Opinión

Energías

| 14 de marzo de 2011
La clave del problema energético mundial la dio hace unos días, sin pretenderlo, un periodista que le preguntó lo siguiente al ex director de Greenpeace España, que ahora aspira a encabezar un partido político ‘verde’: “Pero cómo esperan ustedes financiarse si no tienen el apoyo económico de las empresas de energía” (es decir, de energía y de los grandes poderes financieros que están detrás de este monumental negocio a corto plazo). El periodista sigue hoy dando lecciones de democracia ‘occidental’ sin ningún rubor y asume, a la vez, que las empresas gobiernen sobre la política. Mientras las empresas decidan la política energética planetaria, como sucede ahora por delegación de una clase política corrupta desde el punto de vista de la propiedad de los recursos y de la salud de la humanidad, todas las medidas serán parches. Todo está relacionado, por ejemplo: ¿cómo es posible que a un millonario del textil le resulte rentable transportar un pedazo de tela de España a China, coser allá las piezas y volver a transportarlo a España para su venta? Y aplaudimos este derroche energético, que sólo es posible con otro derroche de explotación laboral. El poder mediático del lobbie energético es ya tan grande que se sigue suavizando el riesgo de emplear energía nuclear a pesar del aviso tras el terremoto de Japón. O que entiende como un triunfo de la civilización la creciente cultura de los deportes de motor o construir circuitos en el desierto. Sólo lo público puede solucionar esta locura.
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