La Fundación Galicia Emigración formaliza su acuerdo de extinción
El Patronato de la Fundación Galicia Emigración formalizó el acuerdo de extinción de la entidad, una decisión que se enmarca en el plan de racionalización de los entes dependientes del Gobierno Gallego, aprobado por el Consello de la Xunta el pasado 22 de abril.
Santiago Camba, presidente de la Fundación y secretario xeral de Emigración, explicó que la decisión está motivada por las dificultades derivadas del actual contexto socioeconómico, que impiden a la Xunta de Galicia continuar dotando de recursos a la Fundación y, en consecuencia, cumplir los fines fundacionales. A esto se añade la reducción, a lo largo de los últimos años, de las aportaciones económicas por parte de los patrones privados de la Fundación Galicia Emigración, aportaciones que a día de hoy son insuficientes.
Las funciones que realizaba la Fundación serán asumidas por la Secretaría Xeral de Emigración, lo que supone un importante ahorro de gastos de funcionamiento, manteniéndose el cumplimiento de los fines que tiene encomendados la Fundación.
La toma del acuerdo de extinción adoptado hoy determinará el comienzo de las operaciones de liquidación. No obstante, la Fundación Galicia Emigración seguirá desarrollando los programas y cursos ya iniciados, y que está previsto rematen en el próximo mes de noviembre.
El presidente de la Fundación manifestó su agradecimiento por el apoyo que, en todo momento, recibió la institución por parte de las entidades tanto públicas como personales que están integradas en su Patronato, así como de la asamblea de colaboradores, y que en conjunto hicieron posible el desarrollo de los fines de la Fundación desde abril de 2002.
“Una brillante idea” en su momento
El director de la Fundación, José Manuel Castelao Bragaña, considera que la creación del organismo –durante el último mandato de Manuel Fraga en la Xunta y con Aurelio Miras Portugal como conselleiro de Emigración–, “fue una brillante idea”, para responder a la situación de emergencia que se desató entre los años 2000 y 2001 en algunos países de Hispanoamérica, especialmente en Argentina, donde se registra una importante presencia de gallegos emigrados.
No obstante, reprochó al bipartito que fueran los primeros en reducir el presupuesto de la Fundación –de 1.300.000 a 1.000.000 de euros– en un periodo en el que todavía no se dejaban sentir las consecuencias de la crisis económica. “En aquel momento me quejé y les dije que le restaban fondos a quien menos tenía”, lo que demuestra que “la Fundación no les preocupaba demasiado”, asegura Castelao, para quien “hay gente a la que no le interesa nada lo relacionado con la emigración”.
En la actualidad, con una crisis económica como la que atraviesa el país, y que repercute indefectiblemente en los presupuestos de las comunidades autónomas, reconoce que “no se pueden cumplir los objetivos” fundacionales en lo que respecta a la aportación de recursos por parte de la Administración, motivo por el que el actual Gobierno gallego ha optado por su desaparición.
Durante el tiempo que ha permanecido al frente del organismo –poco más de un año–, Castelao Bragaña ha realizado una intensa labor visitando empresas para tratar de ampliar las aportaciones a la Fundación, lo que le permitió constatar la falta de iniciativa del anterior equipo de Gobierno –sobre todo, durante la última etapa del bipartito–, para impulsar un organismo que nació con el objetivo de complementar la labor del departamento de Emigración de la Xunta en lo que respecta a la atención social y sanitaria de los gallegos en el exterior.
Durante el contacto con los empresarios, se ha dado el caso de alguno que se ofreció a pagar el retorno de cualquier gallego pobre que tuviera la intención firme de regresar a su tierra, asegura Castelao, quien lamenta que, debido a la situación actual, no se pudiera “seguir” trabajando en esa dirección.
La Fundación cuenta con nueve trabajadores para los que Castelao “desea lo mejor”. “Yo tengo mi despacho en Argentina o puedo quedarme en Galicia sin hacer actividades”, dice, respecto a su futuro. No obstante, le gustaría que los trabajadores fuesen recolocados en otro departamento. “Pero –lamenta– eso no depende de mí”.