Opinión

La gallega Concepción Arenal y la filantropía cristiana

| 07 de octubre de 2008
Concepción Arenal, la egregia mujer ferrolana de Galicia, fue una de las mentes más lúcidas y lucidas de la historia de la medicina hospitalaria debido a sus aportaciones en el ámbito de la curación de los enfermos; también en la asistencia sanitaria y psiquiátrica, en la higiene y en el “rol” de la mujer dentro de las diversas instituciones relacionadas con el cuidado de los enfermos. “Con ella nace el feminismo en España, pues rompe con la tradicional marginación de la mujer, reclamando su protagonismo en todas las esferas de la vida social”, me comenta Francisca Díaz Rojo de Lamas desde su casa de ‘Abresa’ en Valdoviño, esplendentes costas gallegas de Ferrol, enamorada de su tierra en el Occidente de Europa, donde el marinero por veces se debate entre la vida y la muerte en el mar.
Estudios penitenciarios, Cartas a los delincuentes y El visitador del preso constituyen –enmarcadas en una tan densa como prolífica obra– una trilogía de su pensamiento de penalista admirable, rebosante de gritos de piedad, consuelo y angustia. Traducida a varios idiomas, al principio fue más valorada en países extranjeros, en los cuales fue tenida en cuenta como una auténtica autoridad internacional en la materia, creadora de doctrina propia, y sin continuar escuela penitenciaria alguna. Durante aquellos años se le reservó un lugar de honor en todos los congresos penitenciarios de Europa y Estados Unidos. Curiosamente en ellos participó sin haber estado nunca presente de manera física, ya que no quiso salir de su país. Sus magistrales ‘Informes’ representan una inteligente y anticipada visión de muchas cuestiones problemáticas futuras.
Además de las excepcionales figuras de Rosalía de Castro y Emilia Pardo Bazán, durante el siglo XIX, Concepción Arenal se estima como el tercer espejo luminoso de la Tierra Gallega. Poeta y novelista, autora dramática y de zarzuela, Concepción Arenal escribe, en cuanto periodista, en numerosas revistas especializadas tanto de España como fuera de ella, bien pertrechada de sus conocimientos de los idiomas francés e italiano. Firmó numerosos artículos en la prensa gallega y en la de la emigración en Cuba.
La ilustre penalista Concepción Arenal murió en Vigo el 4 de febrero de 1893, tras una grave enfermedad. Más tarde, la publicación de sus obras completas –en 23 tomos– fue costeada por su hijo, alcanzando varias ediciones.
Pensadora modesta y siempre inconformista, la ferrolana Concepción Arenal manifestó a lo largo de su vida una incesante fuente de bondad y cariño, al igual que un hondo sentido de justicia. Indelebles huellas de sus ideas filantrópicas cristianas –no exentas de algunas concomitancias con el denominado ‘socialismo utópico’– y de una rebeldía liberal. “La gran Concepción Arenal –me confiesa mi admirada señora Francisca Díaz, a cada instante defensora de los valores sociales de Galicia y de la cultura cristiana– obtuvo, no obstante, un tardío reconocimiento en su ciudad natal, ¿sabes, Isaac?, pues fue la última de todas las ciudades españolas que erigieron una estatua en su respetada memoria”.
Más acciones:

Crónicas de la Emigración en la red

Boletín de noticias

Si quiere recibir información actualizada de Crónicas de la Emigración, envíenos su correo electrónico.
Suscribirse al boletín

Hemeroteca