LA UNIVERSIDAD ARGENTINA DE LANÚS ACOGE DE FORMA PERMANENTE UN DÍPTICO DE XAVIER MAGALHãES
Sensibilidad con la cultura amerindia
La obra está pensada para un único espacio: las paredes de ladrillo rojo de una antigua estación de ferrocarril hoy reconvertida en universidad. Es por eso que el artista apuesta por un colorido intenso, llamativo, porque "si los colores y el tamaño son débiles", el entorno la "devoraría", aclara. La idea consiste en reivindicar la cultura amerindia, su derecho a existir, a través de la pintura.
La obra está pensada para un único espacio: las paredes de ladrillo rojo de una antigua estación de ferrocarril hoy reconvertida en universidad. Es por eso que el artista apuesta por un colorido intenso, llamativo, porque "si los colores y el tamaño son débiles", el entorno la "devoraría", aclara. La idea consiste en reivindicar la cultura amerindia, su derecho a existir, a través de la pintura y, para ello, nada mejor que un gran mural en el que se puedan entremezclar elementos originarios de América y Europa. La impronta, que quedará para siempre en la Universidad de Lanús (en la provincia de Buenos Aires), es obra del pintor gallego Xavier Magalhães y nace de su especial empatía hacia los indígenas de América.
Un vagón de ferrocarril y un Quijote se entremezclan con la libertad y la sensibilidad que emana de las mujeres pájaro. Son algunos de los símbolos que se muestran en la obra pictórica para unir ambas culturas: el viejo continente en simbiosis con el nuevo; Europa con América, más que enfrentadas, como idea para entender la coexistencia de elementos propios de una y otra forma de vida, fruto del mestizaje.
Así lo quiere el artista, a quien le resulta fácil ponerse en la piel de los habitantes que poblaban América antes de la colonización. Lo suyo es sensibilidad con una cultura "institucionalmente ignorada" que, tímidamente, "reclama sus tierras y su derecho a existir".
Coincidiendo con el 200º aniversario de la revuelta que dio pie al surgimiento del Estado argentino, es el arte el que se hace eco de las reivindicaciones de estos habitantes de la mano de Xavier Magalhães, un pintor con tintes de bohemio siempre dispuesto a volcarse con los más desfavorecidos, especialmente, cuando detrás asoma una cultura milenaria como la amerindia, rica en simbología y de costumbres tan ancestrales como la europea.
Tras un tiempo de convivencia con la población indígena, Magalhães describe a una sociedad que se desarrolla alrededor de los productos típicos de la tierra: patata, batata, zapallos y zapallitos (calabaza y calabacines), chócolo (mazorca de maíz)... Y en ese ambiente se inmiscuye, curioso, el pintor, encantado de dejarse impregnar por estas gentes para plasmar en trazos el resultado de sus observaciones.
‘25 de mayo..., y nosotros estábamos aquí' -en memoria de la ‘Revolución de Mayo' de 1810 en Buenos Aires- es el título elegido para poner nombre al díptico producto de esta experiencia, que quedará para siempre en el Aula Magna de la Universidad de Lanús.
"Se trata -dice Javier Magalhães- de una obra muy pensada para este espacio": el ladrillo rojo de lo que fue una estación de ferrocarril, hoy reconvertida en universidad gracias a la pericia de la rectora Ana Jaramillo, quien "construyó una universidad de una ruina", comenta. Y lo describe como algo encomiable, porque "donde antes sólo había un amasijo de hierros, hoy se imparte cultura", añade.
En uno de los pasillos del Rectorado y sobre un soporte de casi dos metros de alto por casi seis de largo, el pintor va interponiendo colores y entremezclando los elementos de aquí y de allá con una ejecución "vigorosa" que realiza en vivo y en directo.
"Me sentía muy congratulado y muy contento porque lo que estaba realizando iba a quedar allí; iba a ser patrimonio de ellos", confiesa.
Los alumnos circulan alrederor de la obra y siguen su evolución. Inquieren sobre el contenido y eso, para el pintor, es "muy reconfortante", porque es la manera de percibir "si el ambiente es propicio".
Tras esta nueva experiencia, es consciente de que "las nuevas juventudes están muy sensibilizadas" con los derechos de estas culturas, relata Magalhães, quien asegura que recibieron la obra "con enorme sensibilidad". "Han entendido el significado; se han sumergido dentro del proceso creador", apostilla.
