Opinión

Hambre con culpables

| 25 de julio de 2011
De hambre es la peor manera de morir para cualquier civilización humana. Es espantosa para el que la sufre e inabarcable para la imaginación de aquel que come. Pero es también peor que las guerras con todas sus bombas, que todas las invasiones y violaciones. La tolerancia al hambre de otros es el mayor horror que ha cometido la humanidad en toda su historia, más que ningún plan de exterminio ejecutado sobre poblaciones enteras de otros inocentes. Nada es tan culpable para toda la sociedad de este planeta como un solo muerto de hambre como los cientos de miles que estos días resucitan informativamente en el cuerno de África. Porque no son necesarias concesiones de territorio, no cuestan más que cualquier pequeña guerra, no implica ninguna cesión de nadie; no hace falta más que un pedazo de pan para atajarla. El día que muchos de ustedes, lectores, dejen de considerar demagógico y oportunista un artículo sentido y emocionado como éste, empezarán a odiar a aquellos políticos de países, de provincias y de ciudades, que le dicen que no está a su alcance acabar con el hambre de otros países, provincias o ciudades. Y entenderemos que no hay Estado en el planeta –en este siglo del mayor excedente alimentario de la Historia– que pueda tener ni una avioneta ni un teatro mientras alguien de la misma especie, en el lugar que sea, se muera por no comer. Ese día recuperaremos la conciencia de especie, si es que la tuvimos algún día.
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