Opinión

Kosovo ¿libre?

| 19 de febrero de 2008
¿Es posible la independencia de Kosovo? Este rumor semioficial realizado la semana pasada de declarar la independencia de la ex región autónoma serbia para el 17 de febrero alienta todas las expectativas y alarmas en los Balcanes y el resto de Europa.
Independientemente de la fecha, todo parece indicar que Kosovo se convertirá en la última porción territorial independiente que entierre definitivamente aquella entidad estatal que una vez se llamó Yugoslavia. Los kosovares tienen el apoyo frontal de la Unión Europea y EE UU, y la complacencia tácita de vecinos como Croacia, Bosnia-Herzegovina y Eslovenia, siendo este último país el que actualmente ocupa la presidencia rotativa de la UE.
Contra esta fórmula, es lógico que Serbia observe con preocupación el hecho de que su “patria histórica” se independice. Rusia se alía a los serbios oponiéndose a un Kosovo independiente y amenazando a Occidente, mientras países como Grecia, Macedonia y Turquía mantienen una posición moderada pero no menos incómoda.
Muy pocos cuestionan el derecho de los kosovares a poseer un Estado independiente, a pesar de las también legítimas reclamaciones serbias. Era evidente que el tema kosovar ejerció una fuerte influencia en las recientes elecciones presidenciales serbias y la posible victoria de los nacionalistas liderados por Tomislav Nicolic, aunque no la más decisiva.
En Belgrado asumen desde hace tiempo que Kosovo es independiente de facto, por lo que no existirá una reacción inmediata contraria más allá de las consabidas protestas y cierta retórica catastrofista. El recién reelegido presidente Boris Tadic parece estar más en sintonía con la aceptación de un Kosovo independiente que acerque a Belgrado a la Unión Europea.
Pero no es menos problemático el problema en Serbia, con posible efecto expansivo en los Balcanes. Un repunte del nacionalismo serbio radical puede suscitarse, aupado por el éxito electoral de Nikolic que casi le lleva a la presidencia. La minoría serbia en Kosovo también puede ser motivo de alarma regional, toda vez acepte someterse a la legislación del nuevo Estado, de mayoría albanesa y religión musulmana, aunque con claro síntoma laico.
Como en Kosovo, poblaciones de origen albanés existen en Montenegro, Macedonia y Bosnia-Herzegovina, razón por la cual habría que ponderar cuál sería el efecto de un Kosovo independiente en esas minorías y esos Estados, algunos de ellos institucionalmente frágiles, como es el caso bosnio.
El presidente kosovar, Hashim Thaci, fue el líder del grupo paramilitar Ejército de Liberación de Kosovo, cuya impronta nacionalista le ha llevado a cierta virulencia similar a la de sus odiados enemigos, los radicales serbios. Con un Kosovo independiente, ¿recreará Thaci su noción de una “gran patria albanesa” en los Balcanes?
La pobreza en Kosovo sigue siendo un problema social con cada vez mayor impacto político. Con tropas de la ONU y la OTAN aún en su territorio, el crimen organizado, el narcotráfico y las mafias siguen campeando, lo cual ha dado razones a que diversos analistas y políticos consideren a Kosovo una especie de “narco-estado” o Estado fracasado.
Así que Europa tiene una nueva ‘patata caliente’ en sus manos, nada más y nada menos que en la explosiva región balcánica. ¿Es un Kosovo independiente la solución? Puede que Kosovo se independice pero no que se libere de sus fantasmas históricos. La fórmula suscita más dudas que certezas.
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