Tecnología y emigración, a debate en la Federación de gallegos de Argentina
Con motivo de la conmemoración del ‘Día de la Mujer Trabajadora’, la Federación de Sociedades Gallegas de la República Argentina ha organizado un panel de debate para reflexionar sobre las posibilidades que las nuevas herramientas de comunicación ofrecen a las mujeres de hoy. El encuentro tendrá lugar el próximo sábado día 12 de marzo en las instalaciones de la Federación gallega, concretamente en el Salón Airiños, a las 19,00 horas. La temática de la mesa estará relacionada con las nuevas tecnologías.
La fecha se pospuso del 8 al 12 de marzo –explicó Adela Fernández Cruz, integrante de la Comisión Directiva de la Federación gallega y secretaria de la Asociación de Orensanos Unidos de la República Argentina– en principio, para que no coincida con el feriado de carnaval y en segundo lugar pensando en no superponerse con otras entidades colegas que cada 8 de marzo programan diversas actividades alusivas.
La temática de la mesa estará relacionada con las nuevas tecnologías. En este sentido, Adela señaló que la tecnología nos inunda en todos los aspectos de nuestra vida, “no sólo tiene que ver con la computación, son también los semáforos, los teléfonos, el freezer, el microondas, las playstations. Todo es tecnología”, afirma.
Vinculada con la educación, la tecnología y la psicología social, Fernández Cruz hace un tiempo que comenzó a dictar clases de computación para adultos.
“Empecé con esto por mi profesión y por mi condición de emigrante”, explica y continua: “En el marco de la crisis argentina de 2001, vimos cómo los nietos de emigrantes comenzaban a desandar el camino de sus abuelos. Yo pensaba que eso también le podría estar pasando a mi hijo y en qué sentiría mi papá que fue quien vino con el baúl y conmigo para acá”.
Buscando alguna forma que mitigara el dolor de la distancia, Adela recuerda que encontró la respuesta en un taxista de Buenos Aires que le contó que su hijo se había ido a España y que su señora quería hacer un curso porque le habían dicho que “a lo mejor lo podía ver por una computadora”. A partir de ese momento, comenzó a trabajar con adultos en informática. En aquel momento, apunta, internet permitía mantener una comunicación de una hora por un peso, mientras que la llamada telefónica costaba una fortuna.
Las nuevas tecnologías, en este sentido, abren un abanico de posibilidades que, hasta no hace mucho, no había. Cuando ella y su familia vinieron a la Argentina, una carta de su abuelo –“que por supuesto, dice, no tenía fotos, porque costaban muchísimo”– podía tardar como mínimo tres meses en llegar, sumado a que el abuelo dependía de la ayuda de un vecino porque él no sabía ni leer, ni escribir. Ahora, Adela se mantiene en contacto permanente con esa parte de su familia que sigue viviendo en Mugares, Ourense.
“Hoy las barreras de la emigración se borraron porque cuando te vas podés mandar un mensaje de texto a tu familia, incluso faltando minutos para subir al avión, y cuando llegás mandas otro mensaje y ya saben que llegaste bien, en tiempo real. Antes –comenta– era un mes en un barco, con suerte”.
Por otra parte, contribuye al conocimiento. “A veces –reflexiona– la fantasía de irse, de escapar a un lugar donde no va a haber problemas, tiene que ver con querer ir a otro sitio en el que creo que voy a estar mejor porque lo desconozco”. “Es un poco lo que le pasó a muchos emigrantes nuestros –valora– que vinieron a América creyendo que iban a estar mejor sin pensar que en realidad uno no está tan bien en otro lugar cuando no tiene cerca a sus afectos”.
La tecnología, profundiza Adela, permite el contacto con otra gente y se puede tener una idea bastante aproximada de la problemática de esos lugares y su gente.
Décadas atrás, cuando Adela y su familia emigraron a la Argentina viajaron pensando que se iban a radicar en Buenos Aires pero terminaron en Posadas, en un lugar donde el agua que tomaban era la que se juntaba de la lluvia. “Mi mamá y mi papá –indica– no tenían necesidad de emigrar por eso porque teníamos un buen pasar, un pasar de labradores, como la mayoría del pueblo, pero con una cama caliente y un manantial para juntar agua”. Adela y sus padres –cuenta– emigraron reclamados por un tío sin antes haber comprendido cabalmente la distancia que separaba a Posadas de Buenos Aires y las condiciones con las que se iban a encontrar. Finalmente los tres se trasladaron hasta Buenos Aires, donde residen actualmente.
Cuestión de generaciones
Se han establecido dos categorías muy amplias para encuadrar a las personas en relación con las nuevas tecnologías. Una de ellas está conformada por los llamados “nativos tecnológicos” y la otra por los “migrantes tecnológicos”, explica Adela.
Los nativos tecnológicos son las generaciones que nacieron desde los 90 en adelante. “Cuando abrieron los ojos –ilustra– en el bolsillo del médico ya había un celular o su papá los estaba filmando”. Los nacidos antes integran la categoría de los migrantes tecnológicos que tuvieron que aprender a usar el celular o internet. En los migrantes tecnológicos –gente que ahora tiene entre 50, 60, 70 años o más años– a veces subsiste una barrera que les dificulta el acceso a las nuevas herramientas. “Esa barrera que aparece generalmente ante lo que no se conoce –objeta– nos está privando de esos pequeños placeres como puede ser que una mujer de 60 o 70 años se pueda permitir hablar con su hermana o con sus amigas de la infancia desde cualquier parte del mundo”.
En esta dirección, comentó que a las mujeres mayores las ve todavía con mucho miedo frente a las herramientas tecnológicas que podría contribuir a mejorar su calidad de vida. Herramientas como puede ser Facebook, señala, te permiten reencontrarte con gente amiga con la que perdiste contacto hace años. A ella misma le pasó –recuerda–, hace poco, cuando buscaba datos sobre su madrina, Adela Feijóo Balboa, encontró el mensaje de una nieta buscando familia. “Esa tecnología que asusta porque no se conoce –ahonda– puede dar un montón de satisfacciones como el reencontrarte con esos afectos que pensaste que habías perdido”.
Las nuevas herramientas tecnológicas ofrecen posibilidades que van más allá de la diversión o de la comunicación. Hoy también proporcionan mayor acceso a la educación. Prácticamente se puede estudiar en cualquier universidad y acceder a los contenidos de las bibliotecas del mundo gracias a la educación a distancia y a internet, pero esto requiere conocer el manejo de las herramientas tecnológicas.