Opinión

La bella Balcarce y el ‘juego de pelota vasca’

| 08 de enero de 2010
“Desde el siglo XV las referencias a la ‘pelota vasca’ son cada vez más numerosas y demuestran la importancia que tenían los ‘partidos’ para los vascos”, leemos en el Especial ‘Los inmigrantes vascos de Balcarce’, Diario La Vanguardia, Balcarce, agosto de 2009, que tan cumplida como amorosamente nos envió –a Susana Beguiristain y a mí– la bella y encantadora Marita Di Marco, escuchando las músicas tradicionales argentinas en el festival del ‘Cerro del Triunfo’. Rememoramos que una de las formas de juego más antiguas es la “de mano”. Más tarde y, sin duda, para otorgarle una mayor amplitud, debió crearse el “guante de cuero”, mediante el cual se jugaba “a largo”, en la libertad de la plaza y sin pared alguna. Llegó después el juego “de rebote” semejante al juego “a largo”, mas empleándose –además del guante de cuero– la cesta de mimbre o “chistera”. Ésta fue inventada por Gantxki de Iturbide en Laburdi en 1857: con ella se jugaron los destacados “partidos” de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX.
Entre las muchas variantes del “juego de la pelota”, aparte del primigenio “a mano”, también el “de la pala” exhibe su historia. Tampoco olvidemos el juego “en cancha cerrada” o “trinquete”. Una de las más primitivas modalidades es la de juego “a sare” o “red”, de singular espectacularidad. “Hasta mediados del siglo XIX el juego ‘a guante de cuero’ tuvo su primacía. Mas el instante de enorme auge lo hallamos a fines de ese mismo siglo, cuando se practicaba en grandes plazas, primeramente abiertas y después cubiertas, que se construyeron dentro y fuera del País Vasco, en medio de la agilidad con la que rivalizaban los ‘pelotaris”, continuamos leyendo en La Vanguardia (periodismo de primera línea) de la espléndida ciudad argentina de Balcarce, tierras sureñas de la Pampa húmeda y fecunda, provincia de Buenos Aires. Y con el anhelo de reducir el juego a lugares o “canchas” más reducidas, el vasco Gabriel Martirena, quien residía en las afueras de Buenos Aires, creó a comienzos del siglo XX el juego denominado “a paleta” con “pelota de viento”, siendo el más común en el presente.
En cuanto a la música, ¿qué expresar? Para el canto propiamente dicho o bien la dedicada al baile. En ambas vertientes del Pirineo el baile se acompaña con el célebre “txistu” de proverbial antigüedad, tocado con la mano izquierda mientras la derecha bate el tamborcillo. Debido a que la canción vasca es de índole “silábica”, cada nota lleva una sílaba de la canción. La mayoría de las “canciones cantables” son del tipo “andante”, cuya serenidad y gravedad armonizan a la perfección con el carácter humano del vasco. Rehusando cantar al unísono, los vascos en seguida desean formar instintivamente las voces diversas, mostrando sus acordes armónicos. Habremos de evocar ahora aquella primera recopilación de “aires vascos”: la llevada a cabo en 1826 por Pedro de Albéniz para el libro de “danzas vascas” de Iztueta. Afamado es el “Gernikako Arbola”, el “zortziko” escrito por José María de Iparraguirre al “roble”, símbolo de las libertades vascas. Cleto de Zabala armonizó el “Himno de la raza vasca, cuya inspiración se enraiza en las viejas melodías de la “ezpatadantza” viazcaína, con letra de Sabino de Arana. Presidiéndolo todo, el vascuence, la lengua que, por sus rasgos morfo-sintácticos y semánticos, es estimada por los filólogos como de raíz prehistórica, emparentada, entre otras, con las lenguas caucásicas.
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