La dramaturga gallega participó en la Feria del Libro de Fráncfort

Esther F. Carrodeguas considera que el teatro podría cambiar el mundo si se acercase a las escuelas

Esther F. Carrodeguas es graduada en Dirección y Dramaturgia por la ESAD (Escola Superior de Arte Dramática) de Galicia y licenciada en periodismo. La dramaturga, escritora, actriz, periodista y directora teatral de 43 años y natural de Rianxo, es una polifacética mujer, artista multidisciplinar, amante de la cultura en todas sus vertientes, pero con gran debilidad por el vanguardismo. Con motivo de la celebración de la Feria del Libro de Fráncfort, en la que este año ha sido España el país de honor, ha viajado a la ciudad para participar en una mesa redonda y dar visibilidad a un sector, quizás menos visible, en un evento de estas características.

Esther F. Carrodeguas considera que el teatro podría cambiar el mundo si se acercase a las escuelas
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Esther F. Carrodeguas, en un momento de su intervención.

Pregunta. ¿Cómo se definiría Esther F. Carrodeguas?

Respuesta. Pues brevemente, me definiría como una tipa de Rianxo que para entender el mundo tiene que pasarlo por la ‘peneira’ de la creación.

P. ¿Cuándo finaliza la artista y comienza la auténtica personalidad de Esther?

R. Curiosamente esto va variando a lo largo de mi existencia, fluye, confluye y se aleja, a veces depende del día. Pienso que cada vez más lo que escribo tiende a reflejar más lo que yo soy, porque me permito ser, creativamente, como yo soy por dentro e incluso como soy en la intimidad. Pero también tengo una tendencia a querer separar las dos facetas para poder tener una vida personal, una Esther que está en casa tranquilamente haciendo un sofrito o tirada en el sofá frente a una Carrodeguas que hace entrevistas, por poner un ejemplo.

P. ¿Cuál o quién es la fuente de inspiración de sus obras?

R. Normalmente son cosas que me impactan, que me interesan, que me abrieron por dentro o me generan muchísima curiosidad. Cuando algo me interesa, abordo una investigación de carácter periodístico que finaliza no en un reportaje sino en una pieza para teatro. Todo tiene que ver con mi curiosidad y mi asombro ante un mundo que, sinceramente, jamás comprendí y cada vez comprendo menos. Tengo también, o me parece, un fuerte interés por la gente que está dentro de lo corriente y que no suelen estar dentro de la Historia con mayúsculas. Soy más de escribir sobre empleadas del hogar que sobre reinas.

P. ¿Por qué le atrae tanto el vanguardismo?

R. Las vanguardias históricas siguen pareciéndome el momento creativo más interesante a nivel histórico. Todo tiene que ver, justamente, con la ruptura entre lo de arriba y lo de abajo. Digamos que me interesa ese momento en el que un WC se consolida como arte; el momento en el que se venden latas de montones de mierda en un determinado ambiente y son ARTE. Ese cambio de paradigma tiene que ver con mi pensamiento vital. No encuentro nada mejor para insertar dentro del ‘arte’ (algo que tendemos a pretender que esté ‘por encima’ de lo cotidiano) que lo cotidiano mismo. De alguna manera, aún me parece rompedor. Está en la base de mi pensamiento cómico, ese lugar. Da juego. Y el teatro, nunca dejó de ser juego.

P.  ¿En qué situación se encuentra el teatro tanto a nivel nacional como internacional?

R. ¡Vaya pregunta! Pues pienso que tanto a nivel nacional, en Galicia, como a nivel estatal, si hablamos de España, el teatro está viviendo un momento bastante dulce, por lo menos en lo que respecta al campo dramatúrgico. No hay demasiada sorpresa histórica en esto, ya que suele pasar que la creatividad emerge en momentos de crisis y, justamente una buena parte de la dramaturgia (la huella a las letras) es bastante barata de hacer: se puede desarrollar sencillamente en momentos de crisis. A nivel empresarial podemos ver esa misma jugada desde otra perspectiva, porque hay menos gira, una economía más pobre y esto hace a las empresas (y por desgracia en España tener una compañía de teatro implica tener una empresa) arriesgar menos. El riesgo se aborda en proyectos más pequeños que no generan impacto. A nivel internacional, solo puedo decir que el mundo es muy grande, y yo, muy pequeña.

