Opinión

Don Félix de Azara y don Pedro Antonio Cerviño

| 18 de marzo de 2010
Don Pedro Antonio Cerviño estuvo durante veinte años al lado del célebre marino español Don Félix de Azara en su época de América. Acompañados de algunos oficiales, entre recónditos parajes del interior del territorio sudamericano, llevaron a cabo un completo reconocimiento de suelos y ríos, lagunas y animales. Mas, sobre todo, establecieron comunicación social con sus diversos habitantes. Azara redactó un estudio acerca de las regiones nativas así como de las diferentes especies del reino animal. Experiencia tan notable que a Pedro Cerviño le quedaría impresa en su memoria y actividades para dedicar la mayor atención y esmero hacia las geografías americanas.
“En el transcurso de los últimos años del siglo XVIII Cerviño tomó contacto con el Real Consulado de Buenos Aires y, por consiguiente, con su secretario Don Manuel Belgrano. Con él compartiría mucho más que esta circunstancial relación, llegando a convertirse en uno de los más fieles y convencidos ejecutores de los proyectos liberales y libertarios del insigne patriota. Lo cual en no pocas oportunidades le ocasionó a Cerviño severos choques contra las autoridades virreinales y consulares”. Así escribe el marino e investigador Horacio Guillermo Vázquez en su libro Héroes del Tercio de Gallegos (Documentos coloniales de los pontevedreses enlistados en el ‘Tercio de Gallegos’: gloriosos defensores de Buenos Aires en 1807), Excma. Diputación Provincial de Pontevedra, 2003.
Conviene recordar cómo en 1798 el tribunal le solicita sus servicios, iniciando la proyección de un muelle para el puerto de Buenos Aires, al igual que el trazado de calles y la construcción de desagües, la reglamentación de veredas y calzadas, y el trazado de una carta “…de grande parte del Virreynato del Río de la Plata…”. Carta en la que figura un escudo del Real Consulado cuyo dibujo es de la propia mano de Cerviño, original conservado en el Museo ‘Mitre’ de la capital porteña. Igualmente comienza la habilitación de otro puerto en la Ensenada de Barragán, el cual proporcionaba inmejorable abrigo a los pertinaces vientos del sudeste, ofreciendo indudables seguridades a tales costas.
Ahora mismo estoy contemplando un retrato al óleo de Don Pedro Cerviño: el único de los conocidos en que se le observa en su juventud. Probablemente pintado poco después de su arribo a Buenos Aires en 1781, cuando contaba veinticuatro años. El original se encuentra en el Museo ‘Casa del Virrey Liniers’ en la capital, “reina del Plata”, y es propiedad de la reconocida Editorial Estrada, cuya fundación se debe a un sobrino del propio marino gallego Don Pedro Antonio Cerviño.
Digna de consideración en torno al irrefutable prestigio y valor profesional de nuestro eximio marino pontevedrés es la reproducción del “Plano, Perfil y Elevación del Fanal o Linterna que se proyecta executar en la cúspide del Cerro de Montevideo”, levantado de su mano, por orden del Consulado de Buenos Aires, el 25 de abril de 1797. Su original se halla en el Archivo Histórico de la Nación (Argentina).
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