Opinión

En la capilla de Farruco

| 10 de diciembre de 2010
En la esquina la barra del ‘Rover’ está pensando en las celebraciones del bicentenario de la batalla de Las Piedras. Quieren que la celebración se extienda a lo largo de todo el próximo año en recuerdo de don José Artigas. Es una buena oportunidad para organizar unos festejos culturales que ayuden a recuperar parte del patrimonio monumental de la época colonial que sobre todo tenemos en el interior del país.
–Me enteré de que se recuperó la Calera de las Huérfanas con guita de los vascos. Un buen proyecto concretado que ahora es fuente de ingresos para el departamento de Colonia y sobre todo para la ciudad de Carmelo. Aquella estancia y calera del siglo XVIII era propiedad de los Jesuítas del Colegio Nuestra Señora de Belén de Buenos Aires. Allí, después de la expulsión de los frailes estuvo de administrador el padre del general San Martín. La ayuda de la Agencia de Renovación Urbana de Vitoria-Gasteiz nos permite tener un punto de interés turístico que es muy visitado por nuestros vecinos argentinos.
–Veo, Flaco, que estás muy bien informado. Supongo que por un lado son las raíces vascas y por otro al ser arquitecto te sentís feliz al ver que estamos protegiendo nuestro patrimonio edilicio. Acá es donde yo veo que hay que insistir en la colaboración de la financiación del exterior. Hay que moverse para conseguir que los fondos de la Cooperación Española lleguen al lugar en el que se multiplican rápidamente. Somos un país serio que hace las obras bien y por el precio justo. Otro ejemplo de ayuda bien invertida lo tenemos en el servicio de agua potable que llegará a docenas de escuelas rurales merced a un convenio con el gobierno de España.
–Bueno, don José, la verdad que no me acordé de mi apellido paterno pero mi profesión me hace reafirmarme en que nuestro Frente Amplio lo está haciendo bien. Le invito a que se acerque a la Estancia de Belén para ver los hornos de la calera en una zona de abundante piedra caliza y apreciar la capilla de ladrillo que se comenzó a construir en el año 1741. Ahora que me recuerda a los vascos no me quiero olvidar de los gallegos porque mi madre es una Dorrego –un apellido bien gaita que debería escribirse separado, Do Rego, es decir, Del Riego– que desciende del famoso general argentino.
–Estoy de acuerdo con ustedes en que debemos de firmar convenios para recuperar nuestro patrimonio que se nos cae a pedazos porque a los ‘blancolorados’ les importaba un carajo de la vela que se arruinasen nuestros edificios históricos. Ahora estoy pensando en cuando el ex presidente Lacalle presumía de tener unas tías ‘gayegas’ pero nunca le pidió un mango a la Xunta de Galicia para la puesta en valor de la capilla de Farruco. Les aseguro que su buena relación con el ex presidente Fraga hubiese ayudado mucho si le hubiesen presentado una propuesta razonada de homenaje al capitán Francisco Rodríguez Alonso.
–La capilla está en Durazno, creo que cerquita de Sarandí del Yí, pero no sabía que Farruco fuese el nombre de una persona. Pensaba que era el nombre del lugar. Me sumo a pedir que venga guita de Galicia para reparar la capilla porque así tendremos otro punto de interés turístico en una zona que está lejos de nuestros principales centros de atracción turística. El turismo interno y externo siempre ayuda al crecimiento de la economía local.
–No tenés, querido Tito, la obligación de saber que Farruco es el apodo que en Galicia le dan a los Franciscos.Tengo un buen amigo periodista, Manuel López Faraldo, que escribió un libro titulado ‘Aquellas piedras. La Capilla del Gallego Farruco’. En él nos dice que el militar nació en 1746 en la parroquia de Santa María de Paraños [Covelo-Pontevedra] y que murió cerca de Montevideo en 1806. Era amigo de Martín Artigas, el padre de don José que también era capitán de Milicias. Escribe López Faraldo que en marzo de 1797 “fue allí donde un gallego le cambió la vida a quien años más tarde se convirtiera en el General de los Pueblos Libres”. El emigrante gallego tiene ganado un lugar de honor en nuestra historia porque fueron sus dotes de persuasión las que convencieron a nuestro héroe para ingresar en el recién creado Cuerpo de Blandengues.
–A mí se me ocurre que el Ministerio de Cultura con la colaboración de las intendencias de Canelones y Durazno pueden organizar un Congreso Internacional sobre las luchas independentistas en la Banda Oriental. La sede principal del evento estaría en Montevideo pero se celebrarían al menos dos sesiones en los lugares de los acontecimientos. Estoy pensando en que además de Galicia se debería invitar al Gobierno de Aragón y a la Diputación Provincial de Zaragoza. Recordemos que el abuelo paterno de don José, Juan Antonio Artigas Ordovás, nació en 1693 en el pequeño municipio de La Puebla de Albortón en la Comarca del Campo de Belchite. Como ustedes saben, allí al lado de la iglesia local tenemos un monumento al prócer obra del gran escultor Pablo Serrano que es una copia del instalado en la plaza principal de Rivera. Creo que los aragoneses estarían encantados de colaborar con nosotros. El escultor Serrano además de aragonés vivió acá muchos años siendo un buen amigo de Joaquín Torres García.
–Bien, Flaco, veo que sabés que Pablo Serrano vivió en Montevideo. Supongo que en las clases de Historia del Arte te dijeron que está dentro de los más grandes escultores del siglo XX por la pureza de sus formas en cierta evolución hacia el abstracto similar a la obra del rumano Brancusi. Lo conocí en el Soracabana donde se reunía con los republicanos uruguayos en tertulia de alto nivel cultural. Fue el ganador de tres primeros premios del Salón Nacional de Bellas Artes en 1941, 1951 y 1954. Sería muy interesante el poder contar con algún especialista del Museo Pablo Serrano de Zaragoza que hablase de los años montevideanos del escultor. Si nos movemos bien podemos lograr que se celebre el Bicentenario con actos de calidad. Cuando me encuentre con mi amiga Cristina Fernández le pediré que se lo comente a Galeano y a Viglietti para que ellos que tienen banca hagan un poco de palanca con las autoridades.
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