de las más antiguas tradiciones espirituales del ser humano, la reencarnación, me permitía elucubrar sobre esta posibilidad excepcional”. El escritor gallego, no obstante, testimonia que no es “reencarnacionista” sino, sencillamente, “agnóstico”. Insiste, pues, en que se trata de una obra de ficción, no en un alegato en pro de la teoría de la reencarnación. Son célebres en tal sentido los estudios del doctor Ian Stephenson, neurólogo y psiquiatra de la Universidad de Virginia en Estados Unidos. “Criptomnesia” o memoria oculta o telepatía. El misterio está narrativamente servido.
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