El Centro Asturiano de Shanghai acaba de obtener el reconocimiento de la Asturianía

Los nuevos emigrantes crean centros con estructuras más flexibles

Las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y el elevado coste de los precios de los alquileres en Shanghai hacen que el Centro Asturiano de esta ciudad china no tenga una estructura tradicional. “En Shanghai cualquier estructura tiene un coste muy alto”, asegura Eduardo García Jul, presidente del Centro Asturiano de Shanghai, quien explica que el Centro lo constituyen un grupo de “unas 40 personas que nos juntamos cada dos o tres meses y luego en grupos más pequeños nos juntamos más a menudo”.

Los nuevos emigrantes crean centros con estructuras más flexibles

Las posibilidades que ofrecen las nuevas tecnologías y el elevado coste de los precios de los alquileres en Shanghai hacen que el Centro Asturiano de esta ciudad china no tenga una estructura tradicional. “En Shanghai cualquier estructura tiene un coste muy alto”, asegura Eduardo García Jul, presidente del Centro Asturiano de Shanghai, quien explica que el Centro lo constituyen un grupo de “unas 40 personas que nos juntamos cada dos o tres meses y luego en grupos más pequeños nos juntamos más a menudo”. “No tenemos un censo de socios como tal”, explica García Jul, quien comenta que el Centro está compuesto por gente joven, “muchos de menos de 30 años”, y se organizan a través del correo electrónico.

Han cambiado la forma de organizarse pero los objetivos, no. Este Centro Asturiano tiene el mismo objetivo que históricamente han tenido estas instituciones: Acoger y ayudar a los asturianos que llegan a China. “Cada vez viene más gente a abrirse camino y nosotros tratamos de orientar un poco a la gente que llega porque China es un país complicado”, explica el presidente de esta institución que recientemente obtuvo, junto con la Asociación Amigos de Moreda y Llanes, de Bruselas, el reconocimiento de la Asturianía. “En el día a día –dice García Jul– este reconocimiento no supone nada porque nosotros seguimos costeando todos los gastos, pero nos hace sentir que se nos tiene en cuenta” y es un “reconocimiento a las dificultades que supone estar fuera”. “A partir de 2010 empezamos a mover el proyecto para que se nos reconociese la Asturianía pero con los cambios políticos en el Gobierno de Asturias se complicaron las cosas y hasta ahora no lo pudimos tener”, explica Eduardo García.

Otros de los objetivos de esta institución son identificar y propiciar oportunidades de negocio para las empresas asturianas y dar a conocer Asturias en China y por eso en muchas de las comidas que organizan invitan a chinos y españoles de otras provincias. “Intentamos dar a conocer Asturias y en muchas comidas llevamos sidra y libros para que conozcan esta parte de España”, asegura el presidente del Centro, quien reconoce que conoce gente que cuando fue a España estuvo en Madrid y Barcelona, “que es lo que suena más, pero dejaron unos días para ir a Asturias”.

La vuelta, “un poco más lejos”

Eduardo García Jul llegó en 2003 a Shanghai para trabajar en la Oficina Comercial del Consulado con una beca del Instituto Económico del Principado de Asturias. Esta beca le dio la oportunidad de conocer el mercado chino de manera global y, al acabar, buscar otro trabajo. “Antes había unas condiciones muy interesantes para los españoles que veníamos a trabajar a China pero ahora las cosas han cambiado”. Vienen recién licenciados o becarios en “peores condiciones laborales” y “es muy triste”.

“Hay gente que en España ve el futuro muy negro e intenta sacar provecho de experiencias atípicas para ver si pueden tener una ventaja competitiva”, comenta García Jul, que asegura que cada vez “la vuelta la vemos un poco más lejos” por la situación que se vive en España. Una situación que también afecta al colectivo de españoles que trabajan en China pero en empresas españolas, ya que “ahora en China se cuestiona la solvencia de las empresas españolas. Si va una empresa española a comprar algo ahora le preguntan si de verdad lo va a poder pagar luego”.

El presidente del Centro Asturiano de Shanghai reconoce que también ha cambiado el acogimiento que en China se le da a los trabajadores de fuera. “Desde principios de los 90 hasta la Expo de Shanghai la gente que veníamos éramos todos una inmigración de lujo: empresarios con dinero y profesionales cualificados”, explica García Jul, quien reconoce que “ahora China está empezando a cerrar sus puertas porque no les interesa que venga gente”. “No les interesa –explica– mano de obra si no gente que añada. Ahora ellos son cada vez más competitivos porque se han formado mucho”.

Los nuevos emigrantes crean centros con estructuras más flexibles