Opinión

El drama palestino

| 26 de septiembre de 2011
El pasado 23 de septiembre, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, llevó ante la ONU la legítima reclamación histórica del pueblo palestino a ser reconocido como Estado independiente con pleno derecho ante la ONU, en base a las fronteras previas antes de la Guerra de los Seis Días de 1967, es decir conservado Jerusalén Oriental, Cisjordania y Gaza.
Hasta el momento, 124 de los 193 países miembros de la ONU reconocen la legitimidad palestina, un aspecto que no calibraría problemas para que la ONU reconozca al Estado palestino. Pero el arcaico reparto de poder en la ONU, especialmente en un Consejo de Seguridad donde el veto de EE UU finalmente amorteció el reconocimiento del que sería el Estado miembro Nº 194, coloca al problema palestino en una dimensión histórica diferente.
Una dimensión que evidencia el fracaso europeo para ganar peso en la geopolítica global. La Unión Europea acudió dividida y polarizada en su votación, donde pesos pesados como Alemania anunciaron su voto en contra y otros como Francia y Gran Bretaña optaron por la abstención. Incluso París lideró un grupo de países europeos que persuadieron a la ANP a aceptar ser reconocida como miembro observador de la ONU, un rango similar al que conserva el Vaticano.
El debate palestino entra igualmente a colación ante la revolución política y social que vive actualmente el mundo árabe. El aislamiento regional de Israel, sólo ligeramente desvanecido por el apoyo de Washington, intensifica una crisis que puede dar paso a una nueva Intifada palestina, motivada igualmente por la frustración, las desigualdades socioeconómicas y la sensación de incomprensión mundial ante sus legítimos derechos.
No obstante, el solo hecho de llevar la votación al seno de la ONU puede abrir diversas perspectivas en el escenario palestino y de Oriente Próximo, contextualizadas con la actual dinámica de cambios. La paralización de las negociaciones de paz puede intensificarse si Occidente no atiende la reclamación palestina. Pero con crisis abiertas en Libia y posiblemente Siria, difícilmente la comunidad internacional recolocará como prioridad la resolución del problema palestina, aumentando la frustración y perpetuando una injusticia que alimenta la violencia, presente en diversos ámbitos.
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