Opinión

Herencias y emigración

| 12 de marzo de 2009
Cada año millones de euros y tierras quedan sin pasar a sus legítimos herederos por encontrarse en la emigración. Ni la Xunta de Galicia ni los bancos en los que están depositados tienen el deber de buscar a los legítimos herederos como por ejemplo, en el resto de Europa o Estados Unidos.
El número de gallegos que fallece en la emigración anualmente supera a los 4.800 dejando una cantidad de bienes en Galicia que bien no son reclamados por nadie o lo son por los descendientes en los países de emigración, que al final desisten ante la cantidad de trabas burocráticas y los altos costos de los derechos de sucesión (impuestos) que deben pagar en el Estado español por la herencia recibida.
Después de 20 años del fallecimiento, el dinero de una cuenta bancaria, en caso de que no hubiese reclamaciones, pasa al Estado. Son muchos los que sabiendo la situación esperan para ‘desaparecer’ el dinero a su debido momento o se deciden a apropriarse de bienes inmuebles que no les corresponden.  
Pero en la Galicia agraria, abandonada a su suerte, despoblada, de las provincias de Ourense y Lugo, principalmente aunque no exclusivamente, encontramos serios problemas a la hora de legitimar ciertos derechos sobre la tierra. Muchas veces uno de los herederos llevaba 20 años emigrado en Iberooamérica, y a comienzos del siglo XX y muy entrado el mismo era muy difícil encontrar a los legítimos herederos por parte de la familia que había quedado en el país.
La no aparición de los herederos provocaba la apropiación indebida de bienes y tierras en la zona rural, principalmente en Santiago y Pontevedra, con una gran cantidad de ‘amaños’ en escrituras y lindes de tierras que muchas veces, al regreso después de décadas de los legítimos herederos, terminó con relaciones familiares y con la pobreza de muchos retornados.
La situación económica en los países de acogida de la emigración gallega hace que muchos emigrados vendan los derechos sobre sus tierras a personas que se aprovechan de la necesidad del momento. Tras la crisis del ‘corralito’ argentino muchos gallegos vendieron a promotores inmobiliarios que se trasladaban expresamente desde Galicia a Argentina, derechos sobre futuras herencias o terrenos ya heredados.
El estallido de la burbuja inmobiliaria traerá como lógica consecuencia que los terrenos valgan mucho menos y los emigrados se resistan a vender y los futuros compradores se resistan a abordar un avión para comprar terrenos, que seguramente serán pasto de las llamas en los incendios forestales con los que los gallegos desnaturalizados gustan destruir el país verano tras verano.
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