El voto exterior en las ‘gallegas’ de 2005 superó en cinco veces a las locales de 2007
El requisito impuesto por la Junta Electoral Central (JEC) a los residentes en el exterior para ejercer el derecho al voto en las autonómicas gallegas del 1-M podría suponer un descenso considerable en la participación electoral de este colectivo con respecto a la cita de 2005, a juzgar por la evolución del número de votantes en las autonómicas con respecto a las municipales, en las que el voto es rogado. En las autonómicas de 2005, la participación fue del 34,37% –frente al 7,1% de las locales de 2007–, pero exigir ahora a los emigrantes el DNI o el pasaporte para votar puede hacer descender este porcentaje.
Cuantas más trabas, menor es la participación de los electores del exterior en los comicios que se celebran en España. Así se deduce de la comparativa entre las elecciones municipales y autonómicas convocadas en Galicia desde el año 2000. De los datos se desprende que la participación en los comicios locales –que exigen a la diáspora solicitar el voto para poder ejercer este derecho– es muy inferior a la registrada en las autonómicas, que, hasta la fecha, abrían las puertas al sufragio a todas aquellas personas que pudieran testimoniar su condición de gallegos emigrados, aportando únicamente una identificación censal.
Esto levantó sospechas entre los partidos políticos gallegos, que llegaron a denunciar que con este sistema pudieran llenarse sacas con votos de personas sin identificar, e incluso que pudieran votar fallecidos.
Para evitar que estas sospechas sigan estando en el ambiente en las gallegas del próximo 1 de marzo, la Junta Electoral Central acordó, a propuesta del PP, exigir a los residentes en el exterior la presentación del DNI o de una fotocopia del pasaporte para poder ejercer el derecho al voto.
Los ‘populares’, que temen que se les escape la mayoría absoluta en Galicia por falta de control del voto emigrante, consideran que la medida no acaba con el problema, pero ayuda a ofrecer garantías sobre la limpieza del voto exterior.
Los socialistas, por su parte, se muestran contrariados por la decisión de la JEC y, pese a haber denunciado con anterioridad fraudes en el voto emigrante, creen que la resolución llega fuera de plazo y que supone una traba para que los residentes en el exterior puedan ejercer su derecho al voto.
Los resultados electorales parecen confirmar este extremo, puesto que en las elecciones municipales, en las que el voto es rogado, el porcentaje de sufragios desciende considerablemente con respecto a las autonómicas, en las que sólo se pide identificación censal.
Las elecciones municipales, además de registrar un paulatino descenso en el número de votantes durante las tres últimas convocatorias, también reflejan una menor participación con respecto a las autonómicas.
En mayo de 1999, un total de 39.166 gallegos del exterior tomaron parte en la elección de alcaldes en Galicia, mientras que en las autonómicas de 2001, la cifra de participantes se elevó sustancialmente, hasta alcanzar los 58.537 votos.
Los datos son todavía más clarificadores cuando se comparan las municipales de 2003 con las autonómicas de 2005 –se pasó de 29.495 a 104.852 votos– y éstas con las municipales de 2007, en las que la participación descendió –incluso por debajo de las anteriores locales–, situándose en 22.792 el número de sufragios llegados del exterior.
Con un total de 319.074 gallegos censados en el CERA, en las últimas municipales, la participación fue del 7,1%, frente al 34,37% registrado en las autonómicas de 2005, que contabilizó un total de 305.017 inscritos en el CERA.
El número de censados para la cita del próximo 1 de marzo, en la que está en juego el futuro de Galicia, se eleva a 335.357 personas, lo que supone 30.340 más que en la anterior convocatoria electoral autonómica.