Opinión

Don Faustino Irazoqui: desde Vera de Bidasoa a Balcarce

| 11 de febrero de 2010
“La sangre vasca la llevo con pasión”, afirma Don Faustino Irazoki. Aunque nacido en Argentina, hijo de una familia vasca, Don Faustino evoca Navarra, mientras posa para la fotografía del diario La Vanguardia en su hogar de Balcarce al lado de su amada Aida, esposa desde hace más de cincuenta años. “Mis padres, Petra Goicoechea y José María Irazoki, vieron la luz de Vera de Bidasoa. A ‘Chola’, mi señora, le agrada hablar más que a mí. Se explica mejor”, confiesa Don Faustino. Su familia, tras su ineluctable arribo al puerto de Buenos Aires, llegó primeramente a esta región por la zona de La Brava, en la loma de Bustamante, criándose entre ‘tambos’ de vacas ‘Shortton’, con la mirada sumisa en la voz de su papá y de su tío Santos. Años más tarde, en tanto acudía a la escuela del centro Parroquial, residió en la geografía del Monte del Cura, a escasa distancia de Balcarce. Luego, con su familia se trasladó al campo San José, entre Balcarce y Coronel Vidal. Y a principios de la década de 1980, llegó la esperada posesión: “Mucho esfuerzo nos costó comprar ese campo. A las órdenes de mi padre, mi hermano Joaquín se ocupaba de la casa y de la comida, mientras que Antón y Esteban de la siembra, y yo, de los remates”, rememora. En la lejanía permanece aquel 29 de enero de 1956, cuando se casó con Aida Beatriz Martín, su querida ‘Chola’. Y después sus tres frutos: María del Carmen, José María y Juan Carlos.
Con ochenta y seis años, al igual que ‘Chola’, Don Faustino Irazoki se sincera: “Los vascos somos derechos y no me da vergüenza decirlo. Uno lleva la cultura vasca en la sangre. Gracias al ‘Centro Vasco de Balcarce’ gozamos de un hermoso ‘punto de encuentro’. Mis tres chicos, mis hijos, enlazan con la tradición, si bien la que está más próxima es mi nieta, quien ya forma parte del cuerpo de baile de Mar del Plata”. Emocionado, Don Faustino esboza una sonrisa al recordar su viaje a sus orígenes, a su tierra de Navarra, a la casa paterna: ¡Qué sensación indescriptible! Volver a la casita que mis padres construyeron… Estaba igual que siempre”.
Sobre la mesa del saloncito –junto al sofá, las cortinas, los cuadros y platillos, el bastón y el venerado carillón de pared– nos muestra la fotografía del cuerpo de baile en que su dulce hija María del Carmen lo agarra del brazo tiernamente. También, una imagen afable y campechana, con su ‘txapela’ vasca, de Don José María, su papá. En otra, muy de época en el sepia del estudio fotográfico, sus padres, Petra y José María, que abrieron sus ojos al mundo, allá, en los pagos de Vera de Bidasoa y Errazquin. Un retrato ovoidal del Faustino-niño, sentado sobre una mesita, zapato y zoquete. De chiquito, sentado arriba de una mesa, mirando fijamente a la cámaras, junto a su familia, elegantemente vestida, trajes con chaleco, biombo y telones. Y en el paseo, Faustino y ‘Chola’, con sus hijos todavía pequeños, José María, Juan Carlos y María del Carmen, de bebé, en brazos de su madre, en la luminosa ciudad de Mar del Plata, delante del Casino y Hotel Provincial, durante la “temporada” de Fardel, la ‘Ciudad Feliz’.
La sempiterna balcarceña de raíz Marita di Marco, amada sobrina de Susana Berta Beguiristain Salinas, nos ofrece este regalo publicado en La Vanguardia, suplemento del 22-23 de agosto de 2009. Doña Aida, ‘Chola’, tiene sangre española e italiana: “Llevamos más de 52 años de casados. Nos conocimos en un baile…”.
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