Opinión

La peor crisis de la UE

En medio de la vorágine provocada por la crisis griega y la dimisión de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, Alemania y Francia, el eje geopolítico sobre el que gravita la UE, están explorando una reorganización radical de la Unión Europea para hacerla “más pequeña e integrada”, en un esfuerzo para asegurar el futuro de la moneda común.
La peor crisis de la UE
En medio de la vorágine provocada por la crisis griega y la dimisión de Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, Alemania y Francia, el eje geopolítico sobre el que gravita la UE, están explorando una reorganización radical de la Unión Europea para hacerla “más pequeña e integrada”, en un esfuerzo para asegurar el futuro de la moneda común.
Este modelo, anunciado por el presidente francés, Nicolás Sarkozy, parece afianzar la ya conocida “Europa de dos velocidades”, con los países de la eurozona moviéndose a mayor velocidad que el resto de la UE. Incluso se prevé la posibilidad de que uno o varios países de la UE abandonen el euro. Sin embargo, esta especie de predominio del ‘núcleo duro’ franco-alemán y la certificación de una Europa bicéfala en lo que respecta a sus economías son aspectos que provocan una fuerte oposición en varios países de la UE, especialmente Polonia, uno de los nuevos miembros con un peso político considerable.
Desde cualquier perspectiva, la UE afronta su peor crisis precisamente en 2011, cuando se cumple la primera década de entrada en vigor del euro. Las caídas de los gobiernos de Papandreu y Berlusconi en Atenas y Roma dan a entender el estado de confusión política fraguada por una crisis económica aparentemente indetenible. El Banco Central Europeo acaba de anunciar una recesión aún mayor en la UE para el 2012 mientras que la crisis griega y el elevado nivel de riesgo de la economía italiana, colocándola al borde de un nuevo rescate financiero para la UE, están alterando sensiblemente la estabilidad del euro.
En medio de esta zozobra, diversas tendencias populistas y xenófobas parecen estar renaciendo en varios países europeos, con claras perspectivas electorales a corto y mediano plazo. La esperada (y necesaria) caída de Berlusconi, siendo éste el quinto primer ministro de gobierno europeo que cae en los últimos tiempos, poco ayudará en recrear la confianza en las economías europeas. Muchos comienzan a dudar si es realmente importante salvar el barco europeo cuando no se avizoran soluciones factibles a mediano plazo.
Mientras una sociedad civil ‘indignada’ comienza a cobrar protagonismo, se alzan las voces sobre un tema tabú: si la UE realmente tiene futuro como proceso de integración y, en particular, su bastión principal, el euro. Nadie se hace ilusiones ante la carencia de liderazgos visionarios y las críticas por la falta de consenso democrático en Bruselas, actualmente atenazada por el predominio del eje Berlín-París. Aunque seis décadas de proceso de integración no parece que puedan desvanecerse a corto plazo, es posible que la actual sensación de “sálvese quien pueda” signifique el preludio que anuncie el epílogo de la UE.

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