Opinión

Don Pedro Antonio Cerviño y el ‘Tercio de Gallegos’

| 12 de marzo de 2010
Si consideramos a los ‘Ilustres pontevedreses del Tercio de Gallegos’, inevitablemente habremos de recordar al teniente coronel Pedro Antonio Cerviño, fundador y primer comandante, quien naciera en la verde A Lamosa, parroquia de Santa María de Muimenta, perteneciente a Campo Lameiro, provincia de Pontevedra. Precursor de la Marina Mercante Argentina así como primer director de la Escuela de Náutica del Real Consulado de Buenos Aires. Fue “hijo legítimo y de legítimo matrimonio de don Ignacio Cerviño y de doña Leonor Núñez de la Fuente, vecinos que son de esta referida Feligresía…”, nos invita a evocar aquel documento histórico el ensayista, profesor y Oficial de la Marina Mercante Argentina Horacio Guillermo Vázquez en su libro titulado Héroes del Tercio de Gallegos (Documentos coloniales de los pontevedreses enlistados en el ‘Tercio de Gallegos’: Gloriosos defensores de Buenos Aires en 1807), editado por la Excma. Diputación Provincial de Pontevedra, 2003.
“En un momento impreciso de su tierna adolescencia, Cerviño llega a Buenos Aires, donde vivirá junto al paisano D. Manuel Caviedes, seguramente algún pariente que se habría comprometido con sus padres a cuidar del joven”, escribe el entusiasta marino e historiador Horacio Guillermo Vázquez. Tan rica era su sensibilidad que el interés del joven Cerviño no sólo se dirigió hacia el comercio y la ciencia, sino también a las parcelas espirituales de la propia vida. De modo que en 1774 solicitó ser aceptado en la Tercera Orden Franciscana Seglar de Buenos Aires. Por su memoria flotarían aquellas imágenes de los monasterios que la Orden de los Frailes Menores tenía en Pontevedra. Mas cierto tiempo después se enamoró de la joven porteña Bárbara Barquín, casándose ambos en Buenos Aires el 31 de marzo de 1775.
Por otra parte, se ignora dónde y cuándo llevó a cabo sus estudios de ingeniería que lo impulsarían al conocimiento de las ciencias. A criterio del profesor Vázquez, acaso haya sido en España, puesto que desde la Península fue contratado por el virrey del Río de la Plata, Don Rafael de Vértiz. Tampoco sería descabellado pensar que hubiera realizado tales estudios superiores en el Ejército, sobre todo si tenemos presente que él recibió los fueros militares a fin de integrar como “Ingeniero Voluntario del Exército”, en calidad de geógrafo, la denominada “Partida Demarcadora de Límites”, que dirigía Varela y Ulloa. Estas comisiones de límites –nacidas debido a la estipulación del Tratado de Paz de San Ildefonso, suscripto por los reyes de España y Portugal en 1777– mantenían la idea de fijar las fronteras entre las posesiones españolas y portuguesas de América. El 12 de marzo de 1782, otorgando conformidad a este documento, recalaba en Buenos Aires una nueva comisión, presidida en esta circunstancia por el ilustre marino español Don Félix de Azara.
Mediante cartas náuticas, mapas y otros reconocimientos desde el Paraguay hasta la Patagonia, Cerviño se incorporará a esta “Partida” colaborando infatigablemente. Por su carácter, inteligencia y responsabilidad, pronto será oficial de confianza de Azara, además de excelente amigo.
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