Opinión

El ensueño de ‘Platerías’ en la Catedral de Compostela

| 07 de octubre de 2010
La fachada del pórtico de Platerías nos saluda con su máxima figura, Cristo Rey, a quien otorgan escoltas severas imágenes de santos. El profeta Abraham –a los pies de Jesús– contempla con admiración a su descendiente. Más abajo, tal vez Moisés, si nos atenemos a los cuernos con que se le representa: evocación de los destellos que se dice se desprendían de su rostro tras el encuentro con Yahvé. Asimismo observamos cinco figuras de apóstoles, de las que, debido a la mutilación de dos de ellas, tan sólo podemos identificar tres: la de San Juan, la de San Pedro y la de Santiago, en cuyo nimbo leemos: “Iacobus Zebedei”. La imagen de Santiago se halla enmarcada por dos troncos de árboles, quizá cipreses. A la diestra de Santiago, el monarca que determinó construir la actual Basílica, igualmente identificado con su correspondiente inscripción: “Alfonso Rey”. Una de las joyas artísticas de la puerta de Platerías –a la zona izquierda de la entrada– es la estatua de David tañendo la viola. “En el tímpano de la izquierda tenemos la representación de las tentaciones de Jesús”, señala el profesor Jesús Precedo Lafuente en su libro titulado Guía de la Catedral de Santiago, Ediciones Aldeasa, Madrid, 2002. Y agrega: “El de la derecha está dividido en dos zonas: la superior representa la Adoración de los Magos. La inferior, escenas de la Pasión. La primera mano de esta fachada tiene dos firmas, la de los maestros Bernardo y Roberto”.
Si tendemos nuestra mirada hacia la parte izquierda, contemplaremos una bella construcción “plateresca” cuya autoría responde al nombre de Rodrigo Gil de Hontañón, maestro del siglo XVI.
La “torre escalonada” que vemos en el extremo sur es la denominada “torre del Tesoro”, puesto que esta zona de la construcción tiene como destino la guarda de ornamentos además de otros objetos de culto. Esa semejanza de su escalonamiento con un “zigurat” o una construcción china, muy probablemente se asocie a una influencia del arte precolombino. No falta algún crítico de arte que estima tales “torres escalonadas” al modo de un homenaje a la Maternidad de Dios. Mas no olvidemos aquella otra –más próxima al edificio de Fonseca– que es conocida como “torre de la Vela”.
Fusión de los estilos gótico y barroco, situada a nuestra derecha, la espléndida “torre del Reloj”. He ahí la primera parte, un cubo gótico realizado en el siglo XIV por mandato del arzobispo don Rodrigo del Padrón. Tradicionalmente se la conoce bajo el nombre de “torre Berenguela”. ¿El origen? Acaso porque la fortificó el arzobispo don Berenguel de Landoira con el propósito de defenderse de los ataques de los burgueses compostelanos. Hay quien considera, no obstante, que tal denominación obedezca “a que la torre es esbelta como la reina Berenguela”. Conviene recordar que la parte del estilo barroco fue llevada a término por el gran arquitecto Domingo Antonio de Andrade durante el siglo XVII. Digamos también que actualmente la maquinaria del reloj fue compuesta por Antelo en Ferrol en el siglo XIX. Como curiosidad, las esferas sólo tienen la aguja de las horas. Hace una década aproximadamente, renovadas, nos confiesan y avisan las dos célebres campanas que nos acompasan con sus cuartos y sus horas.
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