JOSÉ MANUEL CASTELAO BRAGAÑA, DIRECTOR GERENTE DE LA FUNDACIÓN GALICIA EMIGRACIÓN

“A los gallegos los convencieron de que todo lo que viene del exterior tiene cierto tufo de duda”

A pocos meses de haber concluido su mandato como diputado del Parlamento gallego, José Manuel Castelao Bragaña hace un balance de su gestión y apuesta porque la emigración esté en los órganos de toma de decisiones. A este respecto, se mostró partidario de que haya diputados provenientes de la emigración, sean del partido que sean.
“A los gallegos los convencieron de que todo lo que viene del exterior tiene cierto tufo de duda”
 Manuel Castelao Bragaña, director gerente de la Fundación Galicia Emigración.
Manuel Castelao Bragaña, director gerente de la Fundación Galicia Emigración.
A pocos meses de haber concluido su mandato como diputado del Parlamento gallego, José Manuel Castelao Bragaña hizo un balance de su gestión.
Pregunta. ¿Qué balance hace tras su paso por el Parlamento gallego?
Respuesta. En primer lugar estoy tranquilo por el trabajo porque entregué todo lo que pude. La gestión en el Parlamento fue una de las etapas más bonitas de mi vida y, si algo me preocupa, es que en este parlamento no haya una voz de la emigración, sea quien fuere.
Pienso que la emigración siempre ha ido evolucionando. Nosotros pasamos de ser un número a ser gente con derechos que culminan jurídicamente en el Estatuto de la Ciudadanía Española en el Exterior. Un estatuto que es un compendio de buena voluntad pero que necesita todavía un desarrollo. Muchas de las cosas magníficas que allí están escritas, si no se desarrollan, son apenas derechos de papeles.
P. ¿No percibe cierta desilusión en el colectivo gallego de Argentina que parece sentir que el discurso de los políticos cuando visitan la diáspora es uno y que en Galicia es otro?
R. Sobre esto, creo que hay que condenar a los hablan lo que no deben hablar y, lo que es más grave todavía, que lo hacen explotando una necesidad. A la gente primero hay que hablarle con la verdad y ésta tiene que ser mucho más exigida cuando hay expectativas. No se deben crear falsas ilusiones cuando se sabe de antemano que no se va a cumplir.
P. ¿Qué habría que hacer para subsanar esta situación?
R. Yo creo que el futuro pasa por un mayor acercamiento y un mayor conocimiento de la realidad de la diáspora y de Galicia y de su verdadero sentir hacia la emigración.
Yo no estoy convencido de que la sociedad española y la gallega esté absolutamente consustanciada con la gente que está afuera y lo divido en dos planos: el político y el social. En lo social es fácil lograr que la comunidad española y la gallega se solidaricen con la gente que está afuera y que atraviesa necesidades porque el pueblo español es solidario. Lo que yo veo más lejano es el planteo político. Creo que se hace un manejo de las cosas no acertado y que hubo un interés social, de los medios, o no sé, que de alguna manera fue desprestigiando el poder del voto. Hoy, muchos –aunque no se atrevan a decirlo– no lo miran con buenos ojos y eso no es bueno.
P. ¿Qué solución se le puede dar?
R. Lo primero que hay que hacer es ser sinceros. Yo creo que si hasta ahora no hemos evolucionado al concretar el voto del exterior de otra manera no fue por las dificultades técnicas, ni económicas del voto, sino porque no había una verdadera voluntad política de hacerlo.
No estoy absolutamente convencido que el sentir de mucha gente sea que nosotros, los emigrantes, tengamos participación activa en la vida política de España. Ese es el gran tema. Creo que alguna vez habrá que sincerizarse y decir la verdad ¿Qué quiere España de sus ciudadanos en el exterior y cómo quieren que se ejerciten esos derechos?
Alguien me podrá decir que están todos los derechos reconocidos. Sí, están casi todos, pero cuando el derecho se ejerce mal, deja de ser derecho y además se termina cuestionando, que es lo que pasa con el tema del voto de la emigración.
P. ¿Considera que están dadas las condiciones para ese sinceramiento?
R. Yo creo que están dadas la condiciones de abrir este debate, pero sin la suficiente información. A la sociedad gallega ya la han convencido de que todo lo que viene del exterior por lo menos tiene un cierto tufo de duda y ya no digamos más. Entonces lo que hay que hacer es implementar sistemas que ofrezcan seguridad a la gente. Porque el día que el que está en Galicia sepa que el que votó afuera lo hizo con todas las garantías, aunque no le guste mucho, va a tener que aguantárselo. Pero en tanto tenga un resquicio, y tiene razón en ese aspecto, para decir que ese voto no es transparente como el de él, lo va a cuestionar. Porque hay algo que el pueblo gallego no tolera y es que le impongan, con los votos del exterior, un gobierno determinado, del signo político que fuere.
P. ¿Continúa pensando que el modelo italiano de voto es el mejor para los ciudadanos españoles que residen en el exterior?
R. Yo lo defendí mucho, pero en este momento tengo serias dudas, porque si hoy no aceptamos el resultado en función de los votos del exterior qué va a pasar el día que tengamos una circunscripción electoral que defina el destino de España –muy difícil– o de Galicia  –no tan difícil–. Eso sería la de Dios. Lo primero que tenemos que hacer es concienciarnos que somos parte de algo y que tenemos los mismo derechos que ellos; asumir que el voto del emigrante puede decidir igual que el del ciudadano que no emigró de Galicia, pero repito, si es un voto transparente y claro, sin discusiones.
Por otra parte, me preocupa que el voto en el modelo italiano se emita por correo porque eso ha dado lugar a bastantes problemas. En todo caso hablo, sí, del modelo italiano pero con voto en urna o por correo pero con las mismas garantías que tiene el voto por correo en España.
P. ¿Cuál debería ser, a su criterio, la relación de la ciudadanía en el exterior con Galicia y viceversa?
R. Yo sostengo que la emigración tiene que participar en los órganos de dirección de Galicia, si es que realmente nos queremos integrar. No tenemos que formar parte solamente de aquellos oganismos que distribuyen pasajes, pensiones. Eso está muy bien, pero además hay que estar donde se toman decisiones políticas. Mientras nosotros no formemos parte de esos organismos no habrá una verdadera igualdad. Entonces habrá que tratar de que haya más diputados de la emigración en la Cámara de Diputados, Castelao o el que fuere. Ni siquiera digo que tendrían que ser de un partido o de otro. Tampoco estoy poniendo en tela de juicio las bondades de los diputados elegidos allí. Pero yo no podría hablar de una zona de Lugo o de A Coruña con la misma autoridad que habla un diputado proveniente de ella y con el mismo respeto lo digo de un diputado que no sabe lo que es emigrar. Puede tener el conocimiento, pero le faltará la vivencia, que es una cosa importante porque en todos los temas de la emigración el sentimiento juega un papel que muchos no quieren reconocer, pero que es fundamental, el identificarse con el pensamiento y el sentimiento.
P. ¿Cuáles son sus proyectos para la Fundación Galicia Emigración?
R. Acabo de asumir el cargo hace apenas unos días y todavía no estoy en condiciones de adelantar nada al respecto. Sí puedo decir que para que las cosas mejoren tienen que trabajar todos, decididamente, y que para conseguir mayor transparencia lo primero que hay que hacer es cambiar el sistema. Mientras hablemos y no hagamos cosas, seguiremos igual.