Opinión

¡Milagro!, ¡Milagro!

A mi hermano Antonio, fino futbolista y “pisador” eximio.Hay tanto agnóstico y ateo en este mundo que descree de la posibilidad del milagro, pero aquí estoy yo para refutarles.
¡Milagro!, ¡Milagro!
A mi hermano Antonio, fino futbolista y “pisador” eximio.

Hay tanto agnóstico y ateo en este mundo que descree de la posibilidad del milagro, pero aquí estoy yo para refutarles.
El miércoles 15 de octubre de 2008, data memorable que está ya escrita con letras de oro en la Historia Deportiva de la Humanidad, la selección adulta de fútbol de Chile derrotó a su homónima de Argentina por un gol a cero (pudieron ser más, pero los postes y la fortuna trasandina impidieron una goleada de proporciones). El mejor jugador del orbe, la ‘Pulga’ Messi, literalmente desapareció del campo de juego, merced a la eficacia de los cancerberos chilenos, que no le perdieron pisada; lo mismo les ocurrió a Milito y a Ledesma y Agüero…
No pude dejar de recordar a mi padre gallego, tan admirador de los argentinos; de su “Buenos Aires amada”, de su cultura, sí, pero sobre todo de su atildado fútbol, que nos trae a la memoria la frase célebre de un comentarista chileno: “Los ingleses inventaron la pelota de cuero; los argentinos le pusieron el manguito”, aserto para el bronce que sintetiza esa capacidad notable de trasladar el balón pegadito al botín, sorteando rivales por medio de permanentes y variadas fintas o ‘cachañas’… Para los inadvertidos, la cachaña es un pájaro rastrero que abunda en la pampa argentina, que se desplaza muy rápido y elude a sus depredadores con movimientos ágiles y sorpresivos… La analogía resulta, entonces, muy apropiada.
Bueno. Mi señor padre, cuando se enfrentaban chilenos y argentinos en el césped de las airosas batallas, siempre aplaudía a nuestros eternos rivales y no disimulaba su preferencia… Un día le enrostré su actitud, apelando al menesteroso expediente nacionalista: “Usted vive en Chile hace cuarenta años, su mujer, sus hijos y sus nietos son chilenos, y tiene que ‘hinchar’ por los chés… Cándido Gallego respondió, tranquilo y retranqueiro: “No es cosa de nacionalismos, huevón, sino de calidad futbolística… Mira, esos que visten la camiseta albiceleste son diestros y elegantes en el balompié; los de camiseta roja, a duras penas patean la pelota…”.
Lapidario y certero. Pero llegaría Bielsa, notable entrenador, para transformar a nuestros jugadores en verdaderos cracks: veloces, hábiles, cachañeros… y mañosos, también, porque sin la picardía teatrera de argentinos y uruguayos –también de brasileños– no se completan los requisitos para triunfar, aunque sea metiendo goles con la mano (Maradona dixit)… Hasta que se produjo la proeza, hermanos de allende Los Andes, y por lo que resta del mes de octubre –mes de la Raza, no lo olvidéis– dejaremos de lado la artera crisis internacional y planetaria, para celebrar un triunfo tan aguardado –emblemático, dijo un cultísimo cronista deportivo– y reforzar el ego chilensis, tan venido a menos en las competencias alabadas por el poeta Píndaro (no, no es futbolista, tampoco italiano; es rapsoda griego).
El fútbol es pasión de multitudes. Ningún otro deporte o espectáculo congrega a miles de millones de fanáticos de todas las edades, procedencias, ideologías varias, credos religiosos, clases sociales y etnias… La metáfora de la ecumene es una pelota de fútbol, no cabe duda… Propongo que las acciones de la Bolsa, depósitos a plazo, debentures y otros papeles falaces, sean cautelados por los clubes de fútbol, según su presencia en las canchas del universo mundo. De este modo y de acuerdo al impresionante volumen de dinero que recauda el deporte-masa, los especuladores del Capitalismo Salvaje, que nos gobiernan sin contrapeso, no verían peligrar sus finanzas ni padecerían la amenaza del caos, del Apocalipsis, que significa el desplome de los iconos de Wall Street… Miraríamos las pizarras electrónicas del Becerro, donde destacarían Boca Juniors, Real Madrid, Manchester United, Juventus, Benfica… con sus guarismos accionarios en constante alza… ¡Qué maravilla!
Se me ocurren estas locas ideas –ni tan descabelladas– amable lector, quizá obnubilado aún por la estremecedora victoria del pasado 15 de octubre, que trajo, además, un considerable aumento en la ingesta de cerveza, pisco y vino (en este orden decreciente) otorgando nuevo impulso a las industrias de bebidas espirituosas (que no espirituales), y así, de paso, respaldando sus acciones bursátiles. Doble o triple beneficio, pues.
Y aunque no esté en la memoria deportiva oficial, recuerdo que en 1957, en viaje de estudios escolar a Buenos Aires, nuestro equipo de fútbol de Don Bosco –donde yo jugaba de back wing izquierdo– venció a un combinado argentino de los salesianos, por dos goles a uno… Y eso que tuvimos al árbitro en contra…
Dicen que San Pedro es hincha de River Plate… A mí me sigue gustando Banfield, porque el verde de su camiseta me refresca la esperanza.

¡Milagro!, ¡Milagro!