Opinión

La crisis y el nuevo FMI

| 11 de julio de 2011
A mediados de junio, Mario Draghi, gobernador del Banco de Italia, fue elegido como nuevo presidente del Banco Central Europeo (BCE). Unos días después, la ministra francesa de Finanzas, Christine Lagarde, fue seleccionada como la nueva directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), sustituyendo a su antecesor Dominique Strauss-Khan, destituido en mayo pasado por un supuesto escándalo sexual del cual ha salido librado por testimonios falsos e incoherentes en su contra.
Draghi y Lagarde tendrán un reto en común: la crisis griega. Pero también otros tantos desafíos, mucho más acuciantes en el caso de Lagarde, quien deberá lidiar con la crisis de imagen y credibilidad del FMI tras el escándalo de Strauss-Khan. El mismo día que era elegida en el cargo, el Parlamento griego aprobaba un draconiano programa de austeridad económica en medio de fuertes enfrentamientos y protestas callejeras. Un plan del cual Atenas estaba prácticamente sujeto a los designios del FMI, a cambio de la promesa de un nuevo rescate financiero de 12.000 millones de euros.
El FMI, el BCE y la Comisión Europea conforman la ‘troika’ destinada a dirigir los destinos económicos de Grecia, un país cada vez más convulsionado al estar prácticamente ‘hipotecado’ a los organismos financieros internacionales para los próximos años. La gestión de la crisis griega y la necesidad de evitar su expansión en la zona euro serán retos que ocuparán, prácticamente, la mayor parte de la gestión de Draghi (quien estaría en el cargo hasta 2019), y de Lagarde, quien lo estaría hasta el 2016.
Sin embargo, el FMI de Lagarde deberá considerar otros retos. Su elección evidenció una sutil puja entre las potencias desarrolladas, con EE UU y Europa a la cabeza, y los nuevos polos emergentes en la economía global, como China, Brasil, India y Rusia. Si bien Lagarde obtuvo el apoyo de todos ellos, su gestión deberá afrontar las demandas de reformas internas en el FMI, cuyo principal cargo dirigente siempre ha estado ocupado por un europeo. El reparto de poder entre EE UU y Europa en el FMI y el Banco Mundial (BM) es un aspecto que las nuevas potencias emergentes desean disminuir.
Por otro lado, el FMI, el Banco Mundial y los organismos financieros multilaterales, deberán gestionar otros escenarios de crisis y rebelión. Recientemente, el gobierno transitorio de Egipto, dominado por el poderoso estamento militar, rechazó un paquete de ayudas financieras del FMI y el BM, valorados en aproximadamente US$ 5.000 millones, por considerar que “perjudicaban a su soberanía nacional”.
Con el espectro de la crisis griega en el ambiente y el ejemplo egipcio de ‘rebelión’ contra el FMI y el BM, cabe pensar en la aparición de otros escenarios de crisis en el cual la legitimidad de los organismos financieros internacionales estará severamente en entredicho, complicando o alterando su operatividad. En un mundo azotado por una recesión económica que amenaza con prolongarse a mediano plazo, cualquier escenario de contestación es posible. Puede que Grecia y Egipto supongan dos ejemplos tan disímiles como paralelos.
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