Opinión

Exhortación a la fiesta y al condumio

Para Antonella, Diego, Francesca y Pía.Amable lector, excúsame estas infidencias familiares, pero tú bien sabes que los gallegos llevamos la familia connosco siempre y la mentamos con agarimo ancestral… Sucede que nuestro hermano Juan Luis ha convocado a una mata de porcos en su finca de solaz, en San Manuel, fiesta sacrificial y condumio glorioso que se hace aquí en el invierno austral –julio y agosto– cuando la
Exhortación a la fiesta y al condumio
Para Antonella, Diego,
Francesca y Pía.


Amable lector, excúsame estas infidencias familiares, pero tú bien sabes que los gallegos llevamos la familia connosco siempre y la mentamos con agarimo ancestral… Sucede que nuestro hermano Juan Luis ha convocado a una mata de porcos en su finca de solaz, en San Manuel, fiesta sacrificial y condumio glorioso que se hace aquí en el invierno austral –julio y agosto– cuando la canícula se exacerba en tierras del noroeste ibérico… Pues bien, su prole no le ha llevado el amén para la ocasión, esgrimiendo argumentos, hoy de moda, sustentados en ciertos fundamentalismos de carácter ecológico y proteccionista de la zoología… Se han alzado voces de reprobación, se acusa al toreo (recomiendo ‘El Toreo de Salón’, de Camilo José Cela) y a toda práctica que implique el sacrificio innecesario y cruel de animales, como si la humana crueldad no se ensañase, precisamente, entre estos “lobos del hombre” que somos, prestos a la dentellada descalificatoria y al juicio homicida.
Como tío viejo que soy, padeciente de incontinencia verbal, me he permitido escribir –y dedicar– a mis sobrinos Moure Cominetti algunas reflexiones que a continuación expongo:
“El toreo es una práctica antiquísima que se origina, al parecer, en Creta. Nace del antiguo mito de enfrentamiento del hombre con la bestia, del desafío a la muerte a través del sacrificio cruento –por lo demás, presente en todas las religiones–... En España y Portugal (Iberia), cruce inacabable de etnias, pueblos y culturas, se insertó como la ‘fiesta nacional’ por excelencia, hoy desplazada por el fútbol, ‘deporte’ que adquiere ribetes de brutalidad extrema, sobre todo en los países que presumen de “cultos”...
Pero el toreo no es ‘universal’ en la Península Ibérica. Los gallegos, los portugueses del Norte, los asturianos y cántabros no gustan, en general, de la tauromaquia. Y es un asunto cultural, puesto que para un campesino de la Galicia profunda, zaherir a un animal que presta servicios irremplazables en la Casa y en el campo, resulta absurdo y ‘anti natura’. El toro, en Galicia, recibe el nombre de Boi; es decir, hay el boi capado (buey para nosotros) y el boi íntegro, que equivaldría al toro. Ambos, junto a la vaca, son uncidos al arado y a la carreta, tal y como se hace aún en Chiloé (ver la minga de tiradura de casa)... Porque el toro, en aquellos parajes bucólicos y lluviosos, no es agresivo como en los páramos secos de Castilla y Extremadura, y se deja querer como un animal doméstico y dulce. “Venderon llas vacas, venderon llo boi…”, canta Rosalía de Castro en uno de sus más hondos poemas sobre el tema de la emigración, y lo dice como quien se desprende de sus seres amados para marchar al desarraigo…
Así, cuando un campesino gallego habla de su patrimonio, ‘Facenda’, se refiere, fundamentalmente, a la cantidad de vacunos que posee, a los que se agregan las ‘bestias’ (caballos y asnos) y los porcos.
Por outra banda, el cerdo es uno de los seres cuadrúpedos de mayor y mejor crianza en tierras del noroeste peninsular. Durante siglos, el cerdo fue alimentado allí sobre la base de la castaña, abundantísima, hasta la peste que diezmó las castiñeiras, a fines del século XIX; esto hizo famosos y privilegiados a los jamones galaicos, porque la castaña les otorgaba un sabor incomparable que no se encontraba en ningún otro sitio o comarca de la ancha geografía española.
Somos pueblos eminentemente carnívoros y nuestros ancestros europeos y mediterráneos nos dejaron esa herencia, junto al aceite de oliva, al vino y al pan de trigo o de centeno… Una cultura no se cambia por decreto ni por afanes metafísicos o de elevación al Nirvana… Son procesos lentísimos, que pueden durar milenios… Reparemos en que vamos a celebrar, el 2010, los doscientos años de Chile… Doscientos años, nada, un suspiro en la Historia. Los árabes se establecieron en España durante ocho siglos y aun los rasgos de su cultura alientan en las construcciones, en las técnicas de regadío –no superadas–, en la medicina, en la matemática y aun en la Filosofía, que tradujeron de manera incomparable de los griegos; asimismo en el idioma, donde el dieciocho por ciento de las palabras castellanas, a lo menos, es de origen arábigo.
A mata dos porcos es una fiesta antiquísima, una convocatoria a la alegría y a los placeres hedonísticos que nacen del fuego del hogar, de la vieja lareira… Gocémosla y cantemos elogios al cerdo por su carne enjundiosa y por esos jamones que saben a gloria… Y allá los que quieran purificarse con lechuga o rúcula, que de todo hay en la viña del Señor, hasta gente que bebe agua para alegrarse…”
Amén y Salud.
P.S. Un dato al pasar: Hitler era vegetariano riguroso. Se cuenta que en plena segunda guerra mundial y mientras permanecía en su casa de descanso en Los Alpes austriacos, paseando por un prado, aplastó involuntariamente a una mariposa… Lloró amargamente, ante la consternación de sus secuaces, los mismos que cumplían a cabalidad sus órdenes de exterminio de judíos, gitanos y eslavos en Auschwitz y Treblinka. (Sugiero eximir a Adolf de la mata de porcos en San Manuel de Chile).

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