Su misión en Lanús, a donde llegó de la mano del también artista y amigo Rubén Borré -asesor en Artes Visuales de la Universidad y sin cuya implicación este trabajo no sería posible-, se llevó a cabo en una doble vertiente: a la elaboración del mural y la exposición de un conjunto de pinturas agrupadas bajo el título de ‘Los desheredados' se une el propósito de conseguir que, como él, los jóvenes "convivan con el arte para que el día de mañana no puedan prescindir de él". Magalhães nació con arte para la pintura, porque la pintura requiere, además de destreza, sensibilidad y de ella está sobrado.
Al volver la vista atrás, aflora en él un sentimiento de nostalgia de lo vivido en Lanús, que quiere que perdure en el tiempo. Por eso, su gusto es que "la gente que pase por delante del mural se acuerde de que yo estuve allí con ellos", concluye.
Un vagón de ferrocarril y un Quijote se entremezclan con la libertad y la sensibilidad que emana de las mujeres pájaro. Son algunos de los símbolos que se muestran en la obra pictórica para unir ambas culturas: el viejo continente en simbiosis con el nuevo; Europa con América, más que enfrentadas, como idea para entender la coexistencia de elementos propios de una y otra forma de vida, fruto del mestizaje.
Así lo quiere el artista, a quien le resulta fácil ponerse en la piel de los habitantes que poblaban América antes de la colonización. Lo suyo es sensibilidad con una cultura "institucionalmente ignorada" que, tímidamente, "reclama sus tierras y su derecho a existir".
Coincidiendo con el 200º aniversario de la revuelta que dio pie al surgimiento del Estado argentino, es el arte el que se hace eco de las reivindicaciones de estos habitantes de la mano de Xavier Magalhães, un pintor con tintes de bohemio siempre dispuesto a volcarse con los más desfavorecidos, especialmente, cuando detrás asoma una cultura milenaria como la amerindia, rica en simbología y de costumbres tan ancestrales como la europea.
Tras un tiempo de convivencia con la población indígena, Magalhães describe a una sociedad que se desarrolla alrededor de los productos típicos de la tierra: patata, batata, zapallos y zapallitos (calabaza y calabacines), chócolo (mazorca de maíz)... Y en ese ambiente se inmiscuye, curioso, el pintor, encantado de dejarse impregnar por estas gentes para plasmar en trazos el resultado de sus observaciones.
‘25 de mayo..., y nosotros estábamos aquí' -en memoria de la ‘Revolución de Mayo' de 1810 en Buenos Aires- es el título elegido para poner nombre al díptico producto de esta experiencia, que quedará para siempre en el Aula Magna de la Universidad de Lanús.
"Se trata -dice Javier Magalhães- de una obra muy pensada para este espacio": el ladrillo rojo de lo que fue una estación de ferrocarril, hoy reconvertida en universidad gracias a la pericia de la rectora Ana Jaramillo, quien "construyó una universidad de una ruina", comenta. Y lo describe como algo encomiable, porque "donde antes sólo había un amasijo de hierros, hoy se imparte cultura", añade.
En uno de los pasillos del Rectorado y sobre un soporte de casi dos metros de alto por casi seis de largo, el pintor va interponiendo colores y entremezclando los elementos de aquí y de allá con una ejecución "vigorosa" que realiza en vivo y en directo.
"Me sentía muy congratulado y muy contento porque lo que estaba realizando iba a quedar allí; iba a ser patrimonio de ellos", confiesa.
Los alumnos circulan alrederor de la obra y siguen su evolución. Inquieren sobre el contenido y eso, para el pintor, es "muy reconfortante", porque es la manera de percibir "si el ambiente es propicio".
Tras esta nueva experiencia, es consciente de que "las nuevas juventudes están muy sensibilizadas" con los derechos de estas culturas, relata Magalhães, quien asegura que recibieron la obra "con enorme sensibilidad". "Han entendido el significado; se han sumergido dentro del proceso creador", apostilla.
Su misión en Lanús, a donde llegó de la mano del también artista y amigo Rubén Borré -asesor en Artes Visuales de la Universidad y sin cuya implicación este trabajo no sería posible-, se llevó a cabo en una doble vertiente: a la elaboración del mural y la exposición de un conjunto de pinturas agrupadas bajo el título de ‘Los desheredados' se une el propósito de conseguir que, como él, los jóvenes "convivan con el arte para que el día de mañana no puedan prescindir de él". Magalhães nació con arte para la pintura, porque la pintura requiere, además de destreza, sensibilidad y de ella está sobrado.
Al volver la vista atrás, aflora en él un sentimiento de nostalgia de lo vivido en Lanús, que quiere que perdure en el tiempo. Por eso, su gusto es que "la gente que pase por delante del mural se acuerde de que yo estuve allí con ellos", concluye.