P. ¿Se puede cambiar el mundo a través del teatro?

R. Me gusta pensar que sí. No pienso que esto sea radicalmente cierto, pero sí pienso que siempre hay cosas que cambian. Yo vine o viví como el teatro cambiaba mi propia vida, y también la de otras personas que me acompañan en el camino. El mundo cambia queramos o no, y todo grano de arena suma para la playa. Y si me preguntas cómo podría cambiar verdaderamente el mundo gracias al teatro, tengo la respuesta: permitiendo que el teatro entre en las escuelas.

P. ¿Es la primera vez que visita o participa en la Feria Internacional del Libro de Fráncfort?

R.

P. ¿Cómo se sientes al ser una de las seleccionadas para representar este sector?

R. Absolutamente afortunada. Yo soy una dramaturga con pocos años de trayectoria y no tantas obras en mi palmarés. Además, casi el 100% de mi trabajo literario está en gallego. Fue una sorpresa enormemente grata poder venir a representar no solo la dramaturgia española sino también, o sobre todo, a la gallega. Y, por supuesto, una responsabilidad.

P. ¿Con qué propuesta y con qué idea aterrizó en este evento?

R. Vinimos a compartir un poco el panorama de la dramaturgia contemporánea en todo el estado, en una mesa en la que se presentaba el número 4 de la revista Dramática del Centro Dramático Nacional (CDN), dedicada a la dramaturgia española contemporánea. Moderaba Álvaro Vicente y compartimos experiencias Joan Yago, María Goicelaya y Alfredo Sanzol. Una gallega, un catalán, una vasca y un navarro. Pienso que, gracias a esta perspectiva completamente periférica, fuimos capaces de mostrar tanto la maravillosa riqueza como las limitaciones que las fronteras físicas, psicológicas y administrativas generan sobre el mundo, en este caso, de la creación. Fue una mesa muy política tanto en la forma, como en el fondo. El teatro es pura fuerza política, eso creo. En lo concreto, hablé también de la pieza que incluye esta revista, ‘Supernormais’, una pieza estrenada por el CDN la pasada temporada y que habla de la sexualidad de las personas con discapacidad o diversidad funcional de una manera bastante amplia y en tono de tragicomedia muy muy negra. Personalmente, vine a defender que para mí, el sistema teatral gallego, tanto a nivel literario como

a nivel empresarial (desde mi compañía ButacaZero, que comparto con Xavier Castañar) fue quien sustentó y permitió crecer mi creatividad. Esas son mis raíces, lo que me une a la tierra, del que bebo y mamo, y lo que me hace crecer. Además, yo soy una dramaturga del pueblo. Escribo por y para el pueblo: ese pueblo que me vio nacer y que es quien me concede día a día más recursos dramatúrgicos.

P. ¿Con qué reflexión se has ido de la pequeña Manhattan germana?

R. Pues me quedé con la idea de lo grande que es el mundo. Lo impresionante que son los ‘skylines’ que en mi tierra no existen. Me quedé con la cantidad de personas interesantes que se cruzan en un evento como éste. Con las grandes mujeres y grandes conversaciones que tuve el placer de vivir en los 3 días germanos. Fue una experiencia que sé que dará sus frutos. Fui a Fráncfort como quien va a comprar semilla y se va con el bolsillo lleno para la casa, con ganas de remover tierra, plantar, regar, y esperar que nazca. Me siento, como dije al inicio, muy agradecida.

P. ¿Están las letras y la cultura representadas cómo se merecen en un evento de estas características?

R. Es muy difícil responder a esta pregunta. Yo misma, cuando vi la poca cantidad de dramaturgas que había en la feria, me preguntaba si era yo la persona más adecuada para estar en un evento de estas características. En una iniciativa como esta se mueven muchas tensiones entre instituciones y empresas difíciles de controlar. No me siento capacitada para responder a nivel profundo. Quizás lo único que puedo decir es que eché en falta gente joven, no consolidada. Hablaba antes del riesgo. Poco riesgo.

P. ¿Reciben el apoyo necesario para atravesar las fronteras del mundo?

R. Aquí sí que pienso que el apoyo resulta claramente escaso. A mí me está costando conseguir traducir textos para que puedan volar. Hay ayudas, no se trata de desestimar lo que hay, y muchas veces somos nosotras mismas las que no las conocemos, o no tenemos tiempo para gestionarlas, pero en todo caso, pienso que son escasas y que muchas veces no están adaptadas a las necesidades concretas de cada género, en mi caso el teatro.

¿Qué vías sencillas puedo tener yo para que personas que hacen teatro fuera

de mis fronteras conozcan lo que yo hago? No es una pregunta retórica, es real. Quien tenga respuestas claras, que me las diga, por favor!

Esther F. Carrodeguas considera que el teatro podría cambiar el mundo si se acercase a las escuelas