Opinión

‘A Cova da serpe’, leyenda gallega de Friol

| 30 de julio de 2009
Al igual que muchas otras torres y castillos de la Tierra Gallega, alberga sus leyendas la torre de San Paio de Narla, en Friol, provincia de Lugo. Entre las más afamadas figura la titulada ‘Cova da Serpe’, la cual concede su nombre a un monte que alcanza la provincia de A Coruña, no muy distante de la monástica población medieval benedictina de Sobrado de los Monjes. El caso es que uno de los señores de aquella torre o castillo tenía una hija cuyo nombre era Berta o Benta, a quien agradaba pasearse a caballo por los campos que circundaban la fortaleza mas sin alejarse mucho de ella. Gozaba de la contemplación bucólica de todo el paisaje. A menudo también disfrutaba de la conversación mantenida brevemente con algunas de las hijas de sus vasallos: muchachas de su edad, alegres y dotadas de curiosidad y simpatía.
Sucedió cierto día que la yegua que montaba la hidalguita se atemorizó hasta el extremo de que echó a correr desbocada, de tal manera que la jovencita se sintió incapaz de dominarla y refrenarla. Inopinadamente, un muchacho campesino saltó al camino desde la cerca de un labradío y agarró reciamente el freno de la yegua y, merced a un férreo esfuerzo, consiguió detenerla. Esta demostración de valentía, con tintes de heroicidad –o quién sabe si, sobre todo, su masculina y vigorosa apostura–, facilitó que la doncella se enamorase de él. El joven, por su parte, vio en aquella hidalga la aparición de una bellísima ‘fada’ que lo dejó irremisiblemente cautivado.
Ambos jóvenes volvieron a verse. Y plácidamente sentados a la sombra de los robles de una ‘carballeira’, conversaban, enamorados y felices, echando al olvido su tan diferente condición social. Mas el señor de San Paio, llamado don Lopo das Seixas, pronto tuvo noticias de tales amores de su hija con el mozo labrador, que era su vasallo. Amenazó entonces a su hija con un severísimo castillo, en caso de que no pusiera término a aquella no deseada amistad: una verdadera afrenta para él y la hidalguía de sus vetustas y nobles torres y fortalezas señoriales.
En seguida, Benta, tan enamorada y plena de arrojo, dio a conocer al humilde labriego las graves amenazas de su progenitor. Y ambos, en medio de sollozos y besos, decidieron huir monte arriba a la búsqueda de un refugio en otros parajes. Al percatarse de que su hija había desaparecido, el señor ‘das Seixas’ dictó órdenes de que sin más dilación partiesen algunos escuderos así como hombres de armas de la torre-fortaleza, con el fin de perseguir a los fugitivos y asimismo dar muerte al mozo galán y retornar al castillo con su amada Benta. Al oír el galopar de los caballos, los enamorados se ocultaron en una cueva que en aquel monte descubrieron. Se quedaron petrificados de espanto, no obstante, al hallarse delante de una gran serpiente que erguía su desafiante cabeza hacia la joven. El muchacho, sacando un puñal, se interpuso e intentó cortarle la cabeza al ofidio, que logró esquivar el ataque. Con ligereza se enrolló alrededor del joven hasta el punto de dejarlo privado de todo movimiento y posible acción. Joven y sierpe lucharon con fiereza. El mozo golpeó su cabeza. Pero las mordeduras y la presión del reptil acabaron con su vida. La joven, empavorecida, lloró y gritó. Y acudieron las gentes de don Lopo, quieres la devolvieron a su padre y a la torre de Narla. Narración de ‘A cova da serpe’ antologizada por Leandro Carré Alvarellos en su obra Las leyendas tradicionales gallegas, Espasa-Calpe, Madrid, 1983.
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