Nacido en la ciudad de Pontevedra, destaca en el sector de la pesca en Montevideo y preside el Centro Pontevedrés

Valentín López, el ‘galleguito de Aires Puros’

Galicia y la provincia de Pontevedra en particular han contribuido en el Uruguay a hacer país; muchos de sus emigrantes encontraron aquí las posibilidades que en esa época eran muy difíciles de obtener en su tierra. La emigración pontevedresa ha sido la más numerosa, fundamentalmente en la primera mitad del siglo XX. Muchos de estos emigrantes se desarrollaron económica, personal y socialmente, de forma impensada.
Valentín López, el ‘galleguito de Aires Puros’
Primer pasaporte de Valentín López.

Galicia y la provincia de Pontevedra en particular han contribuido en el Uruguay a hacer país; muchos de sus emigrantes encontraron aquí las posibilidades que en esa época eran muy difíciles de obtener en su tierra. La emigración pontevedresa ha sido la más numerosa, fundamentalmente en la primera mitad del siglo XX. Muchos de estos emigrantes se desarrollaron económica, personal y socialmente, de forma impensada.


Un pontevedrés que encontró en estas tierras las facilidades para desarrollarse que se hacían difíciles de encontrar en España es Valentín López, nacido en la misma ciudad de Pontevedra y llegado al Uruguay en 1952 de niño junto a su abuela, siendo reclamado por unos tíos que ya habían empezado su historia como inmigrantes.
De su infancia pastando vacas en Pontevedra pasó a una Montevideo en años de prosperidad y crecimiento. Con ocho años empezó la escuela, donde tuvo el honor de ser el abanderado de la bandera uruguaya, distinción que se concede a los estudiantes nacidos en el país y en este caso se le otorgó al joven Valentín por sus méritos académicos a pesar de su nacionalidad, al terminar la escuela se anotó en la Universidad del Trabajo o escuela industrial como se la conocía, donde cursó los cinco años de la carrera en las áreas de mecánica, tornería y electricidad .
En todos los ámbitos donde se movió tuvo que pagar un derecho de piso, su acento le delataba gallego. Esta circunstancia seguramente complicaba un poco su inserción en algunos estamentos de la sociedad montevideana, pero su don de gentes le hizo ir ganando amigos y respeto, era el ‘galleguito de Aires Puros’, barrio donde se crió y sigue viviendo aún, en ese barrio hizo sus amigos y empezó su negocio en la pesca, se casó con una uruguaya de familia italiana con quien tuvo tres hijos, de 34, 32 y 27 años, y dos nietos. Estos hijos optaron por diferentes actividades, sus dos hijas, una doctora y la otra culminando la carrera de ciencias de la comunicación, y su hijo varón lo acompaña en la empresa, gerenciando toda el área de exportación de la misma.
Adquirió en ese entorno varias características criollas, como el asado de los domingos, tomar mate o el ser simpatizante del club Peñarol, equipo que conoció en una de sus primeras salidas montevideanas en el mítico Estadio Centenario,  algo no del todo común entre los gallegos llegados en esa época, ya que un reconocido presidente del club rival, Nacional, José Añón, les daba trabajo en su empresa (CUTCSA) y a cambio los hacía socios de su equipo deportivo.
Volvió recién a su Pontevedra natal a los 33 años luego de empezar a consolidar su situación económica en el país de acogida y si bien no estuvo vinculado desde su niñez a la colectividad más que en los famosos bailes que se realizaban en la quinta de Casa de Galicia, la presencia de un primo llegado desde Galicia acompañando a autoridades pontevedresas lo acercó al Centro Pontevedrés, donde paulatinamente fue dando y recibiendo cariño hasta llegar a la presidencia de la institución que ejerce en estos momentos por segundo mandato. Su acercamiento a la pesca lo contactó con paisanos que lo llevaron a asociarse al Centro Gallego también.
Comenzó sus primeras actividades laborales en una peletería, no conforme con esto cambio de trabajo, desempeñándose en una metalúrgica, área más afín a sus estudios. Su espíritu emprendedor e inquieto le llevó a informarse de las posibilidades que le ofrecía Australia, un boom por esas épocas. Esto sería comenzar una nueva emigración, cosa que  no conformó a sus tíos, quienes se habían responsabilizado de él a la muerte de su abuela, por lo que decidieron incentivar su vocación emprendedora animando la sociedad con uno de sus primos para dedicarse al negocio de la pesca. Así, abrieron una pescadería en su barrio de Aires Puros, comenzando a abrirse su camino en estas tierras.
Su inquietud le llevó a indagar en el proceso de la pesca y los canales de comercialización primero y de proceso luego. Es en ese entonces que abandona tras ocho años su comercio para comenzar su etapa como feriante, con puestos de venta en las ferias vecinales que le empezaron a transformar en el gran empresario que es en la actualidad, comenzando con el alquiler de cámaras frigoríficas y a terminar con un frigorífico pesquero.

Más de cien empleados
Este frigorífico Valymar tiene hoy más de cien empleados a su cargo y una barqueta y cuenta  con varios carriles de venta de pescado fresco y congelado como lo son la exportación, la manufactura, la distribución y la venta a grandes cadenas de supermercados. Las exportaciones que realiza son fundamentalmente a África, China y Brasil y las compras las realiza a lo largo de toda la costa uruguaya que se extiende por unos 600 kilómetros.
López ha dedicado gran parte de su vida a la pesca y esto lo ha llevado a vincularse a la Asociación de Empresarios Gallegos en Uruguay (AEGU), donde ha sido directivo en varias oportunidades. En consonancia con otros gallegos, sus afirmaciones van en el mismo sentido de convenir que Uruguay como tierra de acogida le ha dado todo, retribuyendo también, como tantos otros, con trabajo y esfuerzo lo que el país les ha brindado.

Valentín López, el ‘galleguito de Aires Puros’