Magalhães exhibe en la Universidad de Lanús su visión de ‘Los desheredados’
Pueblos y culturas autóctonas que “hoy en día están siendo erradicados y marginados”. A ellos quiere rendir homenaje el pintor gallego Xavier Magalhães con una colección de cuadros que agrupa bajo el título ‘Los desheredados’ y que se muestran por primera vez al público a partir del próximo 15 de junio en la Universidad Nacional de Lanús (Argentina). Se trata de 50 trabajos con técnica mixta –papel, tela, pintura– en los que todo gira alrededor de la historia de la mujer, inspirándose en la cultura magdaleniense (15.000 a. C.) que, en el arte, se caracteriza por la búsqueda de una tercera dimensión.
Mujeres capaces de asomarse a la ventana de un velo que censura al mundo, mujeres en estado de gestación que simbolizan la vida, mujeres amantes, sufrientes...; mujeres de “pueblos y etnias que no están siendo respetados en sus costumbres”. De todas ellas se vale Xavier Magalhães para crear. De las primeras, para reivindicar el papel de la mujer en el universo; de las segundas, para invocar el reconocimiento de la cultura autóctona de los pueblos que se han visto desplazados, arrinconados, “desheredados” por otras culturas que silencian, y casi desprecian, sus orígenes.
Todas ellas están reflejadas en su colección de tablillas, agrupadas en ocho bloques en función de la temática, que el artista somete por primera vez al análisis del público. Y lo hace en un escenario alejado de su tierra, porque “si no sales y te mezclas, no hay bagaje; si no dejas que la vida te traspase y si vas como un implemeable, no vives”, asegura.
Por eso, no le importa demasiado que en Galicia sólo haya hueco para algunos renombrados. Lo suyo es pintar y de buena gana atiende a la llamada de los amigos cuando le proponen cualquier iniciativa. La de Lanús responde al requerimiento del también pintor y asesor de Artes Visuales en la mencionada Universidad, Rubén Borré, con quien, dice, tiene una especial “conexión, como amigo y pintor”. “Nuestra filosofía es llamar a las cosas por su nombre”, asegura. De ahí la buena compenetración entre ambos, que viene de más de 30 años atrás. “La culpa la tiene Laxeiro”, asegura Magalhães, quien se inició en el arte de la pintura de la mano del genio de Lalín.
Después de año y medio trabajando para atender a la propuesta, la semana que viene descubre su escaparate ante los 15.000 universitarios matriculados en Lanús que deseen pasarse por la ‘Sala Hernández Arregui’, y lo hace confiado, porque lo que pinta es lo que lleva dentro.
“Cuando haces una muestra, expones tus inquietudes a través de tu trabajo”. “Creas para enseñar, a través de los demás, tu mundo interior”, dice. Es por eso que, tal vez este ‘pintor de las emociones’ no necesite aprobación, tan sólo ser contemplado y entendido.
Su viaje a esta ciudad de la provincia de Buenos Aires no será sólo para mostrar su obra. También va a trabajar, y durante los días que dure la exposición en Lanús tiene previsto confeccionar, en ese mismo escenario, un mural de 12 por 14 metros –“va a ser la estrella de la exposición”, asegura– con idéntica temática que la desarrollada para esta cita.
Galería ‘Raíces’
La estancia de Xavier Magalhães en Argentina, que se prolongará durante algo más de un mes, tiene una doble vertiente, ya que, además de esta exposición en la Universidad de Lanús, también está programada otra conjunta con su amigo Rubén Borré, en la galería ‘Raíces Americanas’, de Buenos Aires, que se inaugurará a principios del mes de julio. Bajo el título ‘Dos orillas para un mismo mar’, ambos artistas reivindican su reencuentro tras años de añorada ausencia plástica.
Además de a sus mujeres, Magalhães lleva a Argentina otras creaciones que dicen le cosas de su vida, de su infancia, de su familia. Es por eso que la galería ‘Raíces’ acogerá un total de 15 variaciones serigráficas sobre ‘Girofflé’, aquel gato de su abuela que se caracterizaba por su porte elegante y distinguido y al que se ha decidido a dar forma con trazos largos y enigmáticos, como los que imperan en su obra, llena de colores, “con el único objetivo –dice– de obtener alegría”.
La “anécdota” siempre está presente en los trabajos de este autor, que prefiere reflejar “los sentimientos con sencillez y humildad”. Por eso “las emociones son la atmósfera” que “envuelve y anima” a sus personajes (“maniquíes”, como él los llama). Y aunque la primera lectura es a veces “engañosa”, poco a poco “va dejando caer los velos para mostrar la inocencia con que fueron concebidos”, concluye.