Opinión

Después del aluvión ‘tano-gayego’

| 23 de septiembre de 2008
En la esquina la barra anda a vueltas con los temas de Carlos Gardel de su primera época cuando interpretaba canciones camperas. Los muchachos piensan que siendo nacido en Tacuarembó por ahí le vendrán los aires de los payadores al zorzal criollo. Coinciden en afirmar que fue la ciudad, primero Montevideo y luego Buenos Aires, la que cambió el rumbo musical de Carlos Escayola Oliva (su verdadero nombre).
Se acerca don José Gervasio. El viejo periodista jubilado viene a ser algo así como el diccionario particular de los muchachos del ‘Rover’ de Propios y San Martín.
–Nos alegra don José que se haya podido acercar a pesar del viento que hace. Estamos dándole vueltas al tema de Gardel cuando era cantante folklórico. Escuchamos todos sus temas de los comienzos antes de ser famoso. Nos parece que tenía futuro con la canción uruguaya tradicional. Queremos decir que siendo del interior el hablar de ceibos y taperas parece como más cercano a su entorno.
–Bueno…bueno… muchachos. Miren si me iba asustar un vientito de nada con las tormentas que me tocó gambetear en este país lleno de sobresaltos casi diarios. Se imaginan meterse en la catrera con un cambio del dólar a un peso y levantarse estando a 10. Aquellas jodas del grupito de malandras políticos te dejaban echo bolsa y había que recogerte con cucharita.
–Lo entendemos porque usted se fortaleció luchando contra blancos y colorados. Usted que escuchó a Gardel en el viejo local del cine ‘18 de Julio’ nos puede aclarar nuestra reflexión. Puede que se pasara al tango para ganar algún mango al estar los payadores de capa caída en los años 30. Puede que hubiese poco repertorio de huellas, cifras o cielitos.
–La verdad que ustedes son curiosos. Me gusta. Tienen interés por saber en un momento en que la juventud anda bastante perdida. Al hablar de Gardel estamos recordando a una figura de la cultura universal. El hijo no reconocido del coronel Escayola llegó a lo más alto porque tenía un talento inmenso pero además era muy buena persona lo cual ya no es tan común. Se imaginan si no hubiese subido al avión del colombiano Samper que jugó con la vida de sus pasajeros para ganar una carrera.
–Si don José es cierto que queremos saber pero no todos los uruguayos menores de 30 son boludos. Hay muchos que están poniendo el hombro para que el país salga adelante. Por acá la barra quiere que el próximo presidente sea el Pepe Mujica y le vamos a pedir apoyo a ‘Cococho’ Álvarez para que se mueva en el Cerrito. A ver…haga el favor de ilustrarnos sobre los inicios de Gardel.
–Tienen razón. Me estoy perdiendo entre los tomates. Cuando Gardel viene para Montevideo (otro día hablaremos de la famosa Berta) y forma el dúo con Razzano se dedica a cantar temas criollos. Piensen un poco. Las ciudades rioplatenses estaban creciendo pero cuando dan el salto urbano es al recibir el aluvión ‘tano-gayego’. Los emigrantes cambian la fisonomía y moldean el carácter que hoy tenemos los montevideanos. Somos descendientes de los barcos y no tenemos un centímetro cúbico de sangre charrúa. Gardel canta lo único que podía cantar que eran canciones del campo. Así empezó también el gran Pascual Contursi. No podía cantar tangos, muchachos, porque el tango-canción no existía.
–La verdad es que nos perdimos don José. El tango nació antes del 1900. Si Gardel hubiese querido podría haber comenzado con tangos y no con canción criolla.
–No, para nada. La cosa no es así. El tango que nació antes del 1900 es la danza, el baile, pero no el tango cantado. Ojo, no hay que confundirse. Se llevaba bailando unos 40 años antes de que se le pusiese letra de autor. Fue precisamente Contursi el primero en escribir una letra de tango. Con ‘Mi noche triste’ se inaugura el tango-canción y es don Carlos Gardel el que crea un estilo. Es quien marca el ritmo, el compás.
–Parece don José que nuevamente nos abre los ojos. Resulta que Gardel es aún más grande de lo que creíamos y mucho más que un estupendo intérprete.
–Sí, es así. A veces perdemos las referencias pero la historia del tango está muy bien estudiada por argentinos e uruguayos. Hay cientos de trabajos de investigación pero leyendo a Horacio Loriente, Bayardo y Vidart nos enteramos de más de cien años de historia. Piensen en la cantidad de poesía de calidad que hay en la literatura tanguera. Sobre los emigrantes en el tango les recomiendo un librito que me mandó desde Buenos Aires el amigo-poeta Carlos Penelas titulado ‘La emigración gallega en el tango rioplatense’. El autor es un ‘gayego’ que vivió acá de apellido Suárez. Está muy bien documentado. Tiene un capítulo sobre los galleguismos en el lenguaje popular rioplatense que no tiene desperdicio.
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