EEl presidente de Fevega confía en que Trump propicie al país otra “época de oro” como la que vivió el pasado siglo

Manuel Pérez Vidal: “Venezuela va a cambiar de rumbo, pero desmontar el régimen actual corresponde al chavismo”

Venezuela atraviesa una etapa de incertidumbre, a la espera del rumbo que tome el país tras la intervención de Trump –el pasado 3 de enero– que algunos definen como una maniobra de “extracción” de Nicolás Maduro para apartarlo del poder e iniciar así un proceso de cambio. El presidente de la Federación Venezolana de Galicia (Fevega), Manuel Pérez Vidal, se encuentra entre estos y la considera, además, un paso necesario para convertir la República Bolivariana en la nación próspera que fue durante seis décadas del siglo pasado. De ahí que califique la actuación del presidente estadounidense de ejercicio de “liberación” del pueblo venezolano, que “va a ayudar” a abrir una nueva era en uno de los países con mayor potencial económico del mundo, gracias a la riqueza petrolífera que atesora.
Manuel Pérez Vidal: “Venezuela va a cambiar de rumbo, pero desmontar el régimen actual corresponde al chavismo”
Fevega
Fevega, con sede en Vigo, prestó asesoramiento en 2025 a alrededor de 3.000 venezolanos retornados.

Venezuela destapó en 1922 una gran reserva de petróleo en su subsuelo y, desde entonces, y hasta la primera caída del precio del crudo, a finales de la década de los 70 –tras la nacionalización de la industria de los hidrocarburos por el presidente Carlos Andrés Pérez–, los venezolanos “hemos vivido la época de oro” del país, asegura Pérez Vidal. Tanto es así que “podíamos viajar a Miami y todo nos parecía barato”. Mucho más si se hacía la comparación con España, ya que “por el valor de un piso allá, nos comprábamos tres aquí”, asegura.

La circunstancia, corrobora, también repercutió de manera positiva en Galicia, que ha sido “observadora y beneficiaria de esa época dorada de Venezuela, porque los gallegos que se fueron consiguieron trabajo y desarrollaron negocios”.

Entonces, en Venezuela se había llegado a “una sociedad” con “las empresas americanas del petróleo”, porque eran estas las que tenían “la tecnología” para llevar cabo el proceso de extracción y estaban “próximas”. Pero la nacionalización, junto con una nueva depreciación del petróleo a solo 9 o 10 dólares el barril –a lo que se llegó en la segunda etapa de mandato de Rafael Caldera (1994-1999)–, trajo como consecuencia “años muy duros”, ya que, si bien el país “tenía otros ámbitos de negocio, dependía mucho del petróleo”, confirma Pérez Vidal.

El Banco Mundial cifró el índice de pobreza en el país en 1999 –año en el que Hugo Chávez alcanzó el poder en Venezuela–, en el 67% de la población, con el 35% en situación de pobreza extrema. Después de un cuarto de siglo de chavismo, este baremo se ha elevado y un estudio del Observatorio Venezolano de Finanzas (OVF) en relación a 2024 incrementó la pobreza en ese país hasta el 86%, mientras la pobreza extrema, que ese año afectó al 36% de la población, llegó a situarse en algún momento de ese periodo en el 50%.

Llama la atención para el presidente de Fevega que estos datos hagan referencia a “una de las épocas más potentes del precio del petróleo a nivel internacional”, porque cuando “entró Chávez” se llegó a “150 dólares el barril”. El caso es que, durante estos últimos 26 años, “son los cubanos, los iranís, los rusos y los chinos los que se han llevado el beneficio, con la connivencia del chavismo” y eso, atestigua, es algo a lo que Trump quiere poner fin, porque estas “potencias internacionales” se han situado en zonas estratégicas del país, como Los Roques, Margarita o el Amazonas, y se han adueñado de ellas. “Ahora Trump dijo que cada uno tiene que irse para su sitio y no dicen nada”, asegura, y desconfiado, añade: “Algo está pasando ahí”.

Lo que tiene claro es que lo que Venezuela padece de un tiempo a esta parte es reflejo de la hipocresía de estos “personajes nuevos del chavismo; de esos progresistas y socialistas que dicen que van a ayudar al pueblo” cuando lo único que hacen es enriquecerse, a juzgar por lo que se vierte en los medios de comunicación, que estiman la fortuna atesorada por Hugo Chávez “en 5.500 millones de dólares y la de Nicolás Maduro, en 10.000 millones, mientras el pueblo se muere de hambre”, remarca Pérez. Por no hablar de maniobras como la de las “40 maletas de oro” que Delcy Rodríguez desembarcó en Barajas en 2020.

Sobre la actuación de Trump también opina la asesora técnica de Fevega, Ana Sara Lera, quien apuntala la confianza de la población en “un cambio de rumbo”, motivado porque “Estados Unidos no necesita nuestro petróleo”, porque “ellos tienen muchísimo”. Así que, “se van a encargar de comprarlo”, pero también de que “las ganancias repercutan en el pueblo, que es lo que no está haciendo este Gobierno”.

Como demostración de las primeras consecuencias del apresamiento de Maduro, Pérez alude a lo que está ocurriendo con las familias de los presos, que “están protestando y se mantienen firmes a las puertas de la cárcel”. “Esto antes no se podía hacer, porque mandaban a cuatro motorizados y con tres plomazos obligaban a todo el mundo a marchar para su casa”.

No obstante, reconoce que, aunque se están dando pasos y “allá están con mucha esperanza”, esta está siendo “reprimida”, porque no pueden salir a celebrarlo”, ya que, de ser así, “van presos”.

La poca estima por la democracia que ha demostrado Trump en su carrera política no es obstáculo para que Pérez mantenga la confianza en lo bueno que el presidente estadounidense pueda hacer por Venezuela, porque, hasta ahora,“no hemos podido confiar en ningún otro gobierno de ningún otro país”, confirma. A su modo de ver, quien “ha liberado a los presos en Venezuela y el que tiene la hoja de ruta que se ha de cumplir es Trump” y “parece absurdo y fuera de toda lógica, salvo que se hable para tontos”, que haya sido “el señor Zapatero” el que lo hizo.

Sobre la cuestión de fondo, apostilla que la intención de Trump no es “tumbar el Gobierno venezolano ahora, aunque sí quiere que se llegue a eso más tarde”, una vez se acometa el proceso de democratización, que será “lento”, augura, porque “26 años de chavismo son muy difíciles de tumbar” de un plumazo y, además, porque esa tarea de “desmontar’ el régimen corresponde exclusivamente al chavismo, que “es el que lo montó”.

Respecto a los tres nombres que pivotan ahora sobre el tablero de la política en Venezuela –Delcy Rodríguez, Edmundo González y María Teresa Machado– piensa que deberán desempeñar cada uno el papel que le corresponde. Delcy –quien, según apunta, tiene que atender las condiciones de los chavistas por un lado y las de Trump por otro– es la que deberá “manejar la situación” para que Venezuela no derive “en una guerra civil”. Deberá, pues, “estabilizarla, desarmarla y organizarla”, porque, en este momento, “no hay un poder del Estado que no esté dominado íntegramente por el chavismo” y es por eso que son ellos los que tienen que saber cómo actuar para que el proceso se realice en paz. “La gente quiere paz”, remarca.

De María Corina Machado, de quien dice que “está siendo muy prudente”, lo mejor que puede hacer en pro de la paz es “mantenerse en posición prudente”, ya que, en el caso de que accediera al Gobierno, este no duraría “ni una semana”. También considera que debe “ayudar con el proceso de cambio” y, al igual que Edmundo González –ganador de los comicios de julio de 2024–, “someterse a unas elecciones” cuando la situación se normalice.

Una vez concluido el periodo de transición, los chavistas, si se quieren reorganizar, tendrán que constituir un partido político con el que concurrir a las elecciones, porque “los demócratas no podemos ser iguales que ellos y hay que incluirlos”, apostilla Ana Sara. Pero eso será después de “reestructurar el país y de despolitizar los ministerios y los poderes públicos”.

Lo que demuestra la historia del petróleo en Venezuela, según el presidente de Fevega, es que con Estados Unidos explotando el petróleo, “obtuvimos los mejores resultados” económicos y con la nacionalización “comenzó toda la debacle”. Su conclusión es, por tanto, que “el gobierno no puede ser empresario”, porque cuando es una empresa la que desarrolla un proyecto, “paga impuestos y la mitad va para el Estado y este lo tiene que justificar”, pero cuando “es el gobierno el que maneja la ‘empresa’ todo va para su cuenta bancaria, y eso lleva al país a la miseria”.

Si se desmonta el actual régimen, Pérez augura que todo será distinto, porque muchos de los que tenían previsto abandonar el país se lo van a pensar dos veces y, asimismo, muchos de los que están fuera podrían plantearse el retorno, porque es duro, reconoce, establecerse en cualquier otro lugar y, en Venezuela, en este momento, “está todo sin hacer”. Habla de “carreteras, hospitales, telefonía, electricidad, industria...”. En su caso, ya jubilado, tampoco descarta aprovechar los seis meses de frío y lluvia que caracterizan a Galicia en invierno para cambiar de clima y desplazarse a su tierra con el ánimo de disfrutar en la Hermandad Gallega de Caracas de una cerveza fresquita en compañía de los amigos.

“Trump va a hacer lo que no hizo Europa ni la OEA”

La Federación Venezolana de Galicia (Fevega), con sede en Vigo, prestó asesoramiento en 2025 a alrededor de 3.000 venezolanos retornados gracias a un plan específico para orientar a los que, al menos, hasta ahora, llegaba en masa a la comunidad autónoma, huyendo de las políticas del ‘chavismo’. Alrededor de 20.000 fueron atendidas merced a este plan, pero en la Federación esperan que la corriente revierta con el paso de los meses, si Venezuela, como esperan, consigue encauzar el rumbo hacia la democracia.

La asesora técnica de Fevega, Ana Sara Lera, se mantiene entre los defensores de la actuación en Venezuela para sacar del país a Maduro, que, califica de “extracción” y no de “intervención”, ya que esto supondría que “se queden militares y tanques” en el país, cosa que no sucedió.

A su entender, “Trump va a ayudar” y va a hacer “lo que no ha hecho la comunidad europea ni la OEA”. “¿Qué va a sacar beneficio?, no importa, para nosotros es bueno”, asegura, confiada en lo que vivió antes de la nacionalización del petróleo y la llegada del chavismo.

Residente en Vigo, esta venezolana que lleva más de 30 años en Galicia discrepa de los españoles que reniegan de la actuación de Trump. “A mí me encantaría que fueran a Venezuela y vieran las calles. Es un país petrolero y están todas llenas de agujeros, y las casas filtran agua, porque no hay dinero para arreglarlas”. La falta de libertad y las represalias también es una realidad, denuncia, porque allá “te meten presa por cualquier cosa” con la excusa de “traicionar a la patria”. Sobre los presos políticos, dice que no sueltan más porque “están en tan mal estado que no los pueden sacar así